Más seguridad en Madrid

Hay noticias que las lees y no pasa nada; hay otras en cambio que con un mínimo de memoria que tengas, empiezas a hilvanar y te mueven algo que podría llamarse preocupación.

Hace unos días leí en prensa que se están viendo más policías patrullando en Madrid (España), pero no policías locales, si no "de los otros", nacionales vamos. Y cuando se dicen "más" quiere decir generalmente que se ven "mucho". La noticia en sí pasó casi desapercibida en mi mente.

Después, y en días sucesivos leí que edificios emblemáticos y oficiales presentaban más vigilancia.

Y por último hoy mismo se puede leer que se prohibirán grandes camiones durante la Cabalgata de Reyes y donde haya mercadillos navideños.

Juntando todo eso y sin ganas de alarmar a nadie, pero siendo coherentes con lo que está pasando... algo pasa. Algo saben que no sabemos.

Pero voy a ir un poco más allá, siempre bajo una opinión personal. Últimamente, cuando ha habido un atentado terrorista siempre se me ha ocurrido la misma idea: atacan en Francia donde los cuerpos y fuerzas de seguridad están alertas; atacan en Alemania, donde también están alerta; en Bruselas donde más de lo mismo. Hablan en sus comunicados de que quieren recuperar Al-Andalus... y no atacan España. Algo no me cuadra. Sí, ya sé que dicen que tenemos la mejor policía del mundo y no lo dudo, pero todos sabemos que, a lo mejor, repito: a lo mejor... sería mucho más sencillo...

No sé, igual me estoy pasando, pero es lo que pienso cada vez que hay un atentado, y no es que quiera que pase nada aquí, para nada, pero... algo no me cuadra.

Pero volvamos a lo de más vigilancia, más precauciones... menos coches por la contaminación (¿ahora precisamente?)... Ojalá todo sea fruto de una tontería subliminal mía y todo quede en un "me parece", pero es cuando sacan pecho (los buenos, los nuestros) siempre es para farolear, pero cuando hacen las cosas así, sin querer que se note, sin presumir... no sé, me preocupan.

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Mi gato tenía frío

Ya sé que lo que voy a contar a algunos les escandalizará e incluso argumentarán que tengo muy poca vergüenza con tanto niño y adulto pasando frío por ahí fuera, pero aún así lo voy a contar.

Estos días de diciembre y con la extrema humedad que hay por estos lares, gota fría y ahora mismo nublado amenazando lluvia y encima con una casa sin ningún tipo de calefacción (eso ahora mismo es un lujo) y fría como una nevera abierta, mi gato sobre todo busca cualquier ocasión para que lo coja y abrace con el fin de estar algo más caliente. Va a cumplir 12 añazos y se nota que se ha hecho mayor... ojalá yo tuviera a quien arrimarme cuando tengo frío...

Pero no nos pongamos sentimentaloides y sigamos con la historia. El caso es que por todo lo anterior... duerme conmigo. Cuando me acuesto suele, primero jugar con mis pies hasta que le grito, y entonces se arrebuja pegadísimo a mí... naturalemente él sobre el edredón. La otra, la perrita, duerme según lo que llore y lo que yo me harte de oírla.

Total que esta mañana suena el despertador sobre las nueve de la mañana, ya que no tengo ninguna prisa, y cuando trato de incorporarme mi gato ni se mueve, algo raro en él puesto que enseguida se suele levantar y apartarse. Pero hoy no y me ha llamado la atención. Lo he acariciado, levantó su cara, dijo un "miau" y volvió a apretarse contra mí. "Plasty, que tengo que levantarme". Sí, ya sé que alguien dirá que es tontería hablarle a un gato porque no entiende; eso lo dice porque no tiene uno.

