La era de la inmediatez

Posiblemente todo sea debido a que nos enteramos casi antes de que se produzca, pero en ocasiones resulta abrumador conocer tanto lo que pasa en el mundo.

Ahora, con los atentados terroristas de los islamistas, nos estamos enterando y no sin cierta zozobra cada vez, de cualquier cosa que de otro modo no pasaría de ser algo local, comentado exclusivamente en la zona en que ocurre: un hombre mata a otro en una riña, alguien dispara a alguien... Ahora no, ahora todo nos sobresalta y nos lo cuentan como si fuera una noticia de primera magnitud. Y eso hace que estemos en un ay constante.

Si alguien se parte una pierna en los Juegos Olímpicos (y es algo que pasó ayer realmente), no solo nos enteramos, si no que ahí está la foto en una imagen sobrecogedora, con toda su crudeza y sin que provoque algo más que la de pobre chaval. Si alguien, desequilibrado o no, corta la cabeza de alguien, parece que si no tiene las imágenes la noticia no es válida, y da igual si no quieres verlas porque ya se encargarán otros de describírtelas con pelos y señales.

Cualquier cosa que pase en las Antípodas llega a nuestras casas y nuestra mesa al instante, y si por un casual nos enteramos al día siguiente... ya es una noticia vieja y ha perdido su importancia.

Y no es que antes no ocurriera todo eso y más, no es que en el pasado no sucedieran cosas similares. La cuestión no es esa. El problema es que ahora nos enteramos de TODO aunque pase a nueve mil kilómetros. Es que ahora lo vemos TODO. Lo que antes no trascendía más allá del pueblo o como mucho de la provincia, ahora lo tenemos instalado en nuestro comedor o cocina; lo que antes se producía en un entorno familiar, ahora es desmenuzado sin ningún pudor ante todo el mundo.

Y además se recuerdan al año, a los dos años, a los diez años...

Y con toda esa cotidianidad hay demasiado que ha dejado de dolernos porque se ha convertido en habitual, incluso en cosas que pasan mucho, como si ese pasar mucho lo hiciera menos importante, menos grave, menos complicado de tragar.

Es como leer, en prensa de hoy, que en Rumanía se han encontrado cuatro cachorros de perro, tirados en plena calle, quemados con alquitrán caliente... pegados al suelo porque no se podían ni mover. Ah bueno... ha sido en Rumanía!!!. Pues el otro día quemaron a tres en Alicante!!!. Es decir: enseguida minimizamos lo ocurrido... porque son muchas -demasiadas- las noticias de esa índole. Porque nos hemos acostumbrado. Porque nos estamos insensibilizando. Y eso nunca es bueno.

Es como el otro día que la noticia era que en una de esas muchas guerras que asolan durante años a países, en un bombardeo en un mercado habían muerto decenas de niños. De inmediato los comentarios eran que la culpa de esa guerra es de Rajoy, o de Aznar, o de Bush, o de Merkel... Las tonterías eran tantas que tuve que dejar de leer. Perdemos la perspectiva de que es una guerra y como tal cruel, y que ha muerto gente inocente (no sólo niños); que habría que parar eso y no perdernos en bobadas sobre si tiene o no la culpa Pío X...

Hoy las risas y chanzas sobre "el ridículo" de ayer en Barcelona por la supuesta bomba en un coche lo inundan todo: que si la Ciudad Condal se sentía despechada por no ser protagonista de tanto atentado; que si se habían montado la noticia para salir en la tele; que con el verano están aburridos y había que entretenerlos... olvidando que deberíamos alegrarnos de que todo haya quedado en un susto.

Y si por alguna extraña razón sales de tu círculo habitual de opinión y la das en uno de esos periódicos o lugares... de inmediato te tachan de facista, o de ser de derechas, o de que seguro que has votado al Partido Popular, dejándote con cara de no entender nada porque por no saber no aciertan ni queriendo. Y todos, en plan dominó, salen a racimos opinando lo mismo y haciendo que te calles porque no vale la pena discutir, no al menos en esos sitios. Y encima se sienten ganadores.

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