Peluca o no por el cáncer

Cuando me dijeron que tenía cáncer una de las cosas que prácticamente vino sola a preocuparme fue qué haría cuando me quedara sin pelo por la quimio. Los que leyeran mis posts en aquellos tiempos (mensajes que fueron borrados después), quizás recuerden mis dudas que expuse aquí mismo, e incluso que finalmente decidí que no me pondría pañuelo ni peluca ni nada. Me daba coraje casi verme obligada, por una sociedad que mira todo aquello que le suene a extraño, a tener que ocultar algo que ni yo había buscado, y a lo que hay que darle normalidad de una vez por todas.

Cierto que no es normal ver por la calle a mujeres sin pelo, calvas, y cierto también que la única vez que salí así a la calle (con una gorra, por si acaso, en el bolso) me agobié muchísimo, porque una no está acostumbrada a que el mundo, todo el mundo, te mire sin recato alguno. Porque esa es otra: te miran sin pudor, aunque quizás lo peor es ver los codazos entre sí. Llega incluso a la crueldad... aunque ellos no lo sepan.

La segunda vez que salí de esas guisas fue a mi patio a tender la ropa, y el ver a algunos vecinos llamándose entre sí y ocupar las balconadas como si yo fuera el paso de un Cristo. Ninguno tocó el timbre de mi casa a ver qué me pasaba o si necesitaba algo. Son cosas con las que aprendes a vivir, a la fuerza, pero lo aprendes.

La primera vez que ví, yo ya con el cáncer arrastras y caminando con la peluca que ocultaba el sentir miradas, a una mujer completamente calva era una chica joven y de metro ochenta de altura. Un bellezón que luego pensé seguramente era una modelo y creo que no me equivoqué. Me fijé en que la gente la miraba pero enseguida la olvidaban.

La segunda mujer que me encontré por la calle, calva, era ya mayor y tenía una de las miradas más tristes que he visto en mi vida. Fue en la zona donde vivo y en más de una ocasión he querido verla de nuevo aunque no la conozco de nada, pero no ha sido así. No sé qué ha sido de ella. Y cosas que pasan, también entonces me fijé en la mirada de la gente: lo hacían con aquellos codazos que me dolían tanto, sin recato y con descaro incluso... no como a la otra chica pero sí como a mí. A lo mejor y posiblemente sea una tontería lo que voy a decir, es que los viandantes pensaron lo que yo: que la primera era una modelo... y la segunda tenía cáncer y no merecía un poco de ternura en el gesto.

En estos días mi mente se dispara a tiempos que creía pasados, posiblemente porque no me encuentro bien; está durando demasiado todo ésto y tendré que tomar una decisión que no quiero pero por mucho que controles... no controlas. Y al ver la imagen sonriente de una presentadora de la televisión murciana, de 34 años la criatura, que ha vuelto al trabajo sin pelo... imágenes olvidadas han vuelto a ser presente.

No sé qué haría ahora... pero sí sé lo que no haría. Peluca, pañuelo o nada debería ser una normalidad dentro del drama que supone. A lo mejor algún día...

Si alguien quiere leer el enlace que hay más abajo, quizás entienda algo mejor, porque el texto es, aparte de real... tremendo.

Carta de una hermana.

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