Cuando decides romper la baraja

Creo que alguna vez ya ha hablado sobre ello, pero es que cada vez lo compruebo más en las gentes, allegados o no... y cada vez también me siento más harta, más cansada de comprobarlo.

En las relaciones interpersonales, aderezadas o no con ser familias, amigos o simples conocidos, siempre ocurre lo mismo. Mientras eres tú quien cede, quien baja la mirada, quien cuando se produce una discusión o simplemente una diferencia de opiniones, todo seguirá caminando hacia adelante: la familia seguirá siendo familia, los amigos amigos, y los conocidos la amabilidad personificada. Y mientras tanto sin que ello parezca importar a nadie más que a que a tí... el tarro se va llenando.

Tú = Hace ya días que no me encuentro bien

Los demás = Ay, yo llevo también tiempo que me duele aquí detrás y tengo que ir al médico.


Tú = Ufff, se me comen los nervios por los pies... en una semana tengo una revisión por lo del cáncer.

Los demás = Ay, chica, es que te obsesionas!. Piensa en otras cosas. Total no vas a poder solucionar nada. Mira, mi vecina la del cuarto tuvo lo mismo que tú y está tan ricamente.


Y cosas mucho más graves y dolorosas personalmente, que no me apetece ahora mismo contar aquí.

Y te vas callando, no contestas por aquello de no fastidiar al prójimo. E incluso perdonas lo que no sabes ni cómo has podido hacerlo... o porque siempre te puede el cariño. O casi siempre, porque muchos dan las cosas por hecho y por sabidas.

Pero llega un día que estallas. Has ido llenando el tarro con paciencia, con mucho tragar, con demasiado callar... con más disculpar... pero como el único recato es el tuyo... hay un momento en que todo se desborda y ese día, sin grandes aspavientos pero sabiendo que no consentirás que nadie te baje del burro... dices con una claridad espartana lo que te está molestando. No montas el chiringuito con el "¿te acuerdas cuando me dijiste...", porque eso no viene a cuento ahora, si no que te limitas al hecho de este minuto, de este segundo, que te ha hecho saltar.

Primera reacción del contrario: hacerte sentir tonta, primero porque no "entiende" por qué te estás poniendo como te pones. (Claro, no te sueles poner nunca así).

Segunda reacción del contrario: enfadarse. Sin más. Se indigna, se solivianta, y se da la vuelta alejándose en plan diva de la escena. Una ridiculez más.

Es decir, en vez de sentir empatía hacia tí, de hablar tratando de ver qué te pasa y sobre todo poniendo la voluntad de solucionarlo... deja de hablarte como la gran ofendida del mundo mundial. ¡¡¡Pero si eras tú la que no has podido más, jajajajaja!!!.

Y de esos colores hace años que tengo muchos trajes. Y lo peor es que según esos trajes, la culpa siempre es de los demás.

El otro día me encontré con una conocida de esas que ves de vez en cuando pero que conoces de toda la vida. Y estuvimos hablando. Ella es mucho más joven que yo, pero es sorprendente lo que coincidimos cuando hablamos. Y me contaba que se ha habituado tanto a vivir sola (ha tenido algunas parejas que no han salido bien), que ahora no sabría vivir con alguien; es más: no le apetece compartir su vida con nadie. Eso mismo me está pasando a mí: no me apetece en absoluto tener a nadie en mi casa; incluso cuando me cruzo con alguien a quien conozco, procuro ser breve y "tener prisa". Dicen que cuando más observar a la gente... más quieres a tus animales... creo que yo estoy en ese punto. Hasta la televisión empieza a aburrirme. Hasta los blogs...hasta internet...


2 Comentarios:

Kasioles 3 de mayo de 2017, 8:38 » ((Responder al comentario)) »

Amiga mía, no pretendo ser moralista contigo, pero sabes que no siempre tenemos los días buenos, que, hay mañanas, que te levantas peor, que no encuentras recursos suficientes para afrontar lo que te está pasando y que la mínima cosa nos molesta.
A ti y a todos, nos pasa o nos ha pasado.
?ero piensa un poco ¿Cómo la gente que no ha sentido lo que tú estás pasando se puede poner en tus "zapatos"?
La gente va a su rollo y no quieren saber nada de penas, así de duro y claro, huye de la enfermedad de la misma forma que se huye de la muerte.
Siento que estés tan sola, que no tengas al lado una persona o familiar que te comprenda, apoye y te estimule en esos momentos de bajón que son tan naturales como la luz que nos alumbra esta mañana, pues, ¿quién es el majo que no siente preocupación ante el resultado de una prueba? ¿A quién no le altera el sueño?
Lo que pasa es que, mientras lo veas en otro, no piensas que mañana te puede tocar a ti y tratas de cambiar de tema porque no te va tratarlo con empatía.
Creo que ya en otra ocasión te he dicho que para las juergas, siempre te lloverán amigos y gente que te comprenda, nadie dirá que no ante una mesa con ricos entrantes y unas botellas de vino, pero cuando eso se acaba, todo serán disculpas y ahí es cuando te das cuenta de que, en el fondo, no eran amigos.
Venga, ánimo, la vida es dura pero ya sabes que somos luchadoras y por una u otra causa, seguimos aquí afrontando y salvando las piedras que nos encontramos por el camino.
Te dejo un fuerte abrazo.
kasioles

Matías 3 de mayo de 2017, 15:33 » ((Responder al comentario)) »

Ocurre muchas veces lo que comentas, tenemos días mejores y días peores, es comprensible que en ocasiones optemos por dar una mala contestación a una observación innecesaria.
Cuando atravesamos una mala racha de salud, tenemos pocas ganas de diálogos absurdos, sobre todo con personas poco allegadas a nosotros.
Yo tengo una norma sobre la amistad, amigos íntimos los justos, los que cuentas con los dedos de una mano y te sobran dedos. Esos otros conocidos de vecindad o de barra de bar con los que hablas del tiempo o de lo malo que es el gobierno, los consideras amigos dependiendo de la afinidad que tengas con ellos, pero nunca amigos íntimos.

Publicar un comentario

Volver al blog de Chesana.