No le debo nada a nadie

Y llegar a esa conclusión no estoy segura de si es una liberación, o simplemente un "hasta aquí he llegado". Pero sí tengo claro que no le debo nada a nadie... y no hablo de dinero.

Durante años, más de los que muchos se merecían, he tenido el lastre de los sentimientos, recibiendo como recibía el más puro olvido. Siempre con la esperanza de una llamada, de un algo que no sabía bien qué era. Queriendo no cerrar puertas que dejaba entornadas por si acaso.

Y he tenido que sentir las dos penas más grandes de mi vida en este último año, para darme cuenta de tantas cosas...

A lo largo de mi vida y en muy contadas ocasiones tuve que mentir para evitar males mayores; mentiras que no eran importantes en sí mismas, salvo por la locura de quien insistía una y otra vez en una verdad que podía hacer más daño que otra cosa. Y precisamente quien tanto insistía era alguien que había hecho de la mentira la máxima de su vida. Qué ironía.

Pero hubo más mentiras, de nuevo de esas indispensables para que el barco no se hunda. Y estoy segura que me dolían más a mí que a quienes las escuchaban... pero eso, como siempre, daba igual... porque me dolían solo a mi.

He tenido una larga vida. No la que hubiera querido y desde luego no con quienes hubiera deseado. No merecí, y lo digo sin soberbia alguna, tanta dureza para conmigo, tanta rigidez y desde luego con quienes proclamaron alguna vez quererme... tanto egoísmo, tanta desidia, tanto olvido... y tanto abandono. Pero que quede claro por y para siempre: el mayor abandono ha sido el de mis dos mascotas... y el único involuntario por ellos; y la pena más grande de mi vida, la marcha de cada uno de ellos. Los demás, todos los demás, han ido directamente al cubo de la basura, porque perdoné los abandonos cuando mi cáncer, cuando la enfermedad de mi madre... pero no perdonaré nunca el silencio por la ausencia de Plasty y Tara, el no hacer caso porque al fin y al cabo no eran importantes. Y no, no me estoy volviendo loca ni estoy exagerando: jamás he estado más cuerda y más serena que ahora mismo.

No guardo ningún tipo de respeto hacia nadie que haya formado en algún momento parte de mi vida. Alto y claro. Ni siquiera un poco de desprecio porque incluso para eso tendría que tener algún tipo de sentimiento. Todos ellos son poco más que desperdicios de un tiempo (el mío) perdido ocupándome de qué les pasaba y cómo solucionarlo. Y al igual que digo más abajo, hablo de amigos, amores... y también de familia.

Lo único que me importa es que esos dos pequeñines se vengan conmigo cuando yo me vaya. Es lo único que me importa.

¿El resto?. Amigos, amores, familia... que nunca jamás os sintáis como he llegado a sentirme yo en todos los sentidos... y que no le importe a nadie, porque entonces no hará falta que os mande a todos al infierno.

No le debo nada a nadie. Ya no.

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