Tara

Mi preciosa shih-tzu, hoy cumples once años pero qué distinto pensábamos las dos que iba a ser el día de hoy ¿verdad?. Yo aún no consigo parar de llorar por Plasty... y tú estás tan triste que todavía miras la mesa donde se ponía a comer.

Hoy es tu cumpleaños mi pequeño trasto, pero no es un día feliz para las dos. Y a todo eso tampoco estás bien... comes si yo te lo doy, y no sé qué te pasa. No voy a explicar aquí los problemas que tenemos ¿verdad que no?, pero que sepas que me tienes muy preocupada. No puedo perderte a tí también. No puedo.

Lo siento, hoy es tu día y ahora que duerme y mientras escribo algo que no leerás nunca, estoy llorando de nuevo. Echo tanto de menos a tu hermano, tanto.

Mi Tara. No sabes lo que ha pasado pero sí entiendes que algo ha cambiado. Sí sabes que no está. Y me rompes cuando no puedo más y vienes, te aúpas y me miras con esos enormes ojos negros.

Una vez hace siete años pedí a un Dios en el que no creo que si alguna vez volvía a enfermar de cáncer, si ese futuro no tenía solución, que me diera tiempo para hacer lo que tenía que hacer con vosotros; que no dejara que os quedárais aquí sin mí... porque nadie os quería. Es complicado saber, y yo lo supe, que lo único que tenía, a vosotros, nadie es quería si yo faltaba. Ahora sólo me quedas tú y encima no está bien. No creo en las previsiones, en los augurios pero...

Y sé que si a tí, mi Tara, el único amor que me queda, te pasa algo... ¿qué me quedará salvo seguir llorando?.

Mi padre decía que tenía que haber un cielo para los animales y que él cuando tuviera que irse quería ir allí. Creo que no hay más que decir.

Feliz cumpleaños Tara. Gracias por quererme tanto.