Plasty

Nunca pensé que volvería a abrir este blog y menos aún para escribir sobre Plasty, mi precioso gato atigrado gris y blanco.


Llegó a casa un 4 de noviembre del 2005; tenía unos nueve meses y acababa de caer de la galería del segundo piso al tejado de uralita de mi patio. Mi madre y yo escuchamos el tremendo ruido y salimos a ver... porque una manta no era, seguro. Y allí estaba él, maullando y tan asustado que no hubo forma de cogerlo en ocho horas. En ese momento no supimos desde dónde había caído.

A la mañana siguiente, al ver que sangraba por el ano y pensando que tenía daño interno, lo lié en una manta y me lo llevé al veterinario más cercano, mientras mi madre se quedaba en casa gritándome que estaba loca por "gastar un dinero que no teníamos". El veterinario en cuanto le vió (estaba delgadísimo) empezó a reñirme que cómo tenía al gato tan desnutrido. Le aclaré que no era mío y nunca olvidaré su expresión... solamente le faltó gritarme como mi madre. Me dijo incluso que el gato estaba muy mal y que si encima no era mío... ni me molestara (estaba lleno de lombrices internamente). Insistí para que me diera un tratamiento y me dijo que volviera en dos semanas... con una cínica sonrisa en la que se le leía "se morirá antes". Cuando me volvió a ver, a los quince días, no salía de su asombro.

Nunca vinieron a buscarlo... ni yo pensaba devolverlo incluso cuando supe dónde había vivido hasta ese momento. Mi señora madre que ya había sufrido una fractura de cadera, amenazó con abrirle la puerta para que se fuera a la calle... y yo contesté que si lo hacía, ella iría detrás también a la calle. A fin de cuentas vivía en mi casa.

El pasado 4 de febrero cumplió 13 años de lo que prometía ser una larga vida juntos.

Mis padres siempre tuvieron gatos, principalmente gatas que suelen ser más obedientes y cariñosas, pero constantemente he dicho que Plasty era el mejor gato, siendo macho, que ha pasado por la casa paterna y la mía. No se puede ser más bueno, más obediente, más cariñoso, más dulce, más noble.

A poco de llegar me adoptó. Sí, él a mí y a partir de ese momento fui su adoración y él la mía. Una vez alguien, en su completa estupidez, dijo que yo tenía preferencias hacia Tara, mi perrita, algo que aparte de no ser cierto daba muestras de la necedad de algunas personas, principalmente porque les quiero a los dos... pero mi Plasty era muy especial. Mucho.

Ya llevaba un tiempo "raro". Le cambió algo el carácter y comenzó a adelgazar, pero seguía comiendo, jugando y siendo él por lo le cambié el pienso para que estuviera más acorde con su edad y por evitar posibles problemas de los felinos al ir haciéndose mayores.

Pero la semana pasada algo pasó. Andaba mucho más despacio, sólo quería estar conmigo; si pedía salir al patio tenía que ir con él porque si no se volvía a casa... empezó a comer menos, él que siempre había sido un glotón...

Y el jueves, sin más aviso... dejó de comer. Ahí sí que me asusté. Llamé por teléfono al veterinario y me dijo que le quitara el pienso y le diera dieta blanda; que sería una indigestión posiblemente, algo que había comido... supe que no era eso porque Plasty no comía absolutamente nada que no le diera yo. Empezó a decaer y lo de estar conmigo era ya obsesión: tenía que verme siempre; mi perra se quedaba en la puerta de la cocina sin entrar mientras el gato se sentaba a centímetros de mí. Algo no iba bien pero empecé con la dieta blanda. No quiso nada.

El domingo por la tarde dejó de beber. Donde lo ponías, se quedaba. No se movía.

El lunes a primera hora de la mañana le llevé al veterinario. El análisis de sangre fue catastrófico: tenía un riñón completamente parado y el otro iba como podía. Se le hicieron más pruebas, todas con idénticos resultados. Con su edad y con la gravedad de su estado se podía intentar una diálisis de urgencia pero sin ninguna garantía. Incluso podía no superarla.

Durante toda la noche del domingo en que nadie durmió en mi casa, tuve tiempo para "prepararme" ante lo que podía pasar. Pero ¿cómo te preparas?.

La diálisis era mucho sufrimiento para él, su estado era terminal y podía vivir un día, una semana o un mes... mientras todo su pequeño cuerpo se paralizaba. Al no comer ni beber ya, la medicación vía oral no era viable. No había opciones porque siempre he tenido claro que a mis mascotas, si no hay solución al final, no se les aplica nada. Tenía que decidir qué hacer. Y decidí lo mejor para él.

El pasado lunes 23 de abril, día de San Jordi, de San Jorge, día del libro, de la rosa... mi Plasty murió en mis brazos. Tenía 13 años y dos meses. Era el mejor gato del mundo y todavía no he podido parar de llorar. Jamás, y me da igual lo que cada cual piense, he tenido tanta pena y he llorado tanto sin que haya nada que me pueda consolar. He visto morir a mis padres, me han detectado un cáncer y me salvé del segundo, me han abandonado de la manera más miserable... y nunca hasta lo de Plasty, he tenido tanta pena y he echado tanto de menos a alguien.

Y lo malo es que ahora tengo que ocuparme de mi perrita... que no está bien, eso sin contar con que te rompe el alma ver cuando de pronto sale corriendo a mirar donde el gatito pasaba las tardes. ¿Cómo se lo explicas?.

He tenido que parar varias veces para escribir porque no veía la pantalla. Quería poner su foto aquí, pero no soy capaz: verlo y querer morirme es todo uno.

Plasty llevaba el nombre de un precioso pastor alemán que murió atropellado. De verdad que jamás habrá un gato más bueno que él. Jamás.

Quitar su plato con el último pienso que no comió ha sido... Todavía no he podido retirar su cajón, su manta... sus cosas. Toda la casa está llena de él. Y la mirada de mi perra cuando no lo encuentra es...

No creo que haya un lugar para las mascotas; mi padre le llamaba "cielo para los animales", y no lo creo ni lo quiero, porque cuando yo me vaya quiero encontrar a mi Plasty y cuando llegue su momento a mi Tara. Más que ellos no hay nadie que me haya querido, y yo a ellos. Y sin condiciones.

Dios ¿cómo se puede parar de llorar?