Cuando todo el mundo escribe

Últimamente estoy muy analfabeta en cuanto a leer; vamos, que no leo nada más allá del periódico. Debo tener algún problema de visión, digo yo, porque enseguida empiezo a tener los ojos "salados", con lo que el lagrimeo es constante y así es imposible. Pero vamos a lo que vamos.

Hay mucha gente, demasiada, que cree que lo de escribir, bien se entiende, lo puede hacer cualquiera. Hablo no de escribir en cualquier parte (como en un blog), si no de hacerlo en un libro. Es frecuente, a poco que te fijes, encontrar multitud de libros (en Amazón, en Casa del Libro, etc) con nombres que nada más conocen en su casa. Y no es que haya que ser famoso para escribir, no es eso, pero sí hay que tener una cierta mano.

Es como aquel que dice que hacer puentes es fácil... y se pone a construir uno. Hombre, hacerlo se puede, pero que no se caiga cuando pase uno es otra cosa. Pues lo de escribir un poco lo mismo. Hay que hilvanar una historia, que los personajes tengan enjundia (garra, fuerza), que los cauces de la trama enganchen. No es tan sencillo como parece y sobre todo algo que muchos olvidan: no todos servimos para lo mismo.

Escribir es un arte; no estoy descubriendo nada nuevo. Como el pintar, como el esculpir, como el hacer cine. Y hay que saber lo que uno se trae entre manos. Porque te hayan dicho de pequeño en el colegio que escribías bien no es motivo para cuando ya eres mayor martirizar al lector. Porque hay que reconocerlo: hay cada bodrio por ahí, que ya les vale. Pero como se trata de ser justos, también habría que añadir que: hay cada bodrio también entre escritores acreditados, que también les vale.

Lo de coger un libro y disfrutar con él va a gusto del consumidor. Personalmente no me gustan, por ejemplo, los libros de viajes personales, y eso no quiere decir que sus autores lo hagan mal; simplemente a mí no me atraen. Es como con el cine: no me van pero nada de nada las películas de terror o las de ciencia ficción. ¿Que hay un público para ellas?. Claro que sí, pero ello no quiere decir que los espectadores de esos films se vayan a poner todos a hacer cine, ¿verdad que no?. Pues lo mismo a la hora de escribir.

Es como alguien, famosillo de turno casi siempre, con cuarenta años se pone a escribir sus memorias. Perdone usted, pero a menos que se sea un genio en algo, poco podrá contar con cuarenta años, digo yo. Pues lo cuentan y encima hay quienes lo compran. Me reí mucho yo sola cuando, por ejemplo, un conocidísimo presentador de esta nuestra televisión escribió un libro contando sus cosas; vendió lo que no está escrito dicen; pero lo peor es que se lo creyó y entonces escribió un segundo libro sobre el mismo tema (su vida). Y es más, ha hecho una "obra de teatro" sobre lo mismo. ¿Disculpe?. Lo de la azarosa, inquietante y digna de leerse vida de un presentador de televisión... como que no, y que conste que intenté leerme el primero de sus libros por aquello de la curiosidad... y no pude terminarlo. No entro a valorarlo como tal, simplemente digo que no pude terminarlo.

Y es que como ya he dicho antes, el escribir no es como el comer, que se aprende con la vida. El escribir es un don y por tanto concedido solamente a unos cuantos privilegiados. Como el ser el novamás de las matemáticas, o de las ciencias, o de la canción sin ir más lejos. Y que conste que no hablo de ganar dinero con los libros; hablo del inmenso placer que produce coger pluma y papel (o teclado del ordenador) y encontrarte contando una historia que a tí y sólo a tí te fascina; lo que llegue después (lectores) si es que llega siempre será por añadidura.

Pues eso: que estoy bastante harta de aburrirme leyendo libros que no consigo acabar. Eso cuando leo, que últimamente doy pena hasta con eso.

1 Comentario:

Verónica Calvo 31 de octubre de 2016, 17:13 » ((Responder al comentario)) »

Se puede decir más alto, pero no más claro.

Abrazo, Chesana.

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