Empecinados en tener la razón

En esas casualidades de la vida, me he encontrado esta tarde con un artículo escrito en otro blog, que hablaba de cuando nos empecinamos en absurdas discusiones, con el único objetivo de tener razón, sea cual fuere el tema a tratar. Y ahora, hace apenas unos minutos, me encuentro con otro artículo con el mismo tema, así que está claro que tenía que escribir sobre ello.

La cuestión es por qué el ser humano siempre quiere tener la razón... aunque no lo demuestre abiertamente.

Todos sabemos y razonamos que la verdad absoluta no existe. Existe la verdad, sin más, la de cada cual. Pues bien a pesar de tenerlo tan claro, cuando alguien no está de acuerdo con lo que pensamos, rebatimos hasta volvernos locos para que prevalezca nuestra opinión. Y eso se está viendo últimamente (o al menos yo lo encuentro con mucha facilidad) en comentarios de prensa, blogs, foros... en Internet. Es fácil observar cómo se producen encarnizadas batallas verbales, con diferentes puntos de vista en los que nadie quiere ceder y que terminan la mayoría de las veces en insultos e improperios. Porque cuando se nos terminan los argumentos, recurrimos a lo que nunca debería producirse.

Y por poner un ejemplo que conozco, contaré algo que está pasando últimamente en este blog.

Generalmente no respondo a los comentarios que se hacen aquí, pero no por nada si no porque prefiero devolver la visita. Muchas veces me quedo con la sensación de que debería responder a quienes tienen la amabilidad de responder a algo de lo que escribo, también aquí, porque parece que nadie les lea, pero también es cierto que cuando devuelvo como he dicho la visita... no suelo volver a ver si me han respondido... aunque hay alguna que otra excepción. Total, que es la pescadilla que se come la cola.

Pero hace unos días y porque los temas que trato son controvertidos, estoy respondiendo aquí a quienes hacen algún comentario. Y ello (de "eso" es de lo que me he dado cuenta) porque de alguna manera me sentía atacada en cuanto a mi opinión. Espero estar explicándome medianamente bien, porque es complicado hablar de una misma de una forma tan descarnada. Y también me he percatado de que entrar en ese juego (tú dices... yo digo...) provoca querer entrar en discusión, precisamente para que la opinión propia o ajena prevalezca y gane batallas.

Se intenta convencer al otro que está equivocado. Y se le razona, argumenta e incluso se puede llegar a buscar algo que te avale. Volvemos a la verdad absoluta, esa que no existe.

Pero también me he dado cuenta de algo más. Que conforme me hago mayor cada vez me importan menos las cosas y las personas... y por lo tanto convencer a nadie de mis opiniones. Que me "enciendo" con más facilidad que antes, pero también que logro más pronto "dejar por imposible" al otro. Y que da igual lo que yo piense, porque el mundo va a seguir a lo suyo.

Llevamos un año sin gobierno, todo el mundo habla y opina, pero luego en las urnas parece no importarle a nadie.

Llevamos años con un nivel de paro insostenible y con gentes que viven como malamente pueden, todo el mundo habla y opina sobre ello, pero nadie hace nada por solucionarlo.

La riada de gentes que huyen y llegan a países civilizados es ya una locura, todo el mundo habla y opina sobre ello, pero es un tema instalado en el día y día y a nadie parece importarle.

Preocupa el hambre en otros mundos, y los niños y niñas españoles no tienen para comer si no abren los colegios en verano, todo el mundo habla y opina, pero nadie lo soluciona.

No hay jubilaciones para el futuro, las actuales peligran y apenas llegan para subsistir, todo el mundo habla por hablar, pero nadie busca soluciones.

Podría seguir, incluso haciéndolo más personal... pero ¿a quién le importa?. A nadie. Por eso posiblemente cada día me importan menos las cosas y sus gentes.

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