23 de mayo

Hoy es 23 de mayo, un día que siempre ha sido complicado, muy complicado. Hasta ahora esa fecha era de apretar el corazón, el mío claro. Tal día como hoy pero hace siete años me detectaron el cáncer que cambió mi vida por completo; como cuando le das la vuelta a un calcetín.

En ese momento yo andaba inmersa en la locura de cuidar a mi madre, ya encamada por un alzheimer que duraba siete años y sin más ayuda que mis manos y mis posibilidades. Supongo que mi cuerpo dijo "basta" y se enfadó.

Y entonces el cáncer asomó. Cirugía, quimioterapia, radioterapia, medicación, de nuevo cirugía... y la más tremenda soledad... o eso creía. Quien era mi pareja salió corriendo con toda la cobardía en sus pies, porque según dijo "no podía" con MI enfermedad; y eso que aún no había empezado ni los tratamientos ni sus secuelas. Pensé que no se podía tener más pena. ¡Qué equivocada estaba!.

Pero hoy también hace un mes que mi mascota, mi Plasty... se fue.

Y esa pena puede con todo lo demás. Llevo más de media hora intentando escribir. Sé que tengo que "sacarlo" o me moriré yo también y la única forma es aquí. Ni siquiera el cariño de mi perrita Tara consigue que pare de llorar.

Un mes ya. He puesto una planta en la mesa donde comía, he quitado la silla donde dormía durante el día... da igual. Abro la puerta del patio para que "salgan"... y cuando Tara vuelve todavía llamo a mi gato para que entre. Todavía les pongo la comida... a los dos. Aún cuando me siento en el sofá pongo sobre mis piernas en alto su sábana... para que se suba. Todavía le oigo maullar... le busco... le llamo...

Era el gato más bueno, más obediente, más dulce del mundo. Merecía haber vivido no veinte años, si no treinta con una vejez suave y una muerte durmiendo. No merecía este final.

No puedo seguir escribiendo, no puedo.


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Tara

Mi preciosa shih-tzu, hoy cumples once años pero qué distinto pensábamos las dos que iba a ser el día de hoy ¿verdad?. Yo aún no consigo parar de llorar por Plasty... y tú estás tan triste que todavía miras la mesa donde se ponía a comer.

Hoy es tu cumpleaños mi pequeño trasto, pero no es un día feliz para las dos. Y a todo eso tampoco estás bien... comes si yo te lo doy, y no sé qué te pasa. No voy a explicar aquí los problemas que tenemos ¿verdad que no?, pero que sepas que me tienes muy preocupada. No puedo perderte a tí también. No puedo.

Lo siento, hoy es tu día y ahora que duerme y mientras escribo algo que no leerás nunca, estoy llorando de nuevo. Echo tanto de menos a tu hermano, tanto.

Mi Tara. No sabes lo que ha pasado pero sí entiendes que algo ha cambiado. Sí sabes que no está. Y me rompes cuando no puedo más y vienes, te aúpas y me miras con esos enormes ojos negros.

Una vez hace siete años pedí a un Dios en el que no creo que si alguna vez volvía a enfermar de cáncer, si ese futuro no tenía solución, que me diera tiempo para hacer lo que tenía que hacer con vosotros; que no dejara que os quedárais aquí sin mí... porque nadie os quería. Es complicado saber, y yo lo supe, que lo único que tenía, a vosotros, nadie es quería si yo faltaba. Ahora sólo me quedas tú y encima no está bien. No creo en las previsiones, en los augurios pero...

Y sé que si a tí, mi Tara, el único amor que me queda, te pasa algo... ¿qué me quedará salvo seguir llorando?.

Mi padre decía que tenía que haber un cielo para los animales y que él cuando tuviera que irse quería ir allí. Creo que no hay más que decir.

Feliz cumpleaños Tara. Gracias por quererme tanto.


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Plasty

Nunca pensé que volvería a abrir este blog y menos aún para escribir sobre Plasty, mi precioso gato atigrado gris y blanco.

Llegó a casa un 4 de noviembre del 2005; tenía unos nueve meses y acababa de caer de la galería del segundo piso al tejado de uralita de mi patio. Mi madre y yo escuchamos el tremendo ruido y salimos a ver... porque una manta no era, seguro. Y allí estaba él, maullando y tan asustado que no hubo forma de cogerlo en ocho horas. En ese momento no supimos desde dónde había caído.

A la mañana siguiente, al ver que sangraba por el ano y pensando que tenía daño interno, lo lié en una manta y me lo llevé al veterinario más cercano, mientras mi madre se quedaba en casa gritándome que estaba loca por "gastar un dinero que no teníamos". El veterinario en cuanto le vió (estaba delgadísimo) empezó a reñirme que cómo tenía al gato tan desnutrido. Le aclaré que no era mío y nunca olvidaré su expresión... solamente le faltó gritarme como mi madre. Me dijo incluso que el gato estaba muy mal y que si encima no era mío... ni me molestara (estaba lleno de lombrices internamente). Insistí para que me diera un tratamiento y me dijo que volviera en dos semanas... con una cínica sonrisa en la que se le leía "se morirá antes". Cuando me volvió a ver, a los quince días, no salía de su asombro.

