Cuando yo era pequeña...

En televisión hay un canal de cocina donde todo son recetas. Y uno de esos programas trata de cocina hecha en los pueblos, posiblemente únicos lugares donde aún se mantienen algunas tradiciones y guisos. Y viendo uno de esos espacios "de pueblo" me he encontrado con que la cosa iba de crestas, patas y otras cosas de gallos y gallinas... de ahí lo de "cuando yo era pequeña".

Han puesto al fuego patas de gallo para luego poder pelarlas y automáticamente he visto a mi madre haciendo lo mismo. Porque por aquellos tiempos a lo más que se llegaba en las casas que eran como la mía era, los días de mercadillo (ese de frutas, verduras y antes incluso pollos, conejos, mascotas...), comprar algún que otro pollo o conejo... vivo... y aprovecharlo absolutamente todo. Porque no es como ahora que cuando lo compramos, bien en bandeja o al corte, ya viene limpio de polvo y paja, incluso de piel. En aquellos años de mucha escasez, todo servía para alimentar a la familia, con la grandiosa imaginación de nuestras madres que disfrazaban constantemente lo que jamás hubiéramos comido.

Y como decía, las patas y cresta de la gallina (el gallo sólo caía en Navidad) se ponían al fuego y las primeras luego se pelaban. ¿Que ahí no había carne?. Ya, pero servía para el caldo de ese increíble cocido que se tiraba toda la mañana del domingo guisándose en una inmensa olla "de las colorás".

No me había acordado nunca de esas patas. Ni de los lloros de mi hermano y yo cuando intuíamos que llegaba el momento en que mi madre mataba al pollo o al conejo que "vivía" dentro de la bañera. Recuerdo que entonces nos contaba que se había escapado por la ventana, y nosotros nos pasábamos horas mirando por ella a ver si veíamos al animalito. Yo tendría ocho o nueve años, mi hermano cinco o seis.

Es increíble cómo de pronto surgen recuerdos de esa niñez que para nosotros fue feliz por la ignorancia, y para nuestros padres tan difícil. Parece mentira que en tan poco tiempo (porque es poco) haya cambiado todo tanto.

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