Dios... lo que quisiera!

Quisiera destrozarte la vida. Quisiera hacerte tanto daño...

Sí, ya sé que no debería decir lo que he dicho; ni siquiera pensarlo y mucho menos sentirlo, pero estoy harta de ser buena, de aparentar que nada pasa. Estoy harta de muchas cosas. De muchas.

Sé que no se deben poner sentimientos en Internet, lo sé desde hace mucho... pero también estoy cansada de eso. Creo que ya me da todo igual.

Lo malo es que si pudiera... también sé que no podría, y no porque sea mejor de lo que soy, si no porque no tengo ese tipo de maldad. Una cosa es dejarse llevar con los pensamientos, con las palabras, y otra es lo otro. Sé que no podría, pero ahora mismo... No es que haya pasado nada distinto a lo de ayer, o la semana pasada, o el mes anterior, no; pero todo se va llenando y hay que soltar para evitar explotar.

Quisiera devolver algo de lo mucho recibido: tanto desprecio, tanto olvido; tanto escuchar, leer y sentir que siempre, de todo, tuve la culpa. ¿Y tú qué?. ¿Y tú qué?. Vete al infierno.

Tengo un tremendo dolor de cabeza. Hacía tiempo que no me daba tan fuerte. Y mira por donde la culpa es tuya. Ojalá pudiera borrarte de mi vida, tirarte al vertedero de donde no debías haber salido nunca. Tú y tu penosa vida. La mía lo es pero al menos yo lo sé.

Nunca sabrás lo que sentí por tí, nunca porque jamás fuiste capaz de pararte y pensar por qué perdonaba una y otra vez, por qué te dejaba volver siempre, por qué a pesar de tus espantadas volvía a sonreírte. Y encima te atreves a decir que nunca te amé. De nuevo: vete al infierno. No tienes ni puñetera idea de lo que es querer aunque presumas de ello.

Espero que te pudras en el agujero donde estás ahora mismo. Espero que algún día pagues por muchas cosas. Espero que no consigas olvidarme nunca.