Y de nuevo el despego

Por mucho que la vida se viva y todos creamos saber mucho de ella, siempre termina sorprendiéndonos incluso repitiendo los mismos actos.

Hay quienes creen que la amistad, como el amor... es para toda la vida, olvidando que los sentimientos, los del ser humano al menos, siempre tienen fecha de caducidad. Siempre. Porque los que duran, terminan convirtiéndose en otra cosa distinta de lo que fueron al principio.

Y no aprendemos. Necesitamos confiar en que siempre habrá una excepción, y que esa excepción nos tocará a nosotros por aquello del "¿por qué no?". No escarmentamos. Y ni siquiera hablo del amor en cuanto a enamoramiento, que una ya no está para esos trotes, si no de algo que a priori parece mucho más sencillo de mantener: la amistad. Pues ni con esas. Todo lo que empieza acaba, y todo lo que nace muere. Siempre es así. Lo malo es que entre medias... duele.

La eternidad es una utopía y solamente existe en los sueños.

Feliz viaje amiga mía, que el camino de la vida te sea leve, gracias por los momentos vividos contigo, y siento que tanto nos separe. Fue bonito mientras duró, muy bonito, pero como siempre... ahora sólo queda el recuerdo. Sé que no leerás ésto, porque es muy largo para tí y porque tu vida está llena de prisas, pero a lo mejor algún día paras un poco el paso y sabiendo lo que sabes, me encuentras por aquí. Y si no es así... tampoco pasa nada. Espero que el día que pierdas las prisas, encuentres la vida.

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La pandemia y los viveros y tiendas de plantas

Reconozco que estoy enfadada, muy enfadada. Durante más de dos meses la gran mayoría de los españoles (salvo algún gilipichi pasado de listo) hemos estado confinados en nuestras casas, y más aún los mayores porque teníamos todos los riesgos del mundo mundial. Poco a poco se ha entrado en una desescalada que muchos han tomado como "ya no pasa nada", con lo que me afianzo en la idea de que hay más "gilis" de los que yo pensaba.

Y llegamos a lo que ahora se llama "nueva normalidad", o lo que es lo mismo: el mundo con la mascarilla puesta, la distancia social establecida (que casi nadie acata) y un querer volver a nuestra vida de antes... algo que de momento y que por mucho que algunos se empeñen, tardará en regresar... o quizás no lo haga nunca.

Pero vamos a lo que vamos. En estos días y puesto que he tenido unas bajas importantes en mi pequeño jardín (es lo que tiene haberse roto el hombro con dos fracturas), y sabiendo que ni ese pequeño capricho económico puedo permitirme, decidí comprar algunas plantitas de forma online.

Es curioso cómo se utiliza el Covid para esconder la incompetencia y dejadez de algunos viveros y tiendas de plantas. Todos ellos, cuando entras en sus webs, tienen puesto un gran letrero a modo de aviso, diciendo que a causa de la pandemia tienen demora de tropecientos días en el servicio de envío. Vale, enterados quedamos. Pero es que luego pasan esos días de demora (que no entiendo bien a qué vienen porque el país ya está funcionando)... y sigues esperando, y esperando, y esperando que tu pedido llegue. Y no llega.

Empiezas entonces a mandarles emails y la respuesta siempre es la misma: que ya han avisado de ese "problema"; cuando les respondes que sí, que lo has leído pero que los tres días se han convertido ya en ocho... entonces dan la callada por respuesta. Estamos hablando de plantones y de plantas de pequeño tamaño, que además llevan un coste de envío del que hablaré otro día.

Hablamos de seres vivos, por si alguien no se ha dado cuenta todavía.

