Las peores Navidades de mi vida

He tenido algunas realmente malas, como el resto de los mortales. Entre ellas... la última de mi padre, cuando todos, incluido él, sabíamos que se moría; la primera que pasé con mi madre ya encamada por el alzheimer y en mi casa.

Pero quizás la peor de todas sobre todo a título personal fue la de hace seis años, la del 2011, con mi pareja huyendo de mi cáncer como si le fuera la vida, con mi madre en una residencia pública contra mi voluntad, y con una quimio que me estaba matando sin ninguna exageración. Esperé, y no tengo por qué mentir, hasta el último minuto de aquella Nochebuena que alguien, dándose cuenta de que estaba más sola que nunca, me llamara y dijera (ven... o voy). Nadie lo hizo. Llamaron, eso sí para desear "feliz navidad" unos, y otros simplemente siguieron desaparecidos.Esos días, esa noche, supe con toda crudeza lo que era la soledad más tremenda. Me he sentido sola otras veces, porque nunca como aquella Nochebuena. Luego te encalleces.

Es curioso, pero nunca he pasado una Nochebuena con alguien aparte de mis padres. Nocheviejas sí... pero las Nochebuenas se terminaron en cierto modo cuando mi padre murió, y nunca, incluso teniendo pareja o "mejores amigas" han sido acompañada salvo con mi madre cuando aún estaba bien... pero es fácil imaginar lo que era aquello entonces.

Y lo estoy contando con la distancia de los años y sobre todo el endurecimiento de muchas cosas, por lo que ya no duele. Pero tampoco se olvida, sobre todo cuando muchos se empeñan en que "nadie esté solo"... los otros claro, no los tuyos.

Recuerdo que los días de Navidad, creo que era el segundo (el 26) mi casa se llenaba de primos y novios de primos. Aquello se fue sucediendo hasta que mi madre, un año, se negó a seguir "llevándose la paliza" de tener que hacer de comer para tantos, con el enorme gasto que ello conllevaba, y en cierto modo enfadada porque nadie siquiera tenía "un detalle": ni traían un regalo para ella, y ni siquiera llegaban un rato antes para ayudarla. Simplemente aparecían a la hora de comer... y comían. Mi padre tuvo que darle la razón, y ese año se acabaron las comidas de navidad... y el "hola tía".

Recuerdo también que aquella primera nochebuena, tan sola y tan queriendo morirme, intenté hacerme algo para cenar; ni siquiera especial si no simplemente algo. Por aquel entonces la quimio hacía que todo supiera metálico, que dolieran las encías... que te dolieran literalmente hasta los dedos de los pies (se te caen las uñas), y las ganas eran nulas para todo. Y estaba lo que ya he dicho: cada vez que esa tarde sonaba el teléfono, la esperanza de que alguien dijera "ven--- o voy". Pero simplemente escuché "feliz nochebuena", como si no pasara nada, como si todo en mi casa fuera normal...

Hoy la cosa no ha cambiado... salvo en mí. Sigo estando sola pero como he dicho antes: te encalleces. Ya da igual. Este año y a pesar del problema que tengo para comer (no tengo dientes, jajajaja), he tirado la casa por la ventana y me he comprado un par de cosas con la que notar que es Navidad. A mi manera lo pienso celebrar. No sé cuál es el futuro y no pienso pensar en él; sólo sé que es mi primera navidad después de muchos años de tristeza, que estoy curada de mi cáncer (con las reservas propias de saber lo que es un cáncer), que a quienes no estuvieron entonces no les quiero en mi vida de ahora pero que he ganado en cuanto a que no les guardo rencor ya: simplemente hay desprecio por su nula catadura humana.

Este año habrá polvorones en mi mesa. Feliz Navidad a la buena gente.

1 Comentario:

Kasioles 8 de diciembre de 2017, 13:57 » ((Responder al comentario)) »

Leer tu entrada de hoy es ponerle a cualquiera la piel de gallina.
La enfermedad no es nada nuevo, más tarde o más pronto, todos tenemos que pasar por ella y algunos sin esperanzas de poder afrontarla y sobrevivir, pero la soledad es algo que hiere en el alma y marca para siempre.
Se habla a menudo de empatía, se habla de solidaridad, pero nadie se calza los zapatos del otro para entender su estado anímico, comprenderlo y poderle ayudar.
Como tú bien dices, la vida nos va endureciendo a fuerza de golpes, no sé si es bueno, pero también te digo que nos vamos fortaleciendo un poco más y estamos más preparados para que, lo que nos suceda, no nos hiera tanto y tengamos fuerza para continuar.
Yo tengo muchas carencias, de esas que no podré jamás rescatar, pero debo dar gracias a Dios por tener a mis hijos que, de momento, son un regalo del cielo que él me dejó.
Me alegra saber que este año puedes celebrar y mirar a la vida con esperanza, lo malo ha quedado atrás, renaces con alegría, con ganas de vivir y ve tú a saber lo que el destino te puede deparar.
Disfruta de esa cena, disfruta y no pienses más, vive este presente hermoso, es tu regalo de Navidad.
Si de algo te sirve, cuenta con el cariño de
Kasioles

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