Hoy hace 13 años

No son doce más uno (lo siento por los supersticiosos, pero no), son trece espléndidos años que no han sido precisamente un camino fácil. Tal día como hoy pero en el año 2004 decidí abrir mi primera web. Se llamó como este blog, "Chesana" pero durante muy poco tiempo porque enseguida cambié su nombre por el de "El rincón de Chesana"... Ambos nombres después de tantos años, siguen abiertos y vigentes aunque en otro formato.

En aquel entonces hacía seis meses que había conseguido comprar mi segundo ordenador. El primero que tuve era de segunda mano y no tenía ni conexión a Internet. El segundo fue nuevo y con todo un mundo virtual por descubrir.

Ese primer "Chesana" y que luego fue durante muchos años "El rincón de Chesana" fue como ya he dicho una página, una web, hecha a mano cuando los blogs prácticamente ni existían (aunque parezca difícil de creer), y con cada gif, con cada botoncito, con cada colorín... buscado, modificado incluso, y puesto después de probar, y probar, y probar... Ahora en cualquier blog o incluso página, todo es cuestión de copiar-pegar y poco más. Entonces había que buscar y mucho, pero sobre todo llenarse de paciencia porque no había dónde preguntar. Lo que no olvidaré es la satisfacción cada vez que conseguía que algo saliera bien o simplemente funcionara.

Recuerdo, por citar algo, cuando conseguí que el "signo Virgo" (que está ahora en todos mis blogs) girara... porque era una imagen estática. También recuerdo (aunque aún me produce cierto coraje) la primera vez que lo vi en otro lugar porque alguien lo cogió y copió, sin más. Pero bueno, eso también es parte de Internet...

Ahora escribes en Google "El rincón", sin añadir nada más, y salen tropecientos; durante muchos años (y no exagero) ponías eso mismo... y salía mi web. Y eso para alguien que ni había estudiado nada de informática, ni tenía ningún conocimiento, era de un orgullo difícil de explicar. Porque, repito: no era un blog en el que si quieres te lo dan casi todo en cuanto a estética y funcionalidad; era una página donde partías de cero completamente. Es decir: te daban un alojamiento, totalmente vacío, y donde podías subir archivos, fotos, muñequitos, botones, etc.; y luego tú tenías que saber a qué y cómo darle la visibilidad.

Posiblemente no se entienda mucho visto con los ojos de hoy, pero aunque hubo un tremendo trabajo personal, es una de las cosas con las que me he más orgullosa.

En Internet aparece una página estática (que pinchando en sus enlaces no lleva a ninguna parte), de color azul oscuro, -muy cutre, eso lo reconozco- y que una de esas webs que copian a otros para tener tráfico duplicó, en la que se muestra la que fue esa mi primera web. No la puedo eliminar porque esa copia no es más que eso: un duplicado de la mía, y quien la puso ahí no existe ya, por lo que tampoco puedo contactarles. Pero ahí está Google: sin borrarla desde entonces y queriendo que yo demuestra que el lugar de su alojamiento es mío. La pescadilla que se muerde la cola. Pero bueno: cuando la miro me da mucha ternura.

Así que 13 años ya de vida virtual, con muchos cambios, con muchas idas y venidas, con mucha vida mientras tanto, pero a pesar de todo... Chesana y su rincón siguen vivos. Algo que me hace feliz. En cuanto se haga de día y a pesar de que no debo... voy a comprar un pastelito y a cantarme el cumpleaños feliz.


PONER-GUION-Y-SIN-ACENTOS 
Impresiona ver que el calendario todavía funciona.

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Con cara de sorpresa

El otro día estaba viendo en televisión una cadena donde todo es cocina, una pasión que me llegó muy muy tarde pero que actualmente disfruto mucho en cuanto a su proceso. Y en ese menester de mirar y aprender, había en pantalla uno de esos cocineros con cierto renombre, enseñando al personal cómo hacer unas lentejas (no quiero risas, eran lentejas de andar por casa)... o eso decía él porque lo que le ponía... como que no. Pero como siempre digo: para gustos los colores.

El caso es que mientras andaba el hombre en los fogones, contó que el plato de ese día le recordaba a su abuela, con las lentejas sobre la mesa, y mirando que estuvieran libres de piedrecitas y cualquier otra cosa que no debieran tener; dicho mejor: limpiándolas antes de ponerlas a cocer. Y me quedé sorprendida, muy sorprendida, porque insistió un par de veces más en la evocadora imagen de su abuela, algo que ya le escuché con anterioridad en otro programa de otro día.

Con la curiosidad puesta me vine al ordenador a buscar la edad del cocinero. Luego se entenderá por qué. El personaje está rozando la cincuentena.

