24 de agosto

Hoy es mi cumpleaños. Cada vez estoy más cerca del final y mucho más de lo que implique cumplir años. Sólo mi pequeña perrita lo impide... de momento. Un cumpleaños más donde ya ni la soledad importa... solamente la pena y el querer que todo ésto termine.

Nunca pensé llegar a esta edad y menos cuando hace siete años me detectaron el cáncer y dos años después tuve un nuevo susto. Pero hoy, por primera vez, me he dado cuenta que "esto" se acaba, que con un poco de suerte puedo tener unos años aún buenos, entendiendo como tales gozar de autonomía propia. Soy consciente desde hace ya algún tiempo que la vitalidad no existe, que las fuerzas son cortas y que aunque la mente tenga lapsus de olvidos, quien manda es el cuerpo. Hace siete años aprovechaba la media hora en que mi madre, ya encamada, se dormía, para ir corriendo al supermercado a comprar algo... y aún me sobraba tiempo... y cuando digo corriendo, quiero decir corriendo. Ahora es todo muy distinto, mucho. Sé cuáles son mis limitaciones y procuro no agravarlas. Y no es que la edad, la mía, sea excesivamente exagerada, pero las secuelas de los tratamientos (que ya me pillaron "mayor"), han hecho mucho daño por dentro.

Ya he dejado de llenarme de impotencia porque mi mente llega pero mi cuerpo no. Y ya ni siquiera la coquetería de esconder la edad, algo que resulta ridículo a estas alturas aunque muchos sigan creyendo que son más jóvenes por no decirla, importa demasiado.

He vivido una vida complicada porque creyendo que lo me inculcaron de que todo el mundo es bueno era cierto, he dado segundas y terceras oportunidades a quienes no las merecían, y he dejado incluso que mintieran sabiendo que mentían.

Me siento tan mayor, tan cansada...Lo he dicho toda mi vida: cuando alguien pierde la ilusión por las cosas y las gentes, cuando pierde la capacidad de emocionarse y de asombrarse... aunque siga respirando, habrá muerto.


NOTA:
Se me olvidaba. Gracias a quienes durante años, de forma esporádica o continuada, han ido pasando por este blog. Catorce años de mi vida se han ido plasmando en él, aunque la mayoría de todo lo contado se ha ido eliminando por distintas causas; de ahí que haya tan poco escrito y ningún comentario. Se aprende a vivir en soledad hasta en un blog.

Cuando te encoges de hombros

Dicen los que saben de estas cosas que todo pasa en la vida, incluso lo peor. Mi teoría personal, desde que era una niña, es que cuando perdiera la ilusión por las cosas, por aprender incluso, cuando todo me diera igual en definitiva, habría muerto aunque respirara. Ahora mismo lo único que evita que mis pensamientos vayan a lugares contrarios a la vida, es una pequeña shih-tzu de piel canela y blanca, que dormita en su cuna y que en cuanto me mueva saltará de ella para ir detrás y delante de mí.

Es curioso cómo puede cambiar un pequeño animalito de apenas cuatro kilos, cuando además tiene ya once años con lo que está, al igual que yo, más cerca del final que del principio. Los primeros tiempos en que dejamos de ser tres, corría por toda la casa aupándose en los lugares habituales donde "el otro" se ponía a tomar el sol, comía, o simplemente estaba, también, cerca de mí. Porque no nos engañemos: son ellos, siempre, quienes nos adoptan a nosotros y no al revés. No quiero ni nombrarle porque estoy empeñada en terminar de escribir sin llorarle una vez más... aunque cada letra me cuesta más y el nudo en la garganta y los ojos empañados no ayudan.

Pasado mañana hará ya cuatro meses... y todavía le siento, aunque únicamente esté en una vitrina, pura ceniza. Siempre diije que yo nunca, jamás, tendría cenizas de nada ni de nadie... perol tenía que saber dónde estaba y qué mejor que en su casa... conmigo. No sé si por él o por mí, pero eso no importa.

Pero a lo que iba, que ya estoy de nuevo al límite del llanto. Sé que muchos no lo entienden, pero es algo que me da igual. Como todo ya.

Y a eso iba al principio. Que volviendo a lo que siempre he pensado, eso de que cuando todo deje de importante, habrás muerto aunque respires. Siempre he sido capaz de asombrarme con cosas que muchas veces no se entendían: una imagen... la que fuera, una sonrisa, una mirada, una palabra... un libro, una película... Todo me podía llegar a enamorar, a entusiasmar... incluso proyectos difíciles de cumplir, bien por edad, por salud o por lo que fuera. Pero aún así los tenía. Tengo, y no es broma, más de veinte mil libros pendientes de leer, de esos a los que les pones una señal o simplemente colocas al principio de tu lector, por aquello de darles esa prioridad; tener, lo que se dice tener, entre lista de espera digital y físicos andaré por los cincuenta mil. Y un día, antes de todo ésto, pensé que ni con dos vidas más me daría tiempo a leer esos veinte mil... pero todo era proponérselo ¿no?... me decía.

Todo eso y mucho más ha cambiado. Enciendo la tele y me quedo mirándola; al rato ha terminado la película, la serie o lo que sea... y sigo mirándola. El libro lo retomo por dónde lo dejé, paso páginas y lo cierro sin saber de qué hablan. Cuando ya no puedo más con el día o la noche, sencillamente me duermo llorando hasta que de nuevo abro los ojos y abrazo a mi perrita, porque parece que lo entienda porque ya no protesta y se deja; de vez en cuando incluso me muerde con suavidad los dedos para que juegue con ella, a lo mejor en un intento de que salga del pozo. En realidad es lo único ahora mismo que consigue que ande y respire. Es la única con la que hablo y que me hace reir con sus trastadas... y eso que no está bien y no le encuentran lo que tiene. El día que me falte, y cada vez queda menos... yo también me iré. Así de simple. Sin molestar, sin hacer ruido, pero sé que será...Si ahora aguanto como puedo es por ella. Después... la nada. Y en la nada me iré. No amenazo, no aviso... porque ni tengo a quien y porque da igual; simplemente lo digo en voz alta donde nada va a poder impedirlo.

Tengo revisión del cáncer dentro de poco, pero no me preocupa si sale bien o no. Sólo sé que tengo que vivir mientras Tara viva. Hasta ahí.

Alguien, supongo que en su buena fe dirá que no hay nada comparable a la muerte de un padre, una madre, un hijo... Supongo que es verdad. Empatizo con ese pensamiento, pero no entiendo por qué nadie comprende que la marcha de un gato (algunos en su ignorancia y desfachatez) añaden "simple gato") con el que has vivido trece años, que ha sido, además, el gato más bueno que ha habido en mi casa... y ha habido siempre, pueda llegar a ser un dolor tan grande, tanto, tanto... que no puedes con él. Ya estoy llorando otra vez.

8 de agosto

Hoy era el cumpleaños de mi padre. Hace ya muchos años que se fue, pero hay días, fechas, que es complicado sujetar los recuerdos.

He abierto el ordenador sin intención de volver a escribir aquí, y sin saber bien para qué lo encendía, y nada más hacerlo me encuentro con hoy es también... el Día del Gato. No puede ser más difícil terminar con este día, porque encima hay mucho imbécil que no entiende que puedas seguir sin poder con la pena por un gato después de tantos meses, y que cree que la solución es tener otro, o sencillamente creen que estás exagerando. Y menos mal que ni siquiera molesto a nadie.

Felicidades papá.

Te extraño mucho Plasty. Ojalá pudiera recordarte sin llorar.