Cuando el pasado se hace presente

Me suele hacer cierta "gracia" (dicho en tono absolutamente irónico) cuando alguien, y suelen ser muchos, miran el pasado con ojos del presente... y encima juzgan.

El otro día andaba leyendo no sé qué periódico y muchos de los comentarios no tenían desperdicio, los pillaras por donde quisieras. Se hablaba del 23F y del golpe de estado de Tejero, el de "todo por la patria" como argumento a haber tomado las armas. Pues bien, había contertulios que para bajar la fama, buena fama que tuvo Adolfo Suárez, presidente del gobierno saliente entonces, con su actitud ante el golpista, alegan que fue camisa azul en tiempos de Franco, o lo que es lo mismo: que siendo un jovenzuelo fue de la Falange.

Es como si alguien, ignorante total de lo que fue aquella época en la vida real, me achacara a mí que tuve que tomar un cursillo que ni me acuerdo cuánto duró, en la Sección Femenina, porque sin ese cursillo donde se obtenía la tarjeta creo recordar que de "Auxilio Social" (la tengo en algún cajón de mi casa aún guardada, pero no me apetece ahora mismo buscarla y saber exactamente cómo se llamaba), y sin la cual, una mujer, no podía trabajar en nada. Y cuando digo "en nada", quiero decir "en nada de nada". Sencillamente una chica no podía trabajar si no obtenía esa tarjeta... que sólo podía conseguir haciendo un curso de cómo pelar una naranja, cómo aprender a hacer vainica, poner una mesa y ser una buena madre y mejor esposa en el futuro. Y lo que es más gracioso es las jóvenes de entonces trabajábamos de día y hacíamos el dichoso curso por las noches. Era una especie de mili femenina, pero con la salvedad de que al contrario que a los chicos, nosotras teníamos las mismas obligaciones que siempre.

Bien, pues imaginemos por un momento que yo fuera un cargo político importante, y alguien, a su libre albedrío y con el sólo objetivo de degradarme de algún modo y sin más conocimiento que su propia ignorancia, dijera que no soy válida ni como persona ni como profesional de lo que sea... porque una vez, teniendo 17 años, "pertenecí" de alguna manera a la Sección Femenina, desconociendo, olvidando o simplemente no sabiendo de qué se habla que no había opción alguna a la voluntariedad propia.

Sí, ya; que quien perteneció a Falange lo hacía voluntariamente. Sí pero no. Si querías subir en algún escalafón de la vida pública, política o profesional en cualquier ámbito estatal, tenías que demostrar al régimen que eras afín a él. ¿Cómo?. Siendo de su máxima organización y que entonces era Falange.

No estoy disculpando nada porque creo que no hay nada que disculpar. Simplemente trato de explicar que juzgar con la alegría de la inconsciencia y con los ojos del ahora es una aberración. Se puede opinar, claro que sí (¡faltaría más!), pero juzgar...

Es como aquel que hoy dice que los soldados que hacían el Servicio Militar eran borregos porque cuando su capitán o comandante ordenaba, por ejemplo, que todos salieran en calzoncillos y camiseta, en pleno enero, al patio e hicieran flexiones y ejercicios, lo que tenían que haber hecho es negarse rebelándose. ¿En serio?. Quien diga eso no tiene ni pajorera idea de lo que era ir a la mili. Y que conste que el ejemplo que he puesto pasó en realidad.

Pues eso, que la Historia reciente o lejana no se puede enjuiciar con ojos del presente, porque entonces se estará cometiendo un gravísimo error, y con ello lo único que se consigue es no comprender nunca qué pasó y por qué.


1 Comentario:

Kasioles 24 de febrero de 2017, 23:11 » ((Responder al comentario)) »

Si me vas conociendo, sabes que de política no tengo apenas idea, es más, trato de huir de ella pues, aunque no me lo proponga, se ven cosas que no me gustan ni acierto a entender.
Pero me he sonreído cuando hablas de aquella cartilla de la Sección Femenina, yo también debo de tenerla por algún sitio y, en aquél entonces, era algo obligatorio a la que nadie se podía escapar, incluso, para ejercer una carrera, tenías que haber hecho ese cursillo, lo cierto es que se pasaban un pueblo, la mujer debería esperar al marido y ayudarle a quitarse los zapatos y ponerle el batín, ¿no tendría que ser al revés?
¿no era el hombre complaciente y galante para conquistar? Me sonrío.
Abrazos.
kasioles

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