Cosas que nunca conté

Hay cosas que nunca nadie cuenta, que nunca he visto escritas en otros sitios; no sé si la cosa es el desconocimiento o que se ocultan... me inclino a pensar que más de lo primero... a nivel de calle, claro.

¿Tú sabías que cuando cumples unas edades -no tan avanzadas- y vas a Urgencias de cualquier hospital... te desahucian?. Lo diré de otra manera: no te aplican ningún tratamiento para la dolencia que presentes... porque eres muy mayor. Y no hablo de cirugía, si no de tratamientos. Pondré algún ejemplo.

Mi madre tenía entonces unos 82-83 años. Ya tenía alzheimer. Le daban con cierta frecuencia unos ataques que nadie (médicos, claro) sabían a qué achacar; de hecho le llegaron a dar cinco en poco más de un mes; ataques en los que se convulsionaba toda entera. No era epilepsia; simplemente no sabían qué era. Y en una de esas... le dio un infarto de miocardio. Yo no había visto nunca uno en la familia, pero por lecturas lo reconocí: llamé al 112, pedí una ambulancia y un médico; la llevamos a Urgencias y allí después de examinarla y preguntarme, el médico me dijo que no se podía hacer nada, que lo tenía que superar (o no) por sí misma ya que no se le podía aplicar tratamiento alguno... porque no lo superaría debido a la edad. Recuerdo que me quedé mirando fijamente al médico sin creer lo que me estaba diciendo. Pero no terminó ahí la cosa.

En ese mismo momento me comentó (el galeno) que además era el segundo infarto que mi madre padecía. Instintivamente pensé que había cogido un historial equivocado y así se lo dije; me confirmó que no, que era el de mi madre... que había tenido su primer infarto en quirófano mientras la operaban de la primera caída con cadera fracturada, algo así como 3 ó 4 años antes. Recuerdo que aquella vez tardaron muchísimo en pasarla a la habitación, e incluso yo pregunté en un par de ocasiones si ocurría algo por la excesiva tardanza (la sala de espera del quirófano se fue quedando vacía... conmigo sola. Cuatro años más tarde me di cuenta del por qué de aquella tardanza. Se me ocultó ese hecho... y no había ninguna posibilidad, ninguna, de que se lo hubieran dicho a alguien más... no había nadie.

¿Es lícito ocultarle al pariente más cercano que su familiar ha sufrido un infarto en plena operación?.

Total, que aquel supuesto primer infarto era en realidad el segundo. Y encima era "muy mayor". Así que me la tenía que llevar, como estaba, a mi casa. Me rompí y el médico terminó abrazándome sin saber cómo consolarme. La mandaron a otro hospital, durante cinco días... para que yo pudiera descansar algo... y porque se podía morir en cualquier momento. De hecho, no sé cuáles fueron las instrucciones del traslado pero en la habitación donde colocaron a mi madre había otra cama vacía, en la que yo me recosté durante esas larguísimas noches. No todo fue tan malo. Mi madre, fuerte como solamente aquellas mujeres lo eran, superó ese infarto... a base únicamente de sueros y antibióticos... y volvimos a casa.

Los ataques eran provocados por un medicamento que años más tardes descubrieron que como efecto secundario provocaba ictus (!!!!!), y fue retirado. Yo se lo daba, por prescripción médica, tres veces al día.

Total, que si te da un samacurco y tienes más de 80 años, lo tienes (lo tenemos) crudo pero de verdad porque dan por hecho que es inútil aplicar tratamientos médicos. Y lo que he contado no es la primera vez que me pasó. En la segunda fractura de cadera de mi madre, con cabeza del fémur también quebrada, hubo sus más y sus menos entre los médicos y yo porque dudaban si podían operarla o era muy arriesgado... por la edad. A mi abuela paterna, con 86 años y también por fractura de cadera, se negaron a operarla... murió el día que se cumplía un mes de aquella caída.

Es decir: como pasados los 80 tengas un problema de salud... lo siento pero no se puede hacer nada... es lo que te dicen.

Entiendo que hay cosas que implican riesgos importantes, pero creo que no se puede dejar morir a alguien solamente porque sea muy mayor, o sencillamente porque haya muchos riesgos en una cirugía. En la última operación de cáncer que tuvo mi padre, y ya en quirófano, salió el médico diciendo que no lo operaba, que estaba muy mal y que no le operaba. Mi madre tuvo que firmar varios documentos para que si pasaba algo el equipo médico no fuera responsable de nada. Y aún con todo aquello firmado, intentó convencernos, gorro mascarilla y guantes puestos, que lo mejor era que nos lo lleváramos a casa (repito: mi padre ya en la sala del quirófano, con una hemorragia interna bestial y con dolores). Recuerdo que mi madre no paraba de llorar y era yo quien escuchaba y preguntaba al médico. Cuando ya se fue (a intentar salvar a mi padre), tuve que llamar a una enfermera porque a mi madre le "estaba dando algo".

¿Que dónde estaba el hijo de su madre?. A 15 minutos de allí en todas las ocasiones, en su casa, tocando la pandereta. Como siempre.

He de aclarar que mi madre superó sus dos infartos, sus dos fracturas de cadera, su alzheimer no porque eso es más puñetero, pero que vivió muchos años más, hasta los 90. Murió en el 2014. Nunca se enteró que su hija tenía cáncer, de lo que me alegro... aunque no sé si le hubiera importado... sé que no se me entiende (o se me entiende mal), pero tampoco voy a explicarme más.

Mi padre superó su aquella cuarta operación, pero murió cuatro meses después, a los 67. Era 1989.

Es complicado pensar, y vuelvo al quid de la cuestión, que te desahucien sencillamente porque ya eres muy mayor. Da igual cuál sea el problema. Eres ya muy mayor para todo... vete a tu casa.


1 Comentario:

Kasioles 4 de abril de 2017, 21:05 » ((Responder al comentario)) »

Hoy no puedo opinar.
Se suele decir que todo aquél que tiene padrino se le bautiza, algo parecido puede ocurrir con la sanidad pública.
Últimamente los médicos tienen cantidad de demandas y te hacen firmar papeles y más papeles para que el riesgo que pueda tener el paciente en el quirófano no se les atribuya en el caso de que la operación salga mal.
De todas formas, llegando a una edad y es cuando más atenciones necesitamos, puede que nadie se apiade de nosotros. ¡Qué Dios reparta suerte!
Lo que me aterra es sufrir, me imagino que cuidados paliativos no se los pueden negar a nadie.
Abrazos y buena semana.
kasioles

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