Si pudiera decirle algo le comentaría que se ha pasado bastante. Me explico: yo tengo ya una edad, pero ni empujando podría ser la abuela de este señor. Y yo he limpiado lentejas tal y como él lo explicaba. Porque mi madre a la hora de cocinar, echaba de su cocina a todo bicho viviente, por eso precisamente yo nunca supe cocinar hasta que hace pocos años me encontré, de golpe, con un montón de problemas y tuve que aprender muchas cosas sin apenas tiempo y sin nadie a quien preguntar; pero mi progenitora sí me llamaba cuando había que fregar los platos, mover las migas de pan o limpiar lentejas. Yo era una niña, eso es cierto, pero como ya he dicho, no podría ni queriendo tener un nieto de casi cincuenta años. Por eso lo que este cocinero contaba me "chocó" tanto, porque han pasado muchos años pero... no era la edad de piedra.

Es como el otro día y el mismo sujeto habló de las sopas de ajo, un plato que según él hacían los antiguos, dando a entender que las cocinaban en leña porque entonces por no haber no había ni luz. Hombre, un pelín exagerado me parece. Mis padres muchas noches, sobre todo en invierno, cenaban sopas de ajo... porque les gustaban y porque a lo mejor no había mucho más; pero prometo que cuando salías a la calle no había dinosaurios. Que con medio siglo a las espaldas no se puede hablar de la centuria pasada como si fuera la prehistoria. Digo yo.

Que sí, que hemos progresado y que ahora lo tenemos todo más fácil (o casi todo), pero solamente hay que tirar una generación menos para encontrar en según qué cosas diferencias brutales entre lo que era y lo que es. Remontarse más atrás, en ocasiones, es exagerado y más cuando no se es ya un chaval.

Hay veces, y en eso noto que me voy haciendo mayor, en que el culto casi enfermizo a la juventud, me molesta por lo insistente. Porque eso, la juventud, al igual que el acné... se pasa. Vaya si se pasa.


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Cogiendo carrerilla

Llevo días que encadeno una jaqueca con otra, así que ni tengo ganas de escribir, ni de hacer nada. El caso es que hace un rato y con los problemas de visión que a mí al menos me dan las migrañas, me ha dado por mirar unas carpetas virtuales que tenía guardadas. Y me he quedado hasta un pelín impresionada de mí misma (sonrío). Es tremendo ver, con el tiempo por enmedio y la distancia también estorbando, lo que una y otros escribíamos hace años y en momentos en que algunas cosas eran importantes... o eso nos parecían. Pero no quiero hablar de nadie, que me conozco. Hablaré de la menda aunque alguien me tachará de egocéntrica (allá cada cual con su rollo de etiquetas).

Madre del amor hermoso. Hay incluso textos en los que ni me reconozco, yo, tan sensata y sesuda generalmente, en plan pasional pero hasta dar risa. Y sobre todo leyendo sentimientos a borbotones hacia personas que en su día eran mi centro, mi eje... mi todo. ¡Qué equivocados solemos estar cuando dejamos que el corazón sea dueño y señor de nuestra vida!. Y qué razón tienen los que dicen que el tiempo pone a todo el mundo en su sitio. Pero una de las cosas que más me ha sorprendido es ver las mentiras que una persona (y no era yo), puede llegar a decir para lograr su objetivo (que sí era yo). Y no es que esos otros sean más altos, más guapos, más rubios y con más dinero... no... es que saben mentir como verdaderos farsantes. Y por si alguien se equivoca: no es cuestión de ser más inteligente o no; la cosa no va de eso, si no de gente que se monta su propia mentira en la vida y a continuación te la cuenta, y claro, resulta creíble porque el mentiroso es el primero que se lo cree.

En serio, si alguien tiene cosas guardadas y ha conseguido llegar al punto que no duelen... que las revise, porque ese tiempo y distancia de la que hablaba al principio, impresiona al releer. Y diré algo más: leído con los ojos y la mente de hoy, de ahora... te das cuenta que incluso había "avisos", detalles que si te hubieras fijado habrías sido capaz de darte cuenta que la balsa hacía agua por pequeñísimos agujeros. Pero es lo que tiene enamorarse: que te vuelve más tonto que pichote.

Y leyendo como estaba, iba hilvanando con recuerdos que ni sabía estaban en el disco duro de mi dolida cabeza; es tremendo: todo iba cuadrando como si de un puzzle se tratara. Y la pregunta surge enseguida: "¿cómo no me di cuenta". Pero no te la das. Y caes en la trampa. Más de una vez. Incluso con distintas personas. De pena.

Así que llegados a ese punto solamente queda un camino, una senda que recorrer: la de dejar espacio libre. La de borrar, la de eliminar. La de mandar al cementerio del más puro olvido todos esos escritos, propios y ajenos, porque no merecen ni siquiera una sonrisa. ¿El motivo?. Tan sencillo que resulta apabullante: la basura nunca hay que almacenarla.

Y como acabo de acordarme mientras escribía, mañana si mi cabeza lo permite, voy a tirar/borrar/eliminar unas fotos que tengo también guardadas no sé si en un antiguo cd o dvd o algo de eso y que ni recordaba. Es lo que tiene empezar a hacer limpieza: que hasta le coges gusto y todo.


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