Sí, ya sé: ve a una tienda local de tu ciudad o a un vivero y tráelas tú. Con la boca ¿no?. Porque no todo el mundo tiene coche, ni familia/amigos que te lleven y traigan. Y no todo el mundo tiene dos brazos para cargarlas en un taxi... Si yo contara lo que han sido estos meses de confinamiento y encima con doble fractura en el hombre... Hoy mismo, hace unas horas, he tenido que cambiar la botella de butano de la cocina: todo un drama. Y lo de cambiar las sábanas de la cama... ni lo cuento. En fin: el brazo no se va a quedar bien: no me operan ni me hacen rehabilitación... ni siquiera tengo ya traumatólogo porque todo lo que tenían/podían hacer ya lo han hecho (dicen); es lo que tiene "ser mayor". Por lo menos el dolor ha disminuido algo. Menos es nada. Pero es muy complicado manejarse por la vida con dos manos y un solo brazo.

Ya me he ido de nuevo. A lo que iba. Que cuando por fin te llegan las plantas... están para tirarlas. Y como no tienen ningún tipo de garantía... Las pobres se han muerto metidas en una caja cerrada donde han viajado durante ocho días, con el calorazo que estamos pasando. Puedes, eso sí, patalear por aquí pero poco más, porque si encima dices nombres te pueden demandar por injurias: es tan fácil como eliminar tu cuenta de su web y decir que jamás les compraste nada; por lo tanto les estarías difamando.

Es la primera vez que me pasa algo así, y ha sido con dos viveros/tiendas. Pero no habrá una segunda. Voy a aprender a hacer esquejes, y aunque repita con ello las plantas que aún tengo, por lo menos no me llevaré estos disgustos.



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Masterchef y las mascarillas

Que el programa "Masterchef" es un concepto televisivo de éxito es algo que nadie puede negar. En este caso concreto me referiré al que se emite en España.

Muchos son los que le critican sobre todo estos últimos días. ¿Por qué?. Porque en la emisión que empezó anoche lunes 15 de junio 2020, segunda parte del programa de este año y ya con las medidas de confinamiento por la pandemia que nos asola, hubo guantes, distancia social y ninguna mascarilla. Pero vayamos por partes.

Lo de los guantes, sinceramente, en un programa de televisión por muy de cocina que sea y puesto que no son obligatorios, me parece una tontería. Si ya es complicado utilizarlos para la compra del supermercado, que incluso en algunos se limitan a dar al cliente bolsas de plástico porque no tienen guantes, no hace falta ser muy listo lo que debe ser cocinar con ellos puestos y encima que ni son de tu propia medida.

Lo de la "distancia social" (primero fue un metro, después dos y actualmente 1,5) pues qué quieres que te diga: a todos se nos olvida mantenerla, y el que los protagonistas de Masterchef la incumplan en algunas ocasiones no es tampoco para ponerles ante el paredón.

Y llegamos al tema de hoy que tiene enervados a muchos que van de aquel que todo lo sabe. Cierto que en el programa de anoche nadie llevaba mascarillas. Y que ahora mismo son obligatorias... siempre se que no se pueda mantener la distancia social. Pero algunos olvidan que estamos ante programas de televisión, que son grabados y que tardan muchas horas en completarse. O cocinan en un espacio cerrado pero muy amplio o en exteriores; no hay aglomeraciones, por lo tanto no incumplen ninguna norma. Generalmente mantienen los 1,5 metros de distancia... pero, y esto también es importante: es espectáculo. Es un programa de televisión. Es como si fuéramos a ver una película y exigiéramos que los actores llevaran durante la hora y media de proyección las mascarillas puestas. Sería un absurdo luego, al día siguiente, en las redes, despotricar porque no las llevaban. Sería incluso ridículo.

Pues lo mismo en un programa de televisión. No puede ir todo el mundo con la mascarilla puesto porque seríamos nosotros, los espectadores, los primeros en aburrirnos soberanamente de ver siempre sólo los ojos y... mascarillas, y cambiaríamos de canal.

No seamos más papistas que el papa, y no ricemos el rizo del absurdo, que ya tenemos la vida bastante complicada sobre todo ahora, para ser tan tiquismiquis.

