Los whatsapp de ayer

Hay gente que se cree lo más de lo más porque está en lo último de lo más in. O sea, tía, qué guay.

En fin, que de todo tiene que haber en la viña del señor.

Pero vamos a lo que ha revolucionado al personal en los últimos años: el whatsapp (que siempre tengo que mirar cómo se escribe, porque nunca me acuerdo dónde lleva la hache, y si la ese es una o dos, la pe igual...) Y es que una, se nota, ya no está en lo más de lo más.

Pues bien, que se entere el mundo que el whatsapp ya estaba inventado hace muuuuuucho, pero muuuuuuuuuuuuucho tiempo. Y si no, a seguir leyendo.

Quienes ya tenemos una edad (no tanta como estás pensando, pero una edad sí... y tú también tienes una edad... ahhh, ¿que no lo habías pensado?,) nos acordamos a pesar del alzheimer de cuando nuestras madres y abuelas, después de comer y cuando todos los de la casa se habían ido al colegio o a trabajar, cogía la famosa silla de mimbre... y se bajaban a la calle, a la acera.

Se ponían, al menos en mi calle, en fila estirada por aquello de dejar pasar al transeúnte de a pie, y casi en la misma entrada del portal por lo que si llegabas, tenías que pasar por enmedio y saludando a derecha a izquierda.

Esas buenas mujeres cortaban unos trajes...

Recuerdo que siendo yo aún pequeña (que también lo he sido), le preguntaba a mi madre que por qué ella no bajaba también "al corrillo", y siempre me contestaba que no le gustaban ese tipo de grupos vecinales, ya que solamente sabían criticar. Yo era demasiado pequeña e inocente para entender lo que conllevaba aquella afirmación, pero me daba un poco de envidia (lo que era la ingenuidad) ver "qué bien" se llevaban todas mientras mi madre cosía sola (siempre por las tardes), achicando trajes de mi padre para mi hermano, o dando la vuelta (milagros de la ciencia porque nunca he entendido cómo lo hacía) a los jerseys de lana.

Y todo fue así durante años... hasta que un día llegué con mi primer novio. Entonces me hicieron un traje, y a medida, porque claro... querían saber quién era él, a qué dedicaba el tiempo libre... y como no podían preguntarle a mi madre porque ella no bajaba, cuando yo intentaba atravesar aquella muralla femenina, si hacía falta me cogían del brazo con lo que me paraban, para preguntarme. A partir de ahí odié aquellos grupos.

Pues bien, aquellas reuniones de féminas, situadas en cada portal como si de vigilantes se tratara... eran el whatsapp de hoy, pero más en vivo y en directo. Y si no, especifiquemos.

Un whatsapp es un grupo de personas que se encierran en sí mismas (el resto no puede ver ni oir lo que hablan), y se dedican a ponerse música mútuamente; a hablar de lo mal o bien que lo está haciendo el gobierno; a que si fulanita no se habla con menganita (ahí todas ponen la oreja para saber qué ha pasado)... igualico que el corrillo de mi portal. Que si anoche bajó mi vecina la basura en zapatillas y pijama; que si la de arriba discutió con el marido; que si el partido de ayer lo perdimos por el árbitro; que si luego quedamos yo no puedo a esa hora y qué tal te viene a las 6.

Y como siempre habrá un roto para un descosido, habrá quien diga que las de antes no tenían nada que hacer y por eso lo de las sillas de mimbre y al sol. Perdón pero no. Porque los hombres también hacían su whatsapp... en el bar. Así que empatados.

Total que como los jovenzuelos no espabilen y salgan algo más listos, no están inventando nada: el whatsapp ya he explicado que no; oye quedamos para mañana, vale sí, ¿vendrá Pili?, sí también se lo he dicho... y hala, todo el mundo en la esquina a las cinco... ahora la esquina es facebook.

Quizás la única gran diferencia, al menos la única que yo veo, es que antes quedabas con los amigos la última vez que os veias; es decir: oye que nos vemos el viernes... sí, ya se lo digo yo a Jaime, tú queda con Auri... y era martes. Ahora no, ahora llamas por el móvil a Juan, quedas para mañana, a continuación te llama Jorge que no puede y quedas con él para pasado; llamas a Juan, que mañana no que pasado; Juan te dice que ya ha quedado con Ángel, que le llamará otra vez; tú vuelves a llamar a Jorge a ver si por un casual puede mañana, te dice que sí, que ha cambiado no sé qué que tenía que hacer; entonces llamas a Juan: que sí, que Jorge puede y Juan te dice que ya había cambiado el día con Ángel para pasado, que esperes que le llama de nuevo... y así hasta el infinito. Total para quedar. Yo creo que eso era mucho más fácil antes ¿no?.

Sí, lo de mandar cohetes a la Luna eso sí que se inventó... pero en 1969... y entonces había mucho para inventar. O es que el pan y chocolate todos los días nos hacía más listos... yu yu yu.

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