Tara

Nada más poner su nombre he vuelto a romper a llorar. No puedo con ésto, otra vez no. Apenas han pasado once meses desde lo de mi gato Plasty... y ahora mi pequeña, mi Tara.

Todavía escucho a Plasty... todavía incluso le llamo y me quedo esperando verle aparecer. Todavía lloro por su ausencia. Lo de él fue tremendo porque a pesar de notarle enfermo todo se precipitó en apenas una semana. Pero es que lo de Tara han sido horas... horas...

No puedo con este romperme por dentro, con este dolor que no se va, con este llorar por todo y con todo. No puedo.

Cuando Plasty se fue nada amortiguaba su ausencia, pero tenía a mi pequeña shih-tzu. Lloraba continuamente y Tara venía y se aupaba contra mis piernas mirándome; posiblemente lo único que entendía es la pena... Pero ahora el vacío en casa es tan desolador, el silencio es tan espeso... He llegado a pensar si no me he equivocado tomando la decisión de "dormirla"... pero sé que no, sé que no... todo se precipitó y no podía consentir darle el final que le esperaba. ¿Cómo nadie lo vio?. Meses yendo al veterinario, cambiando a otro incluso, dándole medicación sin saber qué le pasaba... ¿por qué nadie lo vio?.

Estoy enfadada, muy enfadada, mucho... con los veterinarios, conmigo, hasta con ese maldito Dios que ni sé si existe pero que consiente tanto a tantos inocentes.

Mi pequeña estaba a dos meses de cumplir doce años. El veterinario trataba de "consolarme" diciendo que "ya era mayor". ¿Con once años y diez meses... mayor?. Iros a la mierda.

No sé las veces que he parado de escribir porque no veo la pantalla.

El pasado miércoles 27 de marzo del 2019 mi pequeña cerró los ojos en mis brazos y se fue a ese cielo que seguro existe donde la esperaba su hermano Plasty. Pero a mí en menos de un año me han roto la vida. Sólo quiero morirme.

Hace algún tiempo dije que ya no me dolían algunas ausencias (de humanos), y era cierto. Pero ahora que MI FAMILIA ya no está, que ya no existe; ahora que MI FAMILIA que eran Plasty y Tara ha dejado mi casa llena de un silencio que no sé cómo llenar, y de una pena que sólo pasará cuando yo muera, sé que el mundo se ha parado y que todo lo que me importaba se ha ido con ellos. Ahora, cuando sé que me sentía sola y era mentira... que soledad es lo de ahora... solamente quiero que el mundo reviente y yo en el centro de él. Tengo tan claro que nadie que no haya estado hace once meses, ni ahora, vale la pena que esté en lo que me quede... ni en mi muerte siquiera... que aunque fuera posible, no quiero a nadie cerca. Los únicos que me importaban y a quienes yo importaba se han ido; el resto que sigan con sus vidas y que nunca sepan de qué hablo. Pero que no se me acerquen nunca. NUNCA.

Que toda mi alegría eran ellos, mis dos pequeños, y que los peores días de mi vida no han sido cuando murieron mis padres, ni cuando me dijeron que tenía cáncer; los dos peores días de mi vida han sido el 23 de abril del 2018 cuando mi precioso Plasty murió en mis brazos, y el 27 de marzo del 2019 con mi pequeña Tara, también yéndose en mis brazos.

Nadie, absolutamente nadie ha hecho que me sintiera como hace once meses, ni como ahora mismo. Y nadie, nunca, me ha querido como ellos dos. Posiblemente si alguien lee todo ésto no lo entienda; me tiene completamente sin cuidado. Nadie más que este blog conoce lo que ha pasado; tampoco me importa. No necesito hablar con nadie, no quiero ver a nadie... si es que hubiera alguien. Sólo quiero que vuelvan. Solamente quiero morirme para que si es verdad que hay algo más en otra parte (algo en lo que no creo), volver a estar con ellos.

No volveré a escribir, ni aquí ni en ninguna otra parte. Ya nada tiene sentido. Nada ni nadie.

Una vez leí que nuestras mascotas no son nuestros hijos... pero para ellos sí somos su madre. Y es verdad. La última mirada de ellos, de los dos, un instante antes de dormirse, mirándome mientras yo les hablaba............

Aún no he sido capaz de superar lo de Plasty y ahora ésto.

Ojalá la vida se apiade de mí y me apague la luz cuanto antes.

Plasty

Nunca pensé que volvería a abrir este blog y menos aún para escribir sobre Plasty, mi precioso gato atigrado gris y blanco.

Llegó a casa un 4 de noviembre del 2005; tenía unos nueve meses y acababa de caer de la galería del segundo piso al tejado de uralita de mi patio. Mi madre y yo escuchamos el tremendo ruido y salimos a ver... porque una manta no era, seguro. Y allí estaba él, maullando y tan asustado que no hubo forma de cogerlo en ocho horas. En ese momento no supimos desde dónde había caído.

A la mañana siguiente, al ver que sangraba por el ano y pensando que tenía daño interno, lo lié en una manta y me lo llevé al veterinario más cercano, mientras mi madre se quedaba en casa gritándome que estaba loca por "gastar un dinero que no teníamos". El veterinario en cuanto le vió (estaba delgadísimo) empezó a reñirme que cómo tenía al gato tan desnutrido. Le aclaré que no era mío y nunca olvidaré su expresión... solamente le faltó gritarme como mi madre. Me dijo incluso que el gato estaba muy mal y que si encima no era mío... ni me molestara (estaba lleno de lombrices internamente). Insistí para que me diera un tratamiento y me dijo que volviera en dos semanas... con una cínica sonrisa en la que se le leía "se morirá antes". Cuando me volvió a ver, a los quince días, no salía de su asombro.

