Si me llevas a una residencia te desheredo

En los autobuses de Valencia (España) han aparecido unos anuncios que con la imagen de una señora con un rodillo de amasar en la mano, y al lado "Si me llevas a una residencia te desheredo"; naturalmente han saltado todas las alarmas y un tropel de asociaciones, indignadas, amenazan con poner demandas a la empresa de cuidadores, responsable de dicha propaganda.

Hasta aquí la noticia. Ahora hablemos del fondo de la cuestión.

La gente, en comentarios hechos en distintos medios, habla de que hay que irse a una residencia de ancianos y no molestar a los hijos. Y lo dicen, como en muchas otras cosas, sin tener puñetera idea de qué hablan. Y digo lo de puñetera porque estoy un pelín harta de que todo el mundo sepa de todo y hablen como sentando cátedra. Sólo alguien que haya vivido en una residencia... o que haya tenido que padecerla desde fuera sabe lo que son.

Cuando me detectaron el cáncer hace ya cinco años, tenía a mi cargo exclusivo y sin ningún tipo de ayuda familiar (tengo un hermano que vive a diez minutos) a mi madre, con un alzheimer de siete años ya (no conocía, no sabía comer, estaba encamada...). No sabía qué hacer con ella puesto que tenía que hacerme infinidad de pruebas (con las consiguientes ausencias de casa... y sin poder dejarla sola), después operarme, luego quimio y radio... Solamente diré una cosa y que cada cual lo entienda como pueda: después de todo ese padecimiento físico, nunca he vuelto, ni física ni psíquicamente la misma. Total que tanteé residencias privadas. Los precios no eran asumibles, primero porque yo no trabajaba (no podía: ¿quién se hubiera quedado con mi progenitora?), cobraba 426 de ayuda y mucho de lo que mi madre gastaba tenía que ser pagado con su pequeña pensión y parte de lo que yo cobraba. Lo diré más claro: ninguna bajaba de 1700 euros al mes.

No tuve más remedio que hacer una llamada que nunca hubiera querido hacer: a mi hermano para que se hiciera cargo de mi madre. Se la llevé en una ambulancia privada (la ambulancia pública sólo cubria itinerario del domicilio al hospital), y con un furgón y dos hombres para la cama articulada, silla de ruedas, pañales, etc, etc, etc. Con todo ese gasto mi economía terminó de hundirse en la más absoluta miseria (sonrío). Era el 26 de junio del 2011.

Me operaron el 1 de agosto de ese mismo año, salí del hospital el 5... y el 10 mi madre entraba en una residencia pública... porque su hijo no la soportaba...

En esa residencia mi madré vivió tres años. Murió hace dos a los 90 años y después de diez de alzheimer.

Fui a verla siempre que pude: con peluca, con gorro, con pelusilla en la cabeza, con pelo corto... La tarde antes de morir las cuidadoras de la residencia pasaron por la habitación a verla... y a verme; siempre agradeceré los abrazos y sus palabras. Todas me conocían.

No tengo ninguna queja de aquella residencia y de quienes cuidaron a mi madre, ninguna queja... salvo una: cuando ya estaba en agonía hablé con la doctora de aquel centro y le pedí que "la ayudara", que no padeciera, que le diera lo que fuera necesario para evitarle un final duro; yo firmaría todo lo que fuera necesario. Nunca olvidaré su mirada primero y cuando bajó los ojos después; con un hilo de voz me dijo que allí no había nada para darle de lo que yo pedía. Me quise morir porque pensé en la muerte de mi padre (con cáncer) y en que en aquel momento sí encontré a un médico que hizo lo que había que hacer cuando se lo pedí. Y pensé también que si mi madre hubiera tenido lo mismo... no había nada en la residencia para ayudarla.

Por eso ahora que no tengo hijos ni familia que, cuando yo no pueda decidir, me metan en una de ellas; siendo consciente como lo soy que a lo mejor un día soy yo quien tiene que tomar esa decisión para mí misma, pienso en dos cosas:

- Tal y como van las cosas en este país a lo mejor entonces no hay residencias de ancianos públicas. ¿Quién podrá pagar una privada?.

- Nadie sabe de qué va a morir ni cómo pero a mí me han tocado ya la puerta. Suponiendo que haya residencias públicas y que consiga pasar el final en una de ellas... ¿no habrá nada para "ayudar" a que no muera rabiando?.

Pues entonces está claro que habrá que pensar en algún que otro camino para ese incierto futuro ¿no?.


NOTA: naturalmente es fácil darse cuenta que el anuncio de los cuidadores tiene un interés personal.

3 Comentarios:

Verónica Calvo 2 de octubre de 2016, 10:12 » ((Responder al comentario)) »

Este tema siempre es peliagudo y mueve mucha hipocresía.
Mi madre, por ejemplo, siempre ha dicho que el día que se vea torpe se va a una residencia.
Mejor dejar todo bien atado porque como bien dices, nunca sabemos cuándo y cómo nos iremos.
Voy a hacer testamento vital dejando claro que no quiero que me prolonguen la vida, que me seden si estoy con dolores y que me saquen todo lo que esté en condiciones.
Ante el testamento vital nadie de la familia puede poner objeciones y el personal médico ha de cumplirlo.

Esa campaña de publicidad es vergonzosa.
Que vaya a la residencia quien quiera por propia voluntad, y, como fue el caso de tu madre, pues sin culpas, haciendo lo mejor y a quien le parezca mal o criticable, cuando le toque, que lo repase.

Un abrazo, Chesana.

Una mirada... 2 de octubre de 2016, 10:55 » ((Responder al comentario)) »

Es inquietante que en un país donde, en 2015, el crecimiento vegetativo alcanzó índices alarmantemente negativos, se sigan cerrando alas enteras de residencias públicas y se haya paralizado la construcción de otras nuevas mientras florecen las de ámbito privado con precios prohibitivos para la mayor parte de la población.

El anuncio que mencionas, alucinante. Qué paisanaje.

Chaly Vera 2 de octubre de 2016, 15:10 » ((Responder al comentario)) »

Espero tener los huevos necesarios para irme a un asilo de ancianos cuando llegue el momento. A los hijos no los hemos traído a este mundo para que nos atiendan en nuestra de decrepitud.
Por otro lado, mis hijos trabajan y la carga de atenderme caería en la esposa de uno de ellos y está mujer no tiene ninguna obligación moral para hacerlo. Así lo entiendo.
También les he dicho a mis hijos que si me ataca una enfermedad cara y costosa que me dejen morir y que no vale la pena gastar la plata en un viejo que terminara muriéndose en cualquier momento

Besos

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