Hay trabajos y trabajos

En ocasiones, y es algo que nos ha pasado a todos, vemos en el supermercado un producto que compraríamos pero que al ver el precio, lo volvemos a dejar en la estantería. Consideramos que es caro y no lo compramos. Pero hay veces que, por casualidad o no, tenemos la oportunidad de ver su proceso hasta que llega a nuestras manos, y es entonces cuando ya no lo vemos tan caro.

El otro día estaba viendo un programa de esos que te cuentan cosas en las que nunca pensamos; trabajos que no has caído nunca en la cuenta que existieran.

El programa entró en una fábrica de conservas de anchoas. Al decir "fábrica" automáticamente todos pensamos en un edificio enorme y lleno de máquinas y empleados. Y no siempre es así. En este caso era una especie de lugar lleno de locales internos (tres o cuatro... no creo que hubiera muchos más), donde en cada uno de ellos había algo menos de doce personas, debidamente uniformadas (incluso con gorros), haciendo lo que nos querían mostrar: el proceso de envasar anchoas, en concreto en esos frasquitos de cristal con tapa que todos hemos visto en cualquier estantería del super.

Lo primero que me llamó la atención fue comprobar que a pesar de lo escrupulosos uniformes, nadie llevaba guantes. Luego entendí por qué y el que estaba justificado.

Todo mujeres que se encontraban limpiando boquerones, quitándoles las espinas, separando los dos lomos y poniéndolos en unas bandejas donde eran enjuagados. Después se escurrían y por último se introducían, los más grandes y lomo a lomo en su tarrito correspondiente. Las más pequeñas iban a las latas de conserva.

Lo sorprendente es que la mayoría de esas mujeres llevaban más de 20 años haciendo ese mismo trabajo, e incluso algunas de ellas contaban que "habían heredado el puesto" de sus madres. Y eso 8 horas diarias. Hay que parar, pensarlo... y sobrecogerse: día tras día y durante muchos años limpiando y separando las anchoas.

Por eso era imposible que llevaran guantes: porque destrozarían el producto. Y absolutamente todo el proceso es manual... algo que no tiene precio.

Todo el santo día con las manos húmedas y pringadas de boquerón. Pensadlo.

Luego llegar al super, coges el tarrito, ves que cuestan dos euros con algo y lo vuelves a dejar porque te dices a tí mismo: huy, qué caro!!!. Incluso no importa lo buenísimas que están (muy diferentes por cierto a las de las latas).

Todo mi respeto a esas mujeres y el tipo de trabajo que hacen.



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