Alguna que otra vez

Alguna vez, de esos días que una tiene lo que tiene, he pensado en algo que seguramente sonará a tontería subliminal pero es que la mente, cuando se desparrama, tiene esas cosas.

Si yo fuera famosa... pero famosa de salir en todos los programas "del corazón", esos programas que nadie ve nunca (como el "Saber y Ganar" de Jordi Hurtado) pero que todo el mundo comenta, y tuviera por tanto dinero... con tener más del que tengo ahora, ya sería tener. Imagino (por imaginar que no quede) a algunos de mi lejana familia, esa que ni está ni se le espera, yendo a algún que otro programa a contar cosas que ni saben porque al ser humano le gusta presumir que sabe; o a esos amores perdidos en el tiempo yendo a decir que una vez tuvieron algo conmigo y contando cómo era yo... en la cocina, en el baño... en la cama...

Incluso viniendo en procesión los domingos para sacarme a pasear y tomar el sol, cual perrito que se precie, porque claro: hay que ganarse la herencia.

Imagino, y por imaginar que no quede, lo que sería encender el televisor y encontrarte de pronto con que gente con la que no hablas desde hace siglos, destripa tu vida ante todos, jurando y perjurando que era tu amiga del alma o el amor de tu vida, como si fuera tan sencillo saber qué pensabas o qué llorabas. Gente que posiblemente si se cruza en la calle contigo ni te reconozca porque has cambiado tanto... como ellos, sólo que "ellos" no se miran.

Sería genial (léase el cinismo), ver en la tele a primos, hermano, incluso algún que otro sobrino en ese pequeño aparato donde al parecer lo sabido y lo inventado se cobra sin importar el daño, y donde la vergüenza del abandono se olvida.

Y sobre todo sería impresionante (sigue el cinismo) ver a esos exs, con los ojos brillantes y el temblor emocionado en los labios, contando cuánto te quisieron y que fuiste la mujer de su vida, olvidando contar cómo te dejaron y sobre todo cuándo. Pero claro, lo último no interesaría.

Y todo eso si yo fuera famosa y tuviera dinero.

Por imaginar que no quede.

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