Mi gato tenía frío

Ya sé que lo que voy a contar a algunos les escandalizará e incluso argumentarán que tengo muy poca vergüenza con tanto niño y adulto pasando frío por ahí fuera, pero aún así lo voy a contar.

Estos días de diciembre y con la extrema humedad que hay por estos lares, gota fría y ahora mismo nublado amenazando lluvia y encima con una casa sin ningún tipo de calefacción (eso ahora mismo es un lujo) y fría como una nevera abierta, mi gato sobre todo busca cualquier ocasión para que lo coja y abrace con el fin de estar algo más caliente. Va a cumplir 12 añazos y se nota que se ha hecho mayor... ojalá yo tuviera a quien arrimarme cuando tengo frío...

Pero no nos pongamos sentimentaloides y sigamos con la historia. El caso es que por todo lo anterior... duerme conmigo. Cuando me acuesto suele, primero jugar con mis pies hasta que le grito, y entonces se arrebuja pegadísimo a mí... naturalemente él sobre el edredón. La otra, la perrita, duerme según lo que llore y lo que yo me harte de oírla.

Total que esta mañana suena el despertador sobre las nueve de la mañana, ya que no tengo ninguna prisa, y cuando trato de incorporarme mi gato ni se mueve, algo raro en él puesto que enseguida se suele levantar y apartarse. Pero hoy no y me ha llamado la atención. Lo he acariciado, levantó su cara, dijo un "miau" y volvió a apretarse contra mí. "Plasty, que tengo que levantarme". Sí, ya sé que alguien dirá que es tontería hablarle a un gato porque no entiende; eso lo dice porque no tiene uno.

Insisto: "Plasty, venga que tenemos que levantarnos". Ya ni me contesta y ahí empiezo a asustarme. Le obligo a apartarse, me siento en la cama, y le miro. Se acerca y empiezo a tocarle la barriga, el lomo, la cabeza mientras no dejo de mirarle. Algo le pasa, pienso. Él se deja hacer mientras vuelve a apretarse contra mí. Más asustada que otra cosa le susurro: "qué te pasa?". Y le sigo tocando intentando saber si le duele algo. Tara me mira expectante.

Solamente quienes tengan una mascota comprenderán sin reirse y sin tomarme por una exagerada lo que voy a decir: estaba realmente asustada porque sé que tiene que pasar, pero si le pasa algo a mi Plasty...

De pronto ha saltado literalmente sobre mí, colocándose encima. Ante ese inesperado brinco me he ido hacia atrás quedando de nuevo acostada con el gato prácticamente sobre el pecho. Me miraba con esos ojos que tanto conozco. Estaba claro que me decía algo pero yo, torpe de mi, no le entendía.

Acariciándole la cabeza y mientras él seguía encima, he notado terriblemente frías sus orejas. He pensado a toda prisa... y le he tocado las almohadillas de sus patas; estaban más frías todavía. Le he vuelto a tocar la barriga. Y de pronto lo he visto claro. ¿Cómo no me he dado cuenta antes?.

Son casi las doce de la mañana y mi gato sigue como lo he dejado a las nueve: sobre el edredón pero en el calentito hueco donde estaba yo, y tapado con una esquina de ese edredón. Tiene casi doce años y como cualquier mayor, humano o animal... estaba muerto de frío. Por eso no quería que me levantara: porque se le iba su fuente de calor.

1 Comentario:

Kasioles 28 de diciembre de 2016, 16:11 » ((Responder al comentario)) »

Hay mascotas que, al permanecer años al lado de sus amos, han aprendido todos sus hábitos y llegan a conocerlos a la perfección, otro tanto le pasa al amo con ellas.
Yo no tengo experiencia con gatos, bueno, sólo una mala experiencia, yo creo que se celaba del cariño que me tenía mi abuela y me arañaba los tobillos.
Pero si he tenido un perro, era mi sombra en el verano, lo tenía en el pueblo y nunca lo he atado, me conocía a fondo y nos queríamos muchísimo, muchas veces me pregunto ¿Entendería lo que le decía?
Siempre he pensado que su instinto es especial.
Disfruta de ellos mientras estén, a mí me tocó sufrir cuando no nos quedó más remedio que llevarla al veterinario y tuvo que dormirla, era un pastor belga.
Abrazos.
Kasioles

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