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La primera vez en verse

Pues eso... el momento de verse a uno mismo.

En el espejo.
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La supremacía de ser español

Siempre hay un roto para un descosido, y es lo que sucede con el artículo de hoy. Acabo de leer una entrevista con el presentador de televisión español Jorge Javier Vázquez (el de "Sálvame", "Gran Hermano" segunda parte, "Supervivientes"... y casi todo lo que hace la cadena televisiva Telecinco). No es digamos que santo de mi devoción, pero de vez en cuando le veo, e incluso le soporto. Es un buen profesional del entretenimiento de masas, aunque tiene momentos de risa floja e incluso de mariconeo absurdo que me crispan, pero por lo demás, bien. Siempre hay otros peores.

En dicha entrevista dice algo que es lo que ha provocado que ahora esté escribiendo. Cita una frase que según él es de Leonard Cohen (no lo pondré en duda, porque reconozco no saber si lo dijo o no) que reza así:

A veces uno sabe de qué lado estar, simplemente viendo quiénes están del otro lado.

Verdad como un templo donde las haya.

En España, ahora, políticamente hablando, hay toda clase de opciones, pero hay algunas... y sobre todo algunos (personajes) que hay que tener mucho estómago para tragarlos. Y me da igual, exactamente igual, lo que proclamen donde sea y cuando sea, porque no hay por dónde cogerlos. Este país no se merece a algunos impresentables que ni tan siquiera están en la extrema de cualquier lado, pero sí lo parecen. E incluso hay otros que son tan inútiles, tanto, que hablan-escriben solamente para enmierdarlo todo, porque como decía al principio "siempre hay un roto para un descosido" o lo que es lo mismo: siempre habrá algún ignorante (y en Internet hay muchos) que creerán que lo que dicen es verdad.

En estos tiempos que corren donde absolutamente todos estamos expuestos y desnudos ante la vida, la salud y la muerte, es totalmente absurdo el "divide y vencerás", porque aunque algunos piensen que ganarían... todos perdemos. Porque en el cementerio ya da todo igual. Pero aún así hay todavía quien cree que tiene el derecho indivisible e individual que nadie le ha concedido, de bandera, patria y españoles.

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La gente... como los yogures

Sí, como los yogures... con caducidad.

Ya se lo dije no hace mucho tiempo a alguien: "no quiero encariñarme mucho contigo para no echarte tanto de menos cuando te vayas". Porque es lo que tienen las personas: que no duran y duran y duran como las pilas. El 99% tienen fecha de caducidad.

Por eso quizás sonrío cuando a veces escucho en programas de televisión e incluso en eso que llamamos la vida real eso de "eres mi hermano, o esta amistad es tan fuerte que durará para siempre".

No es cierto, nada dura toda la eternidad. Nada... ni nadie.

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La tontería subliminal del ser humano...

...elevada al cubo.

Ya prácticamente ni leo periódicos. Me limito a echar un vistazo a los titulares, algunos de ellos absurdos y con la única intencionalidad de llamar la atención del lector y conseguir, no que se lea el artículo que nadie ve completo (y eso se observa leyendo luego los comentarios), si no al afán de contabilizar clics.

Pero no iba a lo anterior mi intención, si no si a la absurdez de los contenidos. Cualquier cosa vale para llenar una portada (que es lo único en lo que se va a fijar el lector). Cualquier cosa: un perro atropellado en cualquier carretera secundaria, el choque de dos coches, un famosillo de tres al cuarto que ha roto con su pareja de tres meses, u otro que se ha echado novia/novio. Y todo entonces, como se observe que tiene audiencia, adquiere niveles de "importante", y sube de altura en la portada del periódico digital con la misma foto, pero más grande... que eso siempre da empaque y categoría.