Insisto: "Plasty, venga que tenemos que levantarnos". Ya ni me contesta y ahí empiezo a asustarme. Le obligo a apartarse, me siento en la cama, y le miro. Se acerca y empiezo a tocarle la barriga, el lomo, la cabeza mientras no dejo de mirarle. Algo le pasa, pienso. Él se deja hacer mientras vuelve a apretarse contra mí. Más asustada que otra cosa le susurro: "qué te pasa?". Y le sigo tocando intentando saber si le duele algo. Tara me mira expectante.

Solamente quienes tengan una mascota comprenderán sin reirse y sin tomarme por una exagerada lo que voy a decir: estaba realmente asustada porque sé que tiene que pasar, pero si le pasa algo a mi Plasty...

De pronto ha saltado literalmente sobre mí, colocándose encima. Ante ese inesperado brinco me he ido hacia atrás quedando de nuevo acostada con el gato prácticamente sobre el pecho. Me miraba con esos ojos que tanto conozco. Estaba claro que me decía algo pero yo, torpe de mi, no le entendía.

Acariciándole la cabeza y mientras él seguía encima, he notado terriblemente frías sus orejas. He pensado a toda prisa... y le he tocado las almohadillas de sus patas; estaban más frías todavía. Le he vuelto a tocar la barriga. Y de pronto lo he visto claro. ¿Cómo no me he dado cuenta antes?.

Son casi las doce de la mañana y mi gato sigue como lo he dejado a las nueve: sobre el edredón pero en el calentito hueco donde estaba yo, y tapado con una esquina de ese edredón. Tiene casi doce años y como cualquier mayor, humano o animal... estaba muerto de frío. Por eso no quería que me levantara: porque se le iba su fuente de calor.

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Carta a los burros

En esta ocasión los burros no son esos simpáticos animalitos de cuatro patas tipo Platero (que visto lo visto, muchos no sabrán ni quién es), si no algunos que se llaman seres civilizados.

Está bien, porque el espectro opinable es y tiene que ser muy amplio, que uno no sepa quién es/era George Michael; incluso está bien que conociéndole, no te gustara porque para gustos los colores. Pero hablar como se está hablando, sobre todo en idioma español, de la muerte de este cantante británico, icono de toda una época, y que murió ayer a los 53 años ya roza el absurdo más absoluto. Y digo lo de en idioma español porque no me he preocupado y ocupado aún de lo que dicen en otros.
Georgios Kyriacos Panayiotou (George Michael) nació el 25 junio 1963 en Reino Unido; falleció el día de Navidad del 2016

Ahora resulta, y casi cito textualmente, que como George Michael tuvo neumonía en el 2011... y la neumonía se produce por una bajada de defensas (???)... y como encima era gay... pues nada, que el hombre ha muerto de sida. Y se quedan tan panchos.

O sea, yo que tengo cáncer, y también tengo las defensas por los suelos, como se me ocurra coger una neumonía será que tengo VIH. De cajón.

Pero es que rizan el rizo de la tontería subliminal, porque algunos ante el hecho de que no se haya dicho oficialmente de qué ha muerto, ya dan por hecho de que al ser gay... es por sida. Y no hay más. Como si el VIH no se pudiera contagiar de otra forma: yendo de putas, teniendo sexo sin protección, por una transfusión, por el pinchazo de una jeringuilla, por tener un amante que no tiene la obligación de serte fiel... No, de todo eso nada; simplemente si eres homosexual y te mueres es de sida. Como si el VIH no fuera contagiable a machos muy machos o a hembras muy hembras (sobre todo a los primeros).

