Cinco años que me operaron de cáncer

El 1 de agosto del 2011 me operaron de cáncer, por eso hoy hace cinco años de aquello. Parece mentira, cinco años ya... y lo recuerdo con tanta claridad, con tanta intensidad...

No tenía miedo, sí preocupación, mucha, pero miedo no. No sabía si me quitarían el pecho, no sabía si saldría de aquel quirófano, pero aún así recuerdo que no tenía miedo. Creo que todo el pánico se condensó el día que oficialmente me dijeron que era cáncer; posiblemente por eso aquel día no lo tenía.

Recuerdo absolutamente todos los detalles de aquel día: todo lo que se me dijo, lo que no; quién estaba, quién no. Casi puedo tocar a la patóloga que me iba a operar diciéndome que todo saldría bien y yo la miraba sabiendo que todo estaba en sus manos, mientras la anestesista me inyectaba la anestesia. Qué soledad tan absoluta hay cuando el camillero te deja en la antesala del quirófano, tendida en la camilla: sólo tú y tus pensamientos.

La noche antes, la misma pero cinco años antes de la que estoy escribiendo, no pude dormir. Dos meses antes había dejado a mi madre, ya con un alzheimer muy avanzado con mi hermano; mi ex pareja había vuelto conmigo unos días antes y yo dejaba lo que eran mis cosas en orden... por si acaso. Estaba en paz conmigo y con el mundo. Creo que nunca me he sentido de aquella forma.

Antes de la operación lo había preguntado todo, y cuando digo todo... es todo. Había dudas sobre algunas cosas -dudas médicas- sobre si habría o no que quitar el pecho (mi cáncer era de mama), pero lo que sí se sabía es que había metástasis. Es más, se me llegó a plantear que dependiendo de dónde había llegado el mal, a lo mejor había que hacerle posteriormente algo al brazo; recuerdo que cuando mi patóloga me comentó lo del brazo, una semana antes de la operación, sentí que ya no podían pasar más cosas. Qué ilusa era!.

La operación fue bien, incluso mejor de lo previsto. No hubo que quitar la mama, aunque ahora (sonrío escribiéndolo) tengo un pecho tamaño 100 y otro del 75. Al brazo tampoco hubo que hacerle nada después, aunque sí es cierto que se me ha quedado bastante limitado y hay cosas que ya no puedo hacer. Pero lo tengo, el uno y el otro así que no puedo quejarme.

Siempre que llega el 1 de agosto pienso en lo que ocurrió hace cinco años, porque el cáncer no es ninguna broma. A veces pienso que un condenado a muerte se debe sentir así; cada revisión es un volver a empezar, y siempre con el miedo a no superarla.

Pero también el 1 de agosto, esta vez hace nueve años, llegó una bolita de dos meses y medio a mi casa... esa bolita hoy es una preciosa shih-tzu que se llama Tara. Todo un torbellino de juegos y alegrías que no se separa de mí más allá de 30 cms.

Así que el 1 de agosto de cada año es un día de celebración por partida doble: porque Tara, que tiene ya nueve años llegó a mi vida y porque hace todo un lustro yo escapé de la muerte.



3 Comentarios:

Anémona » ((Responder al comentario)) »

Muchas felicidades amiga entonces, porque 5 años después sigues aquí y yo he podido conocerte.
Siempre es un placer leerte.
Un beso enorme.

Una mirada... 2 de agosto de 2016, 9:44 » ((Responder al comentario)) »

Un día para mantener en la memoria. Es un gozo compartirlo.

Muñiz A. 26 de enero de 2017, 1:36 » ((Responder al comentario)) »

Felicidades. Entiendo lo sucedido.

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