Cuánto miedo, Dios, cuánto miedo!

Es duro asumir que un día tan importante para mí no le importe a nadie más. Es duro, muy duro, que el día en que unos resultados, una revisión médica en que te puede volver a cambiar la vida, únicamente tu miedo y tú sean los únicos que lo saben. Es duro, más que duro, darte cuenta hasta qué punto puede llegar la soledad.


Ayer hubo un pequeño incendio en una vivienda cercana a la mía. Bomberos, muchos bomberos acudieron; policía... incluso una ambulancia que luego no hizo falta. Y al final de todo (quedó en un gran susto) la imagen de un pobre hombre desolado que casi gritaba que se había quedado sin nada y que ni siquiera tenía dónde ir. Al parecer no tenía familia. Ante tal bullicio muchos salimos a la calle porque no sabíamos qué pasaba, y por ello pude escuchar a aquel hombre. Era inevitable verme reflejada, porque si algo así me pasara... yo tampoco tendría dónde ir. Claro que tengo "familia": hermano, primos, sobrinos... y todos viviendo en mi misma ciudad, pero la familia te toca... no la eliges. La única persona que se preocupa de si estoy viva o muerta de vez en cuando se ha ido unos días de viaje...

Hoy han encontrado a un hombre mayor, tirado en el suelo de su casa. Se había caído. Llevaba cinco días. Unos vecinos "le han echado en falta" y han llamado a la policía. Menos mal. Yo tengo once vecinos y ni siquiera se dan cuenta que ya no salgo al patio.

En fin, es lo que hay y no hace falta que seas una mala persona para tener esta situación personal. Pero lo del primer párrafo... está resultando complicado vivir este año con eso, con ese día avanzando y no saber dónde meter tanto miedo a los resultados. Muy complicado.

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