Entiendo que una generación más joven no sepa quién era/fue George Michael, lo entiendo porque yo no tengo ni pajorera idea de quiénes son los que ahora molan tanto, pero lo que ya me cuesta es que eso sea opinión generalizada, porque un hombre que no hace tanto vendió cien millones de discos no es cualquiera ni lo hace cualquiera. Repito que te podrá gustar o no, esa es otra cosa, pero es como decir que no sabes quiénes fueron los Beatles, o Madonna o que nunca has oído hablar de "Cantando bajo la lluvia". Es que son iconos de toda una época!!!. A no ser que salvo el instante actual del minuto "ahora mismo" del día de hoy... no sepas absolutamente nada de nada. Porque entoces, y disculpas a Platero... eres un burro de los de orejas grandes y cara a la pared. Y si es así, no opines de todo como si fueras una enciclopedia ambulante sin hojas. Si no sabes, al menos cállate y muestra respeto ante algo como la muerte. Por cierto: a ver si se acaba ya este 2016 que está siendo tremendo en cuanto a llevarse gente sin tener edad "oficial" para irse.

El vídeo que sigue es de malísima calidad pero es el único que he conseguido encontrar que da muestra de quién era George Michael en su tiempo, cuando aún no habían salido los Bisbal, Ricky Martin, Cheyenne y tantos otros que ahora cantan y bailan... como lo hacía él hace veinte años y "escandalizando" a todo el mundo adulto con sus movimientos, algo que ahora ya no resulta tan raro... El vídeo en sí resulta demasiado largo, así que no espero que nadie llegue al final pero... si alguien quiere desfrutar, de verdad, de la música que hacía este hombre... que vaya al segundo vídeo que es realmente soberbio.



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No es un feliz día de navidad

Algunos no entenderán lo que sigue, pero siempre hay un roto para un descosido. Esta mañana se ha estrellado un avión ruso con 92 personas a bordo, de ellos 64 eran componentes del Coro del Ejército Rojo incluídos los bailares. Hoy la música rusa en particular y la mundial en general está de luto, y cualquiera que haya escuchado y visto a estos hombres y mujeres cantando y bailando sabe de qué hablo. Al parecer los miembros de la orquesta no iban en ese avión. No hay supervivientes.

Poco importan ante un hecho así las ideas políticas de cada uno, que además nada tienen que ver con lo que ha ocurrido en esta mañana de Navidad. Y poco o nada importa también lo que cada uno piense sobre la URSS, sobre Rusia o sobre el comunismo. No estoy hablando de eso, si no de una pérdida irreparable.

A continuación un vídeo de poco más de seis minutos que muchos no verán completo... aunque deberían hacerlo si realmente quieren disfrutar. La primera música que se escucha es el preciosísimo himno ruso cantado por el coro del Ejército Rojo; si alguien se enardece ante las imágenes... solamente tiene que cerrar los ojos... y escuchar esta maravilla.



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Navidades

Es curioso cómo la mente navega por los recuerdos, los funde, hace un amasijo con ellos y por último... los vuelve a dejar donde estaban. Y no hay manera de evitarlo.

Cuando yo era apenas una niña y llegaban estas fechas, mi casa olía a pastas, a mantecados que hacía mi madre desde primera hora y que luego llevaba al horno de la panadería más cercana. También a compota, esa compota con vino tinto que evaporaba el alcohol al fuego, lleno de manzanas, pasas, ciruelas... y que aplacaba los excesos de la Navidad. Mi padre ponía el árbol lleno de luces y campanillas el domingo antes porque era el único día que no trabajaba, y mi madre se agobiaba gritándonos a todos que saliéramos de la cocina. Eran días de veladas amenazas mirando sin descaro a la chimenea por donde los Reyes Magos nos veían si éramos malos malísimos, amenaza que se adelantaba casi un mes antes por aquello de aprovechar la renta del miedo que nos provocaba que dejaran carbón.

Y luego la cena, llena de cosas imposibles durante el resto del año, no porque no hubiera turrón y mantecados, si no porque el sueldo de mi padre no llegaba a casi nada.

Pero éramos felices. No lo dudo: éramos felices.

