Amazón y algo llamado progreso

El otro día leí una muy breve noticia que la verdad no aclaraba mucho en sí misma. Llevada por la curiosidad busqué más amplitud pero no encontraba nada así que guardé el enlace para seguir buscando más adelante. Y hoy por fin he encontrado esa noticia completa.

La cosa va de que Amazón, el gigante que está haciendo daño a muchos, incluído el Corte Inglés (por poner un ejemplo), ha inventado algo que ahora mismo está siendo un proyecto, pero que no tardando mucho puede ser un problema de incalculables consecuencias... a nivel mundial. Y no exagero.

Amazón ha abierto una tienda de comestibles en Seatle (EE.UU) en plan experimental, en el que no hay cajeros para pagar. Es decir: tú coges algo de una estantería y por medio de sofisticados sensores saben qué has cogido, el precio... y que tú eres tú. No te rías que luego te lo explico. Y directamente sales por la puerta y te vas a casa. Sin colas en la caja para pagar... sin cajeras que pasen por la cinta lo que has comprado y te cobren...

Eso de que saben que tú eres tú tiene su explicación: para comprar en ese establecimiento piloto tienes que tener una cuenta Amazón, con su carnet (no me gusta escribir carné) que a su vez tendrá una foto tuya. De ahí el reconocimiento visual.

Y esto que cuento no es una historieta del futuro. Ya existe y hace apenas unos días se ha puesto en marcha.

¿Alguien imagina lo que puede llegar a ser la cantidad de grandes superficies (supermercados), no sólo de alimentos si no de cualquier otro ámbito... sin dependientes?. Porque para colocar cosas en estanterías ya hay robots que parece funcionan muy bien... y gratis.

¿Alguien es capaz de pensar -sin asustarse- la cantidad brutal, a nivel mundial, de gente al paro?.

Yo posiblemente no llegue a ver todo eso a pleno funcionamiento... pero aún así me da miedo. Y repito que no es ciencia-ficción.

Seguir leyendo...

Y de nuevo la Navidad

Parecía una vez más que no iba a llegar nunca, pero ahí está, puntual a su cita de todos los años, con el consabido turrón, las pastas, los problemas de kilos que llegarán en enero, los anuncios televisivos juntando a familias inventadas, con películas navideñas repetidas y repetidas, y el empeño de muchos de que tenemos que ser felices... porque es Navidad.

Cuando ya tienes una edad, la navidad es tiempo de ausencias irrecuperables, unas que se fueron sin quererlo y otras que decidieron dejarte en el camino. Y todos, unos y otros... vuelven a casa por estas fechas.

Es tiempo de recuerdos en los que el padre ponía el árbol o el belén según tradiciones, en que la madre se pasaba todo el día en la cocina amasando para luego ir al horno, y en que los más pequeños contaban los días que faltaban para los Reyes Magos. Eso quienes ya tenemos años, porque los de ahora, todos los de