El derecho de Carmen Sevilla

No suelo escribir sobre famosos, porque más bien sus vidas y milagros me importan poco. Más o menos lo mismo que yo les importo a ellos. Pero siempre está la excepción. 


Leo en prensa que mañana Carmen Sevilla, la actriz, presentadora, cantante, cumple 90 años. Felicidades aunque no sepa qué significa. Desde el 2013 padece alzheimer. 


Leo también en prensa que muchos, de esos famosos también, andan algo enfadados con el hijo de la artista (Augusto Algueró), porque, ingresada su madre en una residencia cuando ya era patente para propios y extraños que algo no iba bien, la ha mantenido alejada de todo y de todos. Y se le critica (al hijo) por eso: por no permitir visitas de nadie, por no permitir fotografías... por no dar información sobre ella... por nada, resumiendo. 


Es muy fácil, mucho, juzgar al hijo por proteger de forma férrea la imagen y el estado de Carmen... pero es lo que debe hacer. Porque nadie, absolutamente nadie, tiene el derecho al morbo en situaciones como la que nos ocupa, y el único con todos los derechos a decidir es su hijo. Y sé de lo que hablo. Mi madre también tuvo alzheimer durante diez años y salvo en una cosa, en una sola (su ingreso en la residencia donde murió y que se produjo por razones que ahora no vienen a cuento), todo lo que la concernía fue asunto exclusivo mío y de nadie más.


Porque no olvidemos una cosa: el cáncer, en su camino devastador hacia el final, degrada el cuerpo pero no la mente. Pero el alzheimer en ese mismo camino, lo degrada todo hacia extremos que sólo quien lo ha visto en un ser querido sabe: olvida hasta lo más elemental, olvida hasta lo más querido. Bastante pena tendrá su hijo de verla así, para que encima tenga que aguantar que otros, queríendola o no, comercien con su imagen de la forma que sea, incluso con la mejor voluntad. 


Por eso ya no es el derecho de Carmen Sevilla a su intimidad más absoluta, si no el derecho de su hijo a protegerla cuando ella ya no puede. Todo lo demás, sobra. 


Y ojalá, y sé bien de qué hablo, el resto del camino sea lo más corto posible, porque ni eso es vida ni nadie merece recordar a su madre de esa forma. 


  

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