Y de pronto se cruza, en esa memoria traidora, una de las peores Nochebuenas -o quizás la peor- de mi vida, cuando sentí, sin paliativos, lo que es darte cuenta que no tienes a nadie, ni familia ni nadie. Porque precisamente esa noche las familias se juntan, incluso las que hace tiempo no se ven. Pero yo no la tenía porque para unos eran más importante otros que yo, y porque los de mi sangre me habían olvidado. Recuerdo que lloré hasta no poder más al tiempo que me enrabiaba conmigo misma... por llorar. Caí en la cama destruida, derrotada y con una sensación de soledad que jamás he vuelto a tener. Aquella primera vez, aquella primera Nochebuena no fue la única, hubo más... pero a todo te acostumbras.

Y hoy, esta noche, esta Nochebuena, después de muchos años de rebelarme contra todo y contra todos, sin hacer extras, sin boato ni excesos, he conseguido estar en paz, no sé si con el mundo pero sí conmigo misma. Por primera vez he sonreído en Nochebuena. Y hacía años que no lo hacía... aunque he sido incapaz de sacar de la vitrina al precioso Niño Jesús que tengo. Quizás el año que viene pueda. ¿Por qué no?.

Rectifico: acabo de parar de escribir... y he sacado a mi Niño. Me ha producido una enorme ternura verle... después de tantos años teniéndole escondido.

Felices fiestas a la buena gente, a los que aún son capaces de emocionarse con algo o alguien, a quienes sonríen aún estando solos, y a aquellos que a pesar de todo... y de todos... siguen siendo. A quienes ¿por qué no? todavía creen en el espíritu de la Navidad.



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Siempre la luz a pesar de la muerte

A algunas personas nos cuesta más que a otras no sentir ciertas partes del pasado imbuídas en el presente, como si fueran un todo o casi. Cierto que mucho de lo que somos es debido a ese pasado, a vivencias que quedaron atrás pero que forman parte del presente. Dicen que de los errores se aprende, y posiblemente sea cierto, pero también lo es que el ser humano necesita tropezar más de una vez en el mismo punto, para aprender la lección. Y es que somos así de torpes.

Pero volvamos a eso del pasado, del mismo que en ocasiones nos hace ver distinto de lo que es, que nos nubla razones y sentimientos, y que nos convierte en peleles de nosotros mismos. Ese que consigue que otros seres, no más listos que nosotros pero sí más fríos, nos dominen aún desde la distancia e incluso desde su olvido... o su muerte.

Reconozco que me pueden los sentimientos, siempre ha sido así aunque antes conseguía meterlos en cualquier caja, cerrarlos e incluso tirar la llave. Con el tiempo bajas la guardia e incluso tienes la torpeza de pensar que es mejor que se te vea. Torpeza total. Jamás se debe bajar la guardia porque siempre, por mucho que nos empeñemos que no, el otro, el de enfrente... puede convertirse en enemigo.

Durante tanto que he olvidado si son años o siglos, he estado atada a recuerdos, a personas, a sensaciones y sentimientos. Pero a fuerza de soledad te das cuenta que todo eso y más únicamente lo sientes tú. Que al resto del mundo, el mismo que gira sin tí, le das igual. Exactamente igual. Pero aún así no puedes cortar ese cordón umbilical que te une, de forma invisible, a fantasmas.

Y un día, sin saber cómo ni por qué, coges las tijeras y cortas. No es un instante para ponerlo en rojo en el calendario y celebrar aniversarios después; tampoco algo que decidas y medites con tiempo. Simplemente cortas... porque sabes, lo sabes, que jamás volverás a aquéllo, no porque los fantasmas tengan otra vida y otro mundo... si no porque tú no quieres que vuelvan. Nunca. Jamás. Y sí se puede decir lo de nunca jamás.

Simbólicamente sería como cerrar una pesada puerta, sólo que esta vez la cierras sabiendo que lo haces y que ese "no" es definitivo. Porque no te hace falta nadie ya. Porque se han ido muriendo poco a poco, como tú... salvo que en el último momento te has cogido a lo único que podías y tenías: a tí misma. A lo único que jamás te fallará. A lo único que tendrás cuando mueras. A la única persona que realmente le importará tu muerte.