Nunca vinieron a buscarlo... ni yo pensaba devolverlo incluso cuando supe dónde había vivido hasta ese momento. Mi señora madre que ya había sufrido una fractura de cadera, amenazó con abrirle la puerta para que se fuera a la calle... y yo contesté que si lo hacía, ella iría detrás también a la calle. A fin de cuentas vivía en mi casa.

El pasado 4 de febrero cumplió 13 años de lo que prometía ser una larga vida juntos.

Mis padres siempre tuvieron gatos, principalmente gatas que suelen ser más obedientes y cariñosas, pero constantemente he dicho que Plasty era el mejor gato, siendo macho, que ha pasado por la casa paterna y la mía. No se puede ser más bueno, más obediente, más cariñoso, más dulce, más noble.

A poco de llegar me adoptó. Sí, él a mí y a partir de ese momento fui su adoración y él la mía. Una vez alguien, en su completa estupidez, dijo que yo tenía preferencias hacia Tara, mi perrita, algo que aparte de no ser cierto daba muestras de la necedad de algunas personas, principalmente porque les quiero a los dos... pero mi Plasty era muy especial. Mucho.

Ya llevaba un tiempo "raro". Le cambió algo el carácter y comenzó a adelgazar, pero seguía comiendo, jugando y siendo él por lo le cambié el pienso para que estuviera más acorde con su edad y por evitar posibles problemas de los felinos al ir haciéndose mayores.

Pero la semana pasada algo pasó. Andaba mucho más despacio, sólo quería estar conmigo; si pedía salir al patio tenía que ir con él porque si no se volvía a casa... empezó a comer menos, él que siempre había sido un glotón...

Y el jueves, sin más aviso... dejó de comer. Ahí sí que me asusté. Llamé por teléfono al veterinario y me dijo que le quitara el pienso y le diera dieta blanda; que sería una indigestión posiblemente, algo que había comido... supe que no era eso porque Plasty no comía absolutamente nada que no le diera yo. Empezó a decaer y lo de estar conmigo era ya obsesión: tenía que verme siempre; mi perra se quedaba en la puerta de la cocina sin entrar mientras el gato se sentaba a centímetros de mí. Algo no iba bien pero empecé con la dieta blanda. No quiso nada.

El domingo por la tarde dejó de beber. Donde lo ponías, se quedaba. No se movía.

El lunes a primera hora de la mañana le llevé al veterinario. El análisis de sangre fue catastrófico: tenía un riñón completamente parado y el otro iba como podía. Se le hicieron más pruebas, todas con idénticos resultados. Con su edad y con la gravedad de su estado se podía intentar una diálisis de urgencia pero sin ninguna garantía. Incluso podía no superarla.

Durante toda la noche del domingo en que nadie durmió en mi casa, tuve tiempo para "prepararme" ante lo que podía pasar. Pero ¿cómo te preparas?.

La diálisis era mucho sufrimiento para él, su estado era terminal y podía vivir un día, una semana o un mes... mientras todo su pequeño cuerpo se paralizaba. Al no comer ni beber ya, la medicación vía oral no era viable. No había opciones porque siempre he tenido claro que a mis mascotas, si no hay solución al final, no se les aplica nada. Tenía que decidir qué hacer. Y decidí lo mejor para él.

El pasado lunes 23 de abril, día de San Jordi, de San Jorge, día del libro, de la rosa... mi Plasty murió en mis brazos. Tenía 13 años y dos meses. Era el mejor gato del mundo y todavía no he podido parar de llorar. Jamás, y me da igual lo que cada cual piense, he tenido tanta pena y he llorado tanto sin que haya nada que me pueda consolar. He visto morir a mis padres, me han detectado un cáncer y me salvé del segundo, me han abandonado de la manera más miserable... y nunca hasta lo de Plasty, he tenido tanta pena y he echado tanto de menos a alguien.

Y lo malo es que ahora tengo que ocuparme de mi perrita... que no está bien, eso sin contar con que te rompe el alma ver cuando de pronto sale corriendo a mirar donde el gatito pasaba las tardes. ¿Cómo se lo explicas?.

He tenido que parar varias veces para escribir porque no veía la pantalla. Quería poner su foto aquí, pero no soy capaz: verlo y querer morirme es todo uno.

Plasty llevaba el nombre de un precioso pastor alemán que murió atropellado. De verdad que jamás habrá un gato más bueno que él. Jamás.

Quitar su plato con el último pienso que no comió ha sido... Todavía no he podido retirar su cajón, su manta... sus cosas. Toda la casa está llena de él. Y la mirada de mi perra cuando no lo encuentra es...

No creo que haya un lugar para las mascotas; mi padre le llamaba "cielo para los animales", y no lo creo ni lo quiero, porque cuando yo me vaya quiero encontrar a mi Plasty y cuando llegue su momento a mi Tara. Más que ellos no hay nadie que me haya querido, y yo a ellos. Y sin condiciones.

Dios ¿cómo se puede parar de llorar?

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