A veces pienso (más de las que quisiera) que el ser humano, lleno de progreso, tecnología y facilidad para llegar a todas partes (incluso sin moverse del sofá), cada vez está más idiotizado, y lo que es peor, más solo. Aunque eso sí: con la creencia de que tiene, por no sé qué regla de oro personal, con más derecho a todo que nadie.

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Cómo saber si una mujer era fértil?

En tiempos pasados y para saber si una mujer era estéril o no -en la Grecia clásica- se le colocaba un diente de ajo en la vagina; si al día siguiente su boca olía a ajo era fértil, de lo contrario es que tenía los conductos obstruidos.

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Cómo cocer coliflor sin olor?

En ocasiones -y ésta es una de ellas- la solución a un problema es tan sencilla que parece obvia... aunque no siempre lo es por puro desconocimiento.

Poner en el agua donde vamos a cocer la coliflor una miga de pan empapada en aceite. Así de fácil.

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Nacimiento de Japón

Dos dioses, Izanagi e Izanami, recibieron el encargo de crear las islas. Esta labor la llevaron a cabo colocándose de pie en el Puente Flotante celestial, para bajar sobre el océano la Lanza de Piedras Preciosas y removerlo con ella. Batieron fuertemente las aguas saladas y, cuando levantaron la lanza de nuevo, la salmuera que goteó de su punta se amontonó y se convirtió en una isla.

Después, Izanagi e Izanami bajaron del cielo, se casaron en la isla y erigieron en ella un pilara celeste y un espacioso palacio.

Al descubrir que sus cuerpos eran diferentes, Izanagi le preguntó a su esposa Izanami si querría engendrar la tierra. Y, cuando ella accedió, le sugirió: "Pues, entonces, pongámonos tú y yo a dar vueltas alrededor de este pilar celeste, y unámonos cuando nos encontremos".

Tras varios fracasos, comenzaron a tener hijos, que son las islas del archipiélago japonés.

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Se puede no dormir durante 20 días?

Se puede, vaya que sí se puede. Y lo puedo asegurar además. O quizás sería más correcto decir que se puede sobrevivir dormitando dos horas al día sentada en el sofá. No, no me he equivocado: sentada, no tumbada.

Es lo que llevo haciendo desde el 17 de abril, día en el que no sé cómo, tropecé con algo y me rompí el hombro haciéndolo añicos. Veinte largos días han pasado todavía, y aún me resulta imposible hacer muchas de las cosas diarias, de las que no nos damos ni cuenta. Entre ellas... dormir en una cama. Ni dejar los calmantes, todo sea dicho. ¡Dios, cuánto duele ésto todavía!.

Así que no queda otra que dormir sentada en el sofá como buenamente se puede, que no es mucho, cosa que no dura más de una hora... en dos tandas. Y el resto del día pasa inventando cómo hacer cosas que necesitan de dos manos cuando sólo tienes una que está maltrecha por un cáncer que te dejó secuelas. Todo un poema. Pero mejor no nos quejemos por si acaso, que siempre puede empeorar.



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Agua con azúcar

Es curioso lo que pasa cuando pones en un vaso con agua algo de azúcar. Sigue siendo transparente, nítida, con la misma consistencia de siempre; nada ha cambiado a la vista. Pero si la pruebas... todo cambia.

Si haces que otro mire ese vaso no notará nada, Todo estará como siempre... pero tú sabes que no es así.

Y da igual si en vez de azúcar le añades sal. Nunca volverá a ser lo mismo. Nunca.

Es como cuando un jarrón se rompe: por mucho que consigas encontrar todos los trocitos, por mucho que te esmeres pegándolos... nunca será el de antes, el del principio. Porque aunque nadie lo note, tú sabrás que un día se cayó y sobre todo por qué y cuándo destruyó por un instante su belleza. Si no fuera tan bonito posiblemente habría terminado en la basura. Quizás algún día tenga que terminar allí. Como los otros.

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Se puede estar más sola?

