La hipocresía de la solidaridad

A veces pasan cosas, más o menos a nuestro alrededor, que de pronto frenan el paso y te hacen reflexionar. Una de ellas son los terremotos que desde hace una semana están asolando Italia.

Y digo lo que digo porque cuando ocurre un terremoto o cualquier otro tipo de desgracia natural en cualquier país lejano, todo son peticiones de ONG para ayudar a los damnificados a reconstruir, y cuentas bancarias donde aportar donaciones.

Pero cuando la tragedia ocurre cerca de nosotros, en países cercanos o incluso en el nuestro propio... ese es otro cantar.

Italia lleva una semana más o menos con un seísmo tras otro, derrumbando ciudadades enteras y con decenas de heridos... y aquí anda el resto del mundo -incluídos nosotros- pensando en nuestras cosas.

Incluso los encargados de dar noticias (prensa, televisión...) parece que pasan de puntillas por lo que está padeciendo el pueblo italiano. Y que conste que ahora es Italia, pero pasa igual cuando ocurre una desgracia natural en Suiza, o en Austria o similares.

¿Hay que ser jamaicano o tailandés para que se nos mueva algo por dentro?. Parece que sí. El rasero para medir no es el mismo.


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