Eso que llaman soledad

La soledad es esa compañera de viaje que se instala en tu vida sin quererla ni esperarla. Es como ese pariente no no esperado ni deseado al que no tienes más remedio que ponerle buena cara, porque por muchas indirectas que le lances, no se entera. Pero la soledad también es eso a lo que debemos aprender a querer... quizás porque no queda otra, y porque si no terminamos por admitirla, nos puede amargar la vida.

Reconozco que personalmente me costó muchas conversaciones conmigo misma aprender que mi voluntad de alejarla no era suficiente para que se fuera, y que aunque al enemigo ni agua, en ocasiones no queda más remedio que aliarse. Y con ella, con la soledad, no valen los tratos. Por eso tuve que aprender a conformarme y, por qué no, a quererla. De todos modos siempre he sido una persona que necesita de su mundo para encontrarse.

Lo que me ha llevado a la reflexión de hoy es ese otro tipo de gente que no sabe vivir sin personas a su alrededor. Aquellos que cuando se encuentran solos en casa, pero solos de tropezarse con su sombra, salen a la calle y adoptan al primero que pasa. Conozco gente así y puedo asegurar y aseguro que llegan a resultar muy cansinos por no decir pesados. Porque no se puede decir que sí a todo... y ellos lo hacen. Son de ese tipo de humanidad que en ocasiones se les dice algo por cortesía o sencillamente porque no se sabe por dónde salir; no hablo de hipócritas que quedan bien siempre y pasen sobre quien pasen, si no de esos nosotros que hay veces que te encuentras atrapado en una conversación que crea obligaciones sociales de las que no sabes cómo salir; y como resulta que no somos "tan sinceros" como las apisonadoras, decimos aquello de: pues si quieres podemos quedar a tomar algo. Y zas, te pillan la palabra con las dos manos, y hasta que no quedes no te dejan en pan repitiendo: ¡¡¡lo dijiste, lo dijiste!!!. Y te crean la obligación. O aquello otro de: un día podemos quedar a... Ya está, ya te han pillado, ya no hay forma de arrepentirse y no querer ir. Lo dicho: pesados, cansinos, agotadores... pesados, pesados, pesados.

Y es que se aburren estando solos. No han sido capaces de encontrar un aliado que conforme pasan los años te va acompañando cada vez más; porque los hijos si los tienes crean sus propias vidas, los amigos cambian o sencillamente se mueren, y tu pareja si aún la tienes está en otras cosas. Y como se aburren... marean tu perdiz.

Pero es que encima y como tienen todo el tiempo del mundo, les sale la vena caprichosa que tenían oculta y si no cedes todo el tiempo, te hacen sentir culpable no sabes bien por qué. Claro, luego cuando un día plantas tus reales, se enfada... y tú rezas todo el tiempo para que le dure (el enfado).

Vamos a ver. Que nadie quiere vivir solo todo el tiempo. Que yo hubiera querido que las cosas hubieran sido de otra manera, pero tampoco es plan de, por tener compañía aunque sea eventual, dar por saco al personal para que llene tus horas. Hay que aprender a tener eso que llaman hobbys que ni sabías tenías, pero claro si por ejemplo te gusta jugar al ajedrez, busca un programa con el que tu contrincante sea otro virtual como tú... o el ordenador, pero no cojas el tablero y las fichas y salgas a la calle para que alguien juegue contigo. ¿Se me entiende, verdad?. Porque si a todo el que te diga "buenos días" ya le consideras "tu amigo" sin más, dentro de poco tendrás tantos "amigos" como yo en Facebook... ¿Lo digo más claro?.

Y es que eso que llaman soledad es como la familia: te los encuentras en la vida sin que tú hayas tomado la decisión de elegirles.


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