El amor de una mascota

Mi padre siempre decía que cuando veas a una persona que no quiere a los animales, desconfía de ella porque más pronto o más tarde te darás cuenta que no es buena gente. Y tenía razón. También decía cuando aún no estaba enfermo y por tanto no se iba a morir, que seguro que había un cielo donde iban los animales... y que él quería ir ahí. Seguro que existe.

Aunque parezca imposible hay gente a la que no les gustan los animales, y cuando me refiero a ellos es a mascotas: perros, gatos, pajaritos y cualquier otro que a cada cual le lleguen y llenen. No hablo de aquellos que no tienen a ningún "cuatro patas" en su casa (por circunstancias personales puedes no tener ninguno pero gustarte y quererlos), si no a esos otros que sienten verdadera repulsión hacia ellos. Es una pena porque no saben lo que es recibir amor incondicional a raudales, y quienes tienen alguna mascota en su vida saben que no exagero.

Ya lo he comentado algunas veces: tengo un gato de once años y una perrita de nueve. A mi Plasty ya se le empieza a notar la edad: se ha hecho mucho más tranquilo de lo que era (y lo ha sido siempre mucho), y más lento... pero sigo siendo el amor de su vida. Tara es todo un torbellino; llegar a casa y ser recibida como si hiciera mil años que faltas es toda una gozada... y da igual si solamente has ido a tirar la basura: te recibe con tanta alegría que tienes que dejar lo que lleves en la mano para cogerla.

Recuerdo cuando hace ya años la tuve que dejar veinticuatro horas en la clínica veterinaria porque la tenían que castrar (para evitar posteriores tumores). Mi casa daba una sensación de vacío, de soledad, que hasta yo me sorprendí. De tenerla siempre delante o detrás, de volverte con cuidado porque sabes que está rozando tus tobillos, a no tenerla, la sensación es... y más esta shih-tzu de menos de cinco kilos que gruñe si la coges en brazos pero que cuando vas al baño se queda en la puerta esperando a que salgas, o si te duchas al apartar la cortina la ves tumbada en la alfombrilla de salida. Y que cuando te vas a la calle te mira como si la estuvieras abandonando. El gato es otra historia: no viene a recibirte, no te hace la alegría cuando vuelves, pero te mira de una forma que sólo le falta hablar.

Yo he tenido -y tengo- días en los que me encuentro francamente mal (secuelas de la quimio), y si en algún momento tengo que acostarme no hace falta que les busque: desde el comedor hasta mi dormitorio hay un pasillo algo largo y van detrás de mí, el gato primero y la perra detrás. Parece que vayamos en procesión. Ahora mismo que son las siete y media de la mañana de una larga noche en blanco, tengo a los dos a menos de un metro de mí, y al menor gesto que haga de levantarme del ordenador, ambos dos levantarán la cabeza.

No imagino la casa sin uno de ellos... ni quiero imaginarla. Tengo muy claro que si algún día soy consciente de que me voy, me los llevaré antes a los dos, porque no se merecen terminar tirados en cualquier perrera. No se merecen ese final y con las edades que ahora mismo tienen es complicado que se habituaran a otras gentes, a otras casas, a otras costumbres.

Posiblemente muchos no lo comprendan, pero ahora mismo son mi familia. La mejor familia que nadie pueda tener porque pase lo que pase, siempre estarán ahí. Son ya muchas las veces que he roto a llorar y mi perrita ha llorado aullando conmigo, mientras el gato se apretaba contra mí acariciando. Por lo menos ellos no salieron corriendo. Sé que tengo mucha suerte porque les tengo a ellos.

En fin, ya ha pasado un día que no se presentaba demasiado bien. Ya ha pasado este miércoles 24 de agosto, día en que hace muchos muchos años mi madre hacía canelones para comer porque era lo que más me gustaba. Día en el que el teléfono no paraba de sonar. Día en que mis padres tuvieron a su primogénita.

3 Comentarios:

Una mirada... 25 de agosto de 2016, 11:48 » ((Responder al comentario)) »

Pues felicidades, cumpleañera.

Y en cuanto a los animales, sí, tu padre llevaba razón. Se puede sentir o no pasión por los animales. Pero, por encima de todo, lo que todo animal necesita es respeto.

Franziska 25 de agosto de 2016, 12:15 » ((Responder al comentario)) »

Si tuviéra tu teléfono ahora mismo recibías mi llamada. Si quieres, mi correo es:
franziska34@gmail.com

Ahora mismo yo tengo un problema con mi gato. No sabes cómo te comprendo. Todo lo has descrito muy bien. Sobran mis palabras. Un abrazo. Franziska

Anémona 26 de agosto de 2016, 10:14 » ((Responder al comentario)) »

Tienes mucha suerte Chesana, porque amas a los animales y ellos te aman a ti, aunque mucha gente no lo entienda ese es un gran tesoro que los que sí entendemos podemos disfrutar.
Tienes una familia que nunca te fallará y eso es lo mejor que se puede tener.
Para nuestras mascotas, como tú has dicho, somos... el amor de sus vidas, ellos igual para nosotros.
Y a los que se fueron, adios.
MUCHÍSIMAS FELICIDADES CORAZÓN.

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