Y a esos fantasmas que un día se adueñaron de mi vida y la destrozaron... nada... porque nada son. Fueron, pero ya no son. Y no merecen más de lo que tienen.

Ya soy libre. Por fin.

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Te gustará

Antes de ver el vídeo, léeme. Está en polaco pero no te asustes; pon los altavoces y verás como... sabes polaco. Hazme caso.


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No, no somos iguales

Y mira que me da rabia escribir lo que sigue, pero no, no somos iguales hombres y mujeres en según qué cosas. No soy feminista, nunca lo he sido, pero sí defiendo la igualdad de los dos sexos en cuanto a derechos y obligaciones, pero ayer tuve que ceder ante algo que era incuestionable.

Resulta que me trajeron un paquete algo grande y de cierto peso. No es la primera vez y nunca ha habido ningún problema: el de la agencia lo sube hasta mi casa y punto. Pero ayer no. Ayer tuve que acompañar al del transporte hasta el furgón, esperar a que abriera la caja, sacara lo de dentro (que eran cuatro objetos) y entre los dos los llevamos a mi casa.

El transportista era una mujer que andaría por los treinta y tantos años. Tocó el timbre y me contó que ella sola no podía traer el paquete... porque pesaba mucho. Exactamente, luego lo miré, pesaba 27 kilos. Y tuve que ir con ella a ayudarla... con el problema que tengo actualmente para andar sin ningún apoyo...

Que no me quejo de haberla ayudado, pero mi defensa de la igualdad para todo, de que una mujer puede hacer cualquier trabajo... se me ha caído de plano. Porque no es verdad, y esa diferencia no es tampoco un mérito masculino, pero hay que reconocer que ellos tienen más fuerza, algo que lleva en sí incorporado su género. No considero que la chica sea floja, porque mirando las cajas que llevaba en el furgón, se gana el sueldo seguro y además no tiene por qué hacerse daño, pero sí es cierto que en ocasiones me han traído muchísimo más peso (prácticamente casi todo lo compro por Internet porque cada vez puedo menos), y jamás he tenido que bajar a ayudarles.

Lo que no me gustaría es que ante ese reconocimiento de una diferencia entre ambos sexos, ahora me salga algún machito sacando pecho, porque repito que el que tengan más fuerza que nosotras no es un mérito personal.

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Lenta, lenta, lentaaaaa justicia

Que la justicia es lenta estamos cansados de escucharlo, pero hay veces que parece que el rizo se riza sobre sí mismo. La cosa hoy va con que el Tribunal Supremo ha dictaminado que unos señores que en su momento defraudaron a Hacienda bajo la dirección del ya difunto José María Ruiz Mateos, la bonita cantidad de ocho millones de euros, devuelvan esa cantidad más la multa que se les impone de otros ocho, por lo que el montante a devolver al Fisco es de, también bonita cantidad, 16 millones de euros.

Hasta aquí nada de particular si no fuera porque el delito se cometió entre los años 1993-1994.

De acuerdo en que habrán apelado sobre apelación, y con ello el asunto se dilata en el tiempo; de acuerdo también en que los acusados no tenían ninguna prisa porque por aquel entonces y aparte del dinero, se pedían también penas de cárcel, penas por cierto que el Supremo ha decidido que "vamos a dejarlas estar" por el dilatado tiempo transcurrido. Pero es que resulta que el alto tribunal también ha absuelto a uno de los acusados, y eso ya son palabras mayores porque sólo hay que imaginar por un momento si el sujeto en cuestión estuviera, desde entonces, en la cárcel.

