Miguel Hernández... nuestro siempre

No voy a relatar la biografía de Miguel Hernández, nuestro siempre, porque hay muchas webs que lo cuentan y muy bien además; ni voy a citar sus poemas (o quizás sí, alguno). Hoy quiero hablar de Miguel en sus últimos momentos, esos en que la crueldad de un régimen dictatorial quiso vengarse del "enemigo".

La humedad de la cárcel incrementada por estar en una ciudad donde el mar lo impregna todo, junto con la precariedad de las comidas (apenas un trozo de pan duro y algo de agua), minaron su salud, quebrándola. Murió de tuberculosis: cuando empeoró, le llevaron a lo que se utilizaba como enfermería de la propia prisión, y le dejaron en un rincón sobre una camilla... para que no molestara; así estuvo varios días hasta que murió. Era un hombre fuerte, sano, con una edad en la que no se conoce habitualmente la enfermedad... pero era rojo... y eso en 1942 se pagaba muy caro.

Miguel Hernández Gilabert nació en la ciudad de Orihuela (Alicante, España) el 30 de octubre de 1910 y murió en la antigua cárcel de Alicante el 28 de marzo de 1942. Tenía 31 años.

Quizás no es tan sabido que cuando intentaba huir de España por el peligro que corría su vida, y llegado a Portugal, fue detenido y regresado a España.

Le enterraron en el cementerio municipal de Nuestra Señora del Remedio, en Alicante, en un nicho al que ni siquiera pusieron nombre, pensando que así sería olvidado por las gentes de su tierra. Hay que citar que la ciudad alicantina padeció durante muchos años el castigo del dictador Franco (recordemos la matanza en el puerto con miles de republicanos intentando salir del país), que jamás olvidó que Alicante fue la última ciudad que resistió "perder la guerra". Pero a pesar de esa placa sin nombre e incluso a la vigilancia impuesta para que nadie se llevara el cuerpo, hubo alguien que pudo grabar, con una navaja, el nombre de Miguel en la piedra... y eso sirvió para que el resto le encontrara y llevara flores cada 28 de marzo... flores que eran inmediatamente quitadas por los funcionarios del cementerio por temor a represalias.

Finalmente y ya en democracia, a la muerte de su hijo Manuel Miguel, fue trasladado en solemne acto al lugar que ocupa actualmente junto a su vástago, justo a la entrada del mismo cementerio. Posteriormente fue enterrada allí también su esposa Josefina Manresa. Puedo acreditar que siempre tiene flores.

Hoy se cumplen 75 años que España perdió a uno de los más grandes poetas de todos los tiempos.


ANDALUCES DE JAÉN

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.

No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.


1 Comentario:

Alondra 29 de marzo de 2017, 0:01 » ((Responder al comentario)) »

Amiga dicen que nadie se muere del todo mientras alguien le recuerde... y somos muchos los que seguimos disfrutando sus poemas. Reconozco que yo lo conocí cuando Serrat estrenó su noveno álbum, titulado Miguel Hernández y dedicado por entero a sus poemas y supe de él y de Lorca muertos por una dictadura que yo no conocí porque estaba del otro lado del charco.
Un abrazo grande

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