Hombres y mujeres. No somos iguales, no

En esta sociedad nuestra hay hombres, mujeres... y el resto. Y que conste que en ese resto no estoy metiendo a los niños y niñas que a fin de cuentas son adultos en ciernes y por tanto pertenecen a los dos primeros grupos citados. Ese resto son todos aquellos que van contra el resto del mundo sin saber bien por qué. O sea: son como "los otros" pero en versión cutre. Pero vamos al tema de hoy.

No. No somos iguales hombres y mujeres. Ni en lo físico, ni en lo mental, ni en cómo enfocamos sentimientos y principios/bases de la vida. No es que unos sean mejores que otros. Son distintos sencillamente. Pero sí hay cosas en que la diferencia es tan brutal que no sabe una -en su supina ignorancia- cómo tomárselo.

Cualquier mujer que haya trabajado con hombres sin tener otra fémina en la que apoyarse, sabe incluso a través de los tiempos, modas y edades, lo que hay que pelear para salir indemne de tanta testosterona. Porque los hombres, no generalizo pero sí he trabajado siempre rodeada de hombres siendo yo la única chica, en sus conversaciones entre ellos tienen un monotema: ellos mismos en sí mismos. Pero es que ellos mismos en sí mismos es... su pene. No hay más. No les estoy llamando tontos, que no va por ahí la cosa, si no en que los angelitos, cuando se juntan llegan como mucho a hablar de la próstata (de cuando en un futuro les falle) y poco más; pero como lo que les preocupa sobremanera es el presente, el suyo claro, estén casados o no, tengan hijos o no... de nuevo el monotema es su pene en la actualidad.

Es curioso escucharles -y enterarte sin que estés con la oreja pegada- como se cuentan unos a otros cómo les va, cameramente hablando, con sus mujeres. Yo hubo un momento que conocía perfectamente si una tomaba la píldora, si la otra no, si a una le había dolido la cabeza la noche anterior... y esto lo sabía sencillamente porque llevábamos años trabajando juntos y hablaban delante de mí... pero entre ellos.

Y no hay cosa que más le preocupe si les ha salido un "rojito" o un "granito" en su "chiquitín". Reconozco que me reía y mucho cuando les oía (porque ir al médico no iban ni mataos) recomendarse unos a otros tal o cual pomadita que iba muy bien. Tíos bragaos, completamente acojonaos porque les había salido un grano.

En cambio las mujeres, cuando nos juntamos sin hombres cerca, no recuerdo yo que hablemos de nuestros ovarios, o de la regla, o de nuestro "chichi". Salvo casos y cosas muy puntuales, cuando eres muy joven y tienes algún problema, se lo cuentas a tu mejor amiga, pero poco más.

Los hombres hablan de su cabezón, de su chiquitín, del revoltoso (y no invento sinónimos). Las mujeres hablamos de ellos, de los hijos, de otras cosas.

Una vez escuché a uno de aquellos compañeros decirle al resto que "lo quería" más que a cualquiera de sus cinco hijos. Quiero pensar que es una excepción, aunque a veces y viendo comportamientos masculinos lo he llegado a dudar.

Por eso ningún grupo es mejor o peor que el otro, pero sí somos muy diferentes.

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