No puede ser que la Justicia vaya como va, y yo como ciudadana no lo entiendo... y quisiera llegar a comprender las razones para que un asunto tarde en llegar al Supremo la friolera de VEINTITRÉS AÑOS. ¿Cómo se resarce a alguien a quien se le ha imputado un delito, y que después de más de cuatro lustros se le dice que es inocente?. Creo que hay que tener muchas tragaderas para ponerse delante de alguien, después de media vida, y decirle: "mira chico, perdona pero nos hemos equivocado". Y voy más allá aún. Tampoco puede ser que a un grupo de defraudadores, o de asesinos, o de lo que se quiera, porque la justicia ha tardado tropecientos años... hala, lo tocado por lo palpado en cuestión de prisión, porque no nos engañemos: se dilata (con apelaciones) un proceso judicial porque se tiene dinero para ello y un tropel de abogados; porque tú y yo llevaríamos 23 años en la cárcel por ese mismo delito. Eso ni lo dudes. Y si crees que eso no puede pasar, sólo hay que recordar al inglés que pusieron en libertad el año pasado, después de doce encerrado... y era inocente.

No sé lo que pasa fuera de este país (que seguro que pasa y en algunos sitios incluso más), pero a mí lo que me duele es lo que pasa aquí. Y por eso lo cuento.

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Amazón y algo llamado progreso

El otro día leí una muy breve noticia que la verdad no aclaraba mucho en sí misma. Llevada por la curiosidad busqué más amplitud pero no encontraba nada así que guardé el enlace para seguir buscando más adelante. Y hoy por fin he encontrado esa noticia completa.

La cosa va de que Amazón, el gigante que está haciendo daño a muchos, incluído el Corte Inglés (por poner un ejemplo), ha inventado algo que ahora mismo está siendo un proyecto, pero que no tardando mucho puede ser un problema de incalculables consecuencias... a nivel mundial. Y no exagero.

Amazón ha abierto una tienda de comestibles en Seatle (EE.UU) en plan experimental, en el que no hay cajeros para pagar. Es decir: tú coges algo de una estantería y por medio de sofisticados sensores saben qué has cogido, el precio... y que tú eres tú. No te rías que luego te lo explico. Y directamente sales por la puerta y te vas a casa. Sin colas en la caja para pagar... sin cajeras que pasen por la cinta lo que has comprado y te cobren...

Eso de que saben que tú eres tú tiene su explicación: para comprar en ese establecimiento piloto tienes que tener una cuenta Amazón, con su carnet (no me gusta escribir carné) que a su vez tendrá una foto tuya. De ahí el reconocimiento visual.

Y esto que cuento no es una historieta del futuro. Ya existe y hace apenas unos días se ha puesto en marcha.

¿Alguien imagina lo que puede llegar a ser la cantidad de grandes superficies (supermercados), no sólo de alimentos si no de cualquier otro ámbito... sin dependientes?. Porque para colocar cosas en estanterías ya hay robots que parece funcionan muy bien... y gratis.

¿Alguien es capaz de pensar -sin asustarse- la cantidad brutal, a nivel mundial, de gente al paro?.

Yo posiblemente no llegue a ver todo eso a pleno funcionamiento... pero aún así me da miedo. Y repito que no es ciencia-ficción.

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Y de nuevo la Navidad

Parecía una vez más que no iba a llegar nunca, pero ahí está, puntual a su cita de todos los años, con el consabido turrón, las pastas, los problemas de kilos que llegarán en enero, los anuncios televisivos juntando a familias inventadas, con películas navideñas repetidas y repetidas, y el empeño de muchos de que tenemos que ser felices... porque es Navidad.

Cuando ya tienes una edad, la navidad es tiempo de ausencias irrecuperables, unas que se fueron sin quererlo y otras que decidieron dejarte en el camino. Y todos, unos y otros... vuelven a casa por estas fechas.

