Hablemos de lo mejor

Todos los años por estas fechas muchos se empeñan en hacer recopilatorios sobre los mejores: los mejores libros del 2016, las mejores películas del 2016, los mejores blogs del 2016...

Naturalmente y como siempre lo mejor de lo que sea es según le vaya a uno mismo en el convento, o lo que es lo mismo: si alguien comienza a leer un libro y no consigue terminarlo, está claro que será uno de los peores (de esos tengo yo unos cuantos), o si se duerme por puro aburrimiento viendo una película, pues también irá al saco de las peores.

Con lo de los libros tengo yo una cuenta pendiente así de larga. Me encanta leer, desde siempre, pero últimamente me estoy encontrando con demasiados libros que no consigo terminar por puro hastío. Generalmente son de autores noveles que están aún por curtir y aprender el oficio, pero alguno hay también de los consagrados que no termino yo de encontrarle el punto, y eso que venden millonadas de volúmenes... o eso dicen. Porque leer leer, lo que se dice leer, menos que poco en este país, y no digamos ya en hispano-parlantes que mejor mirar hacia otro lado.

Y con las pelis me pasa otro tanto, porque que todo el argumento esté basado en el héroe que salva al mundo y destroza mientras tanto tropecientos coches, sinceramente termina por aburrir, al menos a mí. Y tenemos al cine español, ese que se anuncia como "cultura europea"; hay un sector que sinceramente también me aburre soberanamente, y otro que parece gusta mucho al gran público ("Ocho apellidos vascos", por ejemplo y similares), algo que no deja de sorprenderme porque son el equivalente a las de Ozores, o Esteso, o Pajares... de la època y que ahora se catalogan como malas malísimas. Por último y siguiendo con las españolas, están esas a las que todo el mundo rinde culto y pleitesía... y volvemos de algún modo a Luis Buñuel, películas que por cierto nunca me han gustado. Es que soy así de rara.

Igual es que me estoy haciendo mayor, o sencillamente que me he vuelto más crítica con algunas cosas, pero desde luego selecciono más -no sé si mejor, pero sí más- y a qué dedicar el tiempo. También tengo muy claro que no quiero problemas, o no al menos lo que la gente considera "problemas". Como dijo aquél: bastante tengo con los míos para andar intentando solucionar los de los demás.

Esta mañana he tenido que salir a la calle (algo que cada vez me cuesta más hacer), y en un arrebato de locura no propio de mí, he comprado un cupón de la Once para esta noche. Nunca he sido de jugar, sencillamente porque no creo en el juego, aunque sí en la suerte personal de cada cual. De hecho, y no es la primera vez que lo digo, soy una persona de suerte porque siempre, en el último segundo del último minuto pasa algo que me saca a flote (el día que eso me falle no quiero ni pensarlo). Pero hoy he comprado un cupón, uno sólo (con un gasto de 1,50 €) y no porque sea tacaña, que creo no lo soy, si no porque tampoco hay que pasarse con los excesos. Como me toque... como me toque... uffffff, muchos van a aparecer como las setas cuando llueve. Pero sí me gustaría, por una única vez en la vida, saber lo que es, no ser rica, si no no tener apreturas al menos durante un tiempo. Tiene que ser grande lo de ésto quiero ésto me llevo, o sencillamente que se te rompa algo y no tener que esperar a que la hucha de los extras tenga suficiente.

Tiene que ser grande...

Tengo hasta esta noche para pensar lo que haría si...

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