De hecho cuando una vive sola y en más ocasiones de las que quisiera reconocer, esa independencia y poder hacer lo que se quiera no es fácil de llevar. Pero siempre puede ser peor.

Luego llega una pandemia de la que nadie sabe nada, pero que se contagia como la peste, y esa soledad se acentúa de forma desproporcionada. Pero siempre puede ser peor porque te puedes contagiar y morir.

Y de pronto sin venir a cuento te rompes el hombro y entonces te callas, encogida en ti misma y piensas... ¿puede ser peor?. Ni siquiera te contestas.

Qué complicado me está resultando vivir ahora mismo porque todo, por pequeño que sea el gesto, es un problema inmenso.

Y encima tienes que leer, día sí y día también, las quejas de muchos que ante el confinamiento se vuelven locos. ¡Callaros malditos, que todavía puede ser peor!!!.

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Aprendiendo de la vida

Incluso habiendo vivido mucho ya, la vida no deja de sorprenderme.

En la situación que estoy actualmente (con un hombro roto y yendo la cosa para largo) te das cuenta -una vez más- de lo que tienes... de a quien tienes... y a quien no.

Habiendo pasado un cáncer, ahora toca un nuevo reto, inesperado y que te pilla con el cuerpo cansado, muy cansado; porque al menos con el cáncer contaba con brazo y medio. No, no me he equivocado: brazo y medio porque aquello afectó y mucho ciertos movimientos de los muy cotidianos además (llevar el peso de una simple bolsa de la compra, tender la ropa en una cuerda...). Pero aún así valía para algo. Ahora me he roto "el brazo bueno". Cosas de la vida a quien le encanta complicarlo todo.

Pero lo peor estaba por llegar,

La gente que hace ocho años salió corriendo, huyendo de lo que siempre se supo no se contagiaba, dejó muy pero que muy mermada mi vida social, con lo que ahora me sobraban dedos de una sola mano para contarlos.

Soy una persona que no pide favores salvo que no encuentre otro camino. Hay quien lo toma como una muestra de orgullo... y se equivocan de pleno. Es sencillamente un concepto muy elevado del "no molestes... o hazlo lo menos posible".

Parece imposible, pero ni con esas: con lo de mi hombro, sigue desapareciendo gente. Si no me estuviera pasando a mí, incluso lo tomaría como un chiste. Y cuando digo "gente" puedo estar refiriéndome a familia, amigos, conocidos, vecinos...

Nadie que no haya pasado por algo así puede saber lo que es estar tan limitada para hacer cualquier cosa "normal" como cortar/utilizar el papel higiénico, vestirte, fregar un simple tenedor, hacer un sencillo sofrito o ponerte la mesa para comer (40 viajes con una cosa en la mano cada vez). Y no digamos escribir, dedo a dedo cuando antes lo hacías a dos manos en el portátil. Y eso son sólo ejemplos, que no hablemos de llevar algo al frigorífico, darte cuenta que no lo puedes abrir, deja la cosa encima de algo, abre la puerta, coge la cosa... y con mucha suerte que tengas hueco para colocarla que si no... vuelve a dejarla, haz el hueco, cógela y por fin cierra la puerta de la nevera. Ya tienes el "brazo bueno del cáncer" agotado por un rato.

En fin, supongo que todo sirve como lección, lo que pasa es que a mí se me ha pasado la edad de aprender e ir al colegio.

Y yendo todo sin problemas, volveré a estar bien dentro de 4 a 6 meses. No quiero ni pensarlo.

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Plasty... dos años

Dos años ya. Parece mentira. Y solamente eras un gato... dicen algunos, esos mismos que no tienen ni puñetera idea de lo que es tener un compañero de vida.

Dos años ya. Y parece que fue ayer. En todos los sentidos. En todos.

Tengo tanto encima ahora mismo que no voy a seguir escribiendo. No quiero llorar más. Ni siquiera por ti.

Te extraño. Todos los días.

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