Es tiempo de recuerdos en los que el padre ponía el árbol o el belén según tradiciones, en que la madre se pasaba todo el día en la cocina amasando para luego ir al horno, y en que los más pequeños contaban los días que faltaban para los Reyes Magos. Eso quienes ya tenemos años, porque los de ahora, todos los de ahora lo tienen de otra forma: las pastas se compran en el super o en una de las escasas panaderías que aún quedan, el árbol viene ya montado con las luces y todos, el belén parece más una serie de muñecos con trazos muy modernos, y la cena, esa que reunía y aún reúne a muchos... si no está ya la abuela... se encarga.

Que no estoy contra el progreso y la modernidad, que no es eso. Pero me gusta recordar el olor de mi casa en aquellos días, los gritos de mi madre que se pegaba unas palizas tremendas guisando, y el cansancio de mi padre reventado a trabajar y que todavía se ilusionaba poniendo luces a un maltrecho pino. Y si a esa coctelera le añades el pensamiento de que estábamos todos, que no faltaba nadie y que yo era una niña que creía en todo... pues eso.

Una vez más y desde hace tantos años que he olvidado cuál fue el primero, estaré sola, pero tampoco es algo que me importe demasiado; ya no. A todo terminas por acostumbrarte. Ni siquiera tengo el recurso, que posiblemente fuera incluso mal recurso, de agarrarme el recuerdo de alguna navidad feliz con alguien "especial"... porque -es ridículo, pero es así- nunca compartí ninguna navidad con alguna de mis parejas. Y es que ni siquiera con algo así te das cuenta en esos momentos que nunca eres lo más importante de alguien.

Pero dejemos atrás, aunque sólo sea mientras escribo, ese tipo de nieblas. Llega la navidad y aunque no todos tengamos zambomba y pandereta para celebrarla y ni siquiera recordemos villancicos... es tiempo de hacer las paces y de recuperar sonrisas. Y si como me pasa a mí no tienes a nadie, no te preocupes: para el paso, detiene el mundo... y mírate. Eres alguien que nunca te abandonará, y solamente por eso... ¡¡¡ Feliz Navidad !!!.

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Gran Hermano 17 anoche

Anoche y a falta de otra cosa, vi la gala de Gran Hermano 17 la de la expulsión de alguien llamada Adara. Soy de la opinión de que las cadenas televisivas deben ofrecer de casi todo, incluído aquello que a mí personalmente no me gusta. Caso aparte es, por ejemplo, la pornografía que debe ir en un contexto distinto y en circuito más restringido y no abierto. Pero vamos a lo que vamos.

Dicen los del programa que anoche era ya la semifinal.

Salió expulsada una chica de 23 años llamada Adara que ya he visto en alguna que otra ocasión, y de la que tengo opinión formada. No voy a entrar en juicios de valor, así que sólo dire por aquello de situarla un poco que con esa edad ya ha viajado creo que a China para posar en unas fotos, que se ha echado -dentro del concurso- un novio de 20 que se considera el más guapo del mundo, y que todo su curriculum "en la casa de GH" ha sido la de llamar sinvergüenza a todo lo que se moviera sin que nadie de la jefatura del programa haya considerado que eso era un insulto; que haya llorado por todo como si se le hubiera muerto una piedra muy querida, y que se creía la reina del mambo y por tanto ganadora. Una chica que aplaude lo que le gusta como si fuera una niña de cinco años y que grita desaborlada cuando no está de acuerdo. Y tiene 23 añitos. Del "novio" ni hablo porque con lo verse uno guapo ya está todo dicho.

Yo no sé cómo se hace el casting de este tipo de programas, pero lo que está claro es que buscan lo mejorcito de cada casa, porque tanto entre los expulsados como los que aún quedan dentro... vaya panorama!.