Nunca vinieron a buscarlo... ni yo pensaba devolverlo incluso cuando supe dónde había vivido hasta ese momento. Mi señora madre que ya había sufrido una fractura de cadera, amenazó con abrirle la puerta para que se fuera a la calle... y yo contesté que si lo hacía, ella iría detrás también a la calle. A fin de cuentas vivía en mi casa.

El pasado 4 de febrero cumplió 13 años de lo que prometía ser una larga vida juntos.

Mis padres siempre tuvieron gatos, principalmente gatas que suelen ser más obedientes y cariñosas, pero constantemente he dicho que Plasty era el mejor gato, siendo macho, que ha pasado por la casa paterna y la mía. No se puede ser más bueno, más obediente, más cariñoso, más dulce, más noble.

A poco de llegar me adoptó. Sí, él a mí y a partir de ese momento fui su adoración y él la mía. Una vez alguien, en su completa estupidez, dijo que yo tenía preferencias hacia Tara, mi perrita, algo que aparte de no ser cierto daba muestras de la necedad de algunas personas, principalmente porque les quiero a los dos... pero mi Plasty era muy especial. Mucho.

Ya llevaba un tiempo "raro". Le cambió algo el carácter y comenzó a adelgazar, pero seguía comiendo, jugando y siendo él por lo le cambié el pienso para que estuviera más acorde con su edad y por evitar posibles problemas de los felinos al ir haciéndose mayores.

Pero la semana pasada algo pasó. Andaba mucho más despacio, sólo quería estar conmigo; si pedía salir al patio tenía que ir con él porque si no se volvía a casa... empezó a comer menos, él que siempre había sido un glotón...

Y el jueves, sin más aviso... dejó de comer. Ahí sí que me asusté. Llamé por teléfono al veterinario y me dijo que le quitara el pienso y le diera dieta blanda; que sería una indigestión posiblemente, algo que había comido... supe que no era eso porque Plasty no comía absolutamente nada que no le diera yo. Empezó a decaer y lo de estar conmigo era ya obsesión: tenía que verme siempre; mi perra se quedaba en la puerta de la cocina sin entrar mientras el gato se sentaba a centímetros de mí. Algo no iba bien pero empecé con la dieta blanda. No quiso nada.

El domingo por la tarde dejó de beber. Donde lo ponías, se quedaba. No se movía.

El lunes a primera hora de la mañana le llevé al veterinario. El análisis de sangre fue catastrófico: tenía un riñón completamente parado y el otro iba como podía. Se le hicieron más pruebas, todas con idénticos resultados. Con su edad y con la gravedad de su estado se podía intentar una diálisis de urgencia pero sin ninguna garantía. Incluso podía no superarla.

Durante toda la noche del domingo en que nadie durmió en mi casa, tuve tiempo para "prepararme" ante lo que podía pasar. Pero ¿cómo te preparas?.

La diálisis era mucho sufrimiento para él, su estado era terminal y podía vivir un día, una semana o un mes... mientras todo su pequeño cuerpo se paralizaba. Al no comer ni beber ya, la medicación vía oral no era viable. No había opciones porque siempre he tenido claro que a mis mascotas, si no hay solución al final, no se les aplica nada. Tenía que decidir qué hacer. Y decidí lo mejor para él.

El pasado lunes 23 de abril, día de San Jordi, de San Jorge, día del libro, de la rosa... mi Plasty murió en mis brazos. Tenía 13 años y dos meses. Era el mejor gato del mundo y todavía no he podido parar de llorar. Jamás, y me da igual lo que cada cual piense, he tenido tanta pena y he llorado tanto sin que haya nada que me pueda consolar. He visto morir a mis padres, me han detectado un cáncer y me salvé del segundo, me han abandonado de la manera más miserable... y nunca hasta lo de Plasty, he tenido tanta pena y he echado tanto de menos a alguien.

Y lo malo es que ahora tengo que ocuparme de mi perrita... que no está bien, eso sin contar con que te rompe el alma ver cuando de pronto sale corriendo a mirar donde el gatito pasaba las tardes. ¿Cómo se lo explicas?.

He tenido que parar varias veces para escribir porque no veía la pantalla. Quería poner su foto aquí, pero no soy capaz: verlo y querer morirme es todo uno.

Plasty llevaba el nombre de un precioso pastor alemán que murió atropellado. De verdad que jamás habrá un gato más bueno que él. Jamás.

Quitar su plato con el último pienso que no comió ha sido... Todavía no he podido retirar su cajón, su manta... sus cosas. Toda la casa está llena de él. Y la mirada de mi perra cuando no lo encuentra es...

No creo que haya un lugar para las mascotas; mi padre le llamaba "cielo para los animales", y no lo creo ni lo quiero, porque cuando yo me vaya quiero encontrar a mi Plasty y cuando llegue su momento a mi Tara. Más que ellos no hay nadie que me haya querido, y yo a ellos. Y sin condiciones.

Dios ¿cómo se puede parar de llorar?