Cogiendo carrerilla

Llevo días que encadeno una jaqueca con otra, así que ni tengo ganas de escribir, ni de hacer nada. El caso es que hace un rato y con los problemas de visión que a mí al menos me dan las migrañas, me ha dado por mirar unas carpetas virtuales que tenía guardadas. Y me he quedado hasta un pelín impresionada de mí misma (sonrío). Es tremendo ver, con el tiempo por enmedio y la distancia también estorbando, lo que una y otros escribíamos hace años y en momentos en que algunas cosas eran importantes... o eso nos parecían. Pero no quiero hablar de nadie, que me conozco. Hablaré de la menda aunque alguien me tachará de egocéntrica (allá cada cual con su rollo de etiquetas).

Madre del amor hermoso. Hay incluso textos en los que ni me reconozco, yo, tan sensata y sesuda generalmente, en plan pasional pero hasta dar risa. Y sobre todo leyendo sentimientos a borbotones hacia personas que en su día eran mi centro, mi eje... mi todo. ¡Qué equivocados solemos estar cuando dejamos que el corazón sea dueño y señor de nuestra vida!. Y qué razón tienen los que dicen que el tiempo pone a todo el mundo en su sitio. Pero una de las cosas que más me ha sorprendido es ver las mentiras que una persona (y no era yo), puede llegar a decir para lograr su objetivo (que sí era yo). Y no es que esos otros sean más altos, más guapos, más rubios y con más dinero... no... es que saben mentir como verdaderos farsantes. Y por si alguien se equivoca: no es cuestión de ser más inteligente o no; la cosa no va de eso, si no de gente que se monta su propia mentira en la vida y a continuación te la cuenta, y claro, resulta creíble porque el mentiroso es el primero que se lo cree.

En serio, si alguien tiene cosas guardadas y ha conseguido llegar al punto que no duelen... que las revise, porque ese tiempo y distancia de la que hablaba al principio, impresiona al releer. Y diré algo más: leído con los ojos y la mente de hoy, de ahora... te das cuenta que incluso había "avisos", detalles que si te hubieras fijado habrías sido capaz de darte cuenta que la balsa hacía agua por pequeñísimos agujeros. Pero es lo que tiene enamorarse: que te vuelve más tonto que pichote.

Y leyendo como estaba, iba hilvanando con recuerdos que ni sabía estaban en el disco duro de mi dolida cabeza; es tremendo: todo iba cuadrando como si de un puzzle se tratara. Y la pregunta surge enseguida: "¿cómo no me di cuenta". Pero no te la das. Y caes en la trampa. Más de una vez. Incluso con distintas personas. De pena.

Así que llegados a ese punto solamente queda un camino, una senda que recorrer: la de dejar espacio libre. La de borrar, la de eliminar. La de mandar al cementerio del más puro olvido todos esos escritos, propios y ajenos, porque no merecen ni siquiera una sonrisa. ¿El motivo?. Tan sencillo que resulta apabullante: la basura nunca hay que almacenarla.

Y como acabo de acordarme mientras escribía, mañana si mi cabeza lo permite, voy a tirar/borrar/eliminar unas fotos que tengo también guardadas no sé si en un antiguo cd o dvd o algo de eso y que ni recordaba. Es lo que tiene empezar a hacer limpieza: que hasta le coges gusto y todo.


2 Comentarios:

Kasioles 20 de abril de 2017, 18:37 » ((Responder al comentario)) »

He quedado con una amiga, a la noche te comentaré.
Me alegro de que estés más animada para escribir, para mí ha sido la mejor terapia que he podido encontrar sin que nada te estropee el estómago.
Cariños.
Kasioles

Kasioles 20 de abril de 2017, 22:49 » ((Responder al comentario)) »

¿Qué podría decirte? Pues que no te pese ser como eres, hay veces que seremos tontas, pero nos mostramos tal cual somos, sin dobleces, poniendo alma y corazón con lo que hacemos y decimos, en fin, que no sabemos mentir.
A mí me cuesta creer que, de forma premeditada, la gente pueda mentir en lo que dice, yo más bien creo que son tan inseguros que están cambiando constantemente y lo que en un momento de su vida ha sido todo maravilloso, luego se les cruza algo o se cansan, porque también son inconstantes y se van a libar a otro jardín.
Comprendo que duele cuando descubres que en aquellos momentos que más necesitada te ves, la otra persona huye por cobardía, por miedo o simplemente porque se ha cansado y quiere conocer algo nuevo.
Difícil es la convivencia y difíciles son las relaciones humanas.
Por mi experiencia puedo decirte que, para las risas, juergas y comilonas, siempre te lloverán amigos, triste es comprobar que cuando todo eso se acaba, te ves casi sola.
En el pueblo, que está a no muchos kilómetros de donde vivo, trabajo mucho más, siempre hay plantas que regar y atender y además me meto en la cocina, estoy toda la mañana y luego se come todo rápido, es normal que acabe cansada.
Cariños.
Kasioles

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