Uno que cuando encuentra ligue, luego la deja tirada en cualquier descampado y se va. Otro que atropella a un perro y baja sólo a mirar si el coche se ha abollado. Otro que su fin en la vida es mirarse al espejo y ver lo bueno que está. Otro que dice haberse realizado quemando la peluca que llevaba. Uno más que lo único que sabe hacer es estar tirado todo el día: del sofá a la cama y a la inversa. Una que presume de choni y ahí se acaba todo. Añadimos una más que todo es santiguarse como si le fuera la vida, con todo y por todo. La de más allá que presume de lo muy que es como persona y a continuación te cuenta que tiene no sé cuántos hijos de padres distintos. Pero si sólo falta en este elenco la mujer barbuda y el fantasma de la ópera!!!.

Y encima te cuentan que son una representación variopinta de la juventud actual. ¿Y nos llaman perroflautas a los mayores?.

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Peluca o no por el cáncer

Cuando me dijeron que tenía cáncer una de las cosas que prácticamente vino sola a preocuparme fue qué haría cuando me quedara sin pelo por la quimio. Los que leyeran mis posts en aquellos tiempos (mensajes que fueron borrados después), quizás recuerden mis dudas que expuse aquí mismo, e incluso que finalmente decidí que no me pondría pañuelo ni peluca ni nada. Me daba coraje casi verme obligada, por una sociedad que mira todo aquello que le suene a extraño, a tener que ocultar algo que ni yo había buscado, y a lo que hay que darle normalidad de una vez por todas.

Cierto que no es normal ver por la calle a mujeres sin pelo, calvas, y cierto también que la única vez que salí así a la calle (con una gorra, por si acaso, en el bolso) me agobié muchísimo, porque una no está acostumbrada a que el mundo, todo el mundo, te mire sin recato alguno. Porque esa es otra: te miran sin pudor, aunque quizás lo peor es ver los codazos entre sí. Llega incluso a la crueldad... aunque ellos no lo sepan.

La segunda vez que salí de esas guisas fue a mi patio a tender la ropa, y el ver a algunos vecinos llamándose entre sí y ocupar las balconadas como si yo fuera el paso de un Cristo. Ninguno tocó el timbre de mi casa a ver qué me pasaba o si necesitaba algo. Son cosas con las que aprendes a vivir, a la fuerza, pero lo aprendes.

La primera vez que ví, yo ya con el cáncer arrastras y caminando con la peluca que ocultaba el sentir miradas, a una mujer completamente calva era una chica joven y de metro ochenta de altura. Un bellezón que luego pensé seguramente era una modelo y creo que no me equivoqué. Me fijé en que la gente la miraba pero enseguida la olvidaban.

La segunda mujer que me encontré por la calle, calva, era ya mayor y tenía una de las miradas más tristes que he visto en mi vida. Fue en la zona donde vivo y en más de una ocasión he querido verla de nuevo aunque no la conozco de nada, pero no ha sido así. No sé qué ha sido de ella. Y cosas que pasan, también entonces me fijé en la mirada de la gente: lo hacían con aquellos codazos que me dolían tanto, sin recato y con descaro incluso... no como a la otra chica pero sí como a mí. A lo mejor y posiblemente sea una tontería lo que voy a decir, es que los viandantes pensaron lo que yo: que la primera era una modelo... y la segunda tenía cáncer y no merecía un poco de ternura en el gesto.

En estos días mi mente se dispara a tiempos que creía pasados, posiblemente porque no me encuentro bien; está durando demasiado todo ésto y tendré que tomar una decisión que no quiero pero por mucho que controles... no controlas. Y al ver la imagen sonriente de una presentadora de la televisión murciana, de 34 años la criatura, que ha vuelto al trabajo sin pelo... imágenes olvidadas han vuelto a ser presente.

No sé qué haría ahora... pero sí sé lo que no haría. Peluca, pañuelo o nada debería ser una normalidad dentro del drama que supone. A lo mejor algún día...

Si alguien quiere leer el enlace que hay más abajo, quizás entienda algo mejor, porque el texto es, aparte de real... tremendo.

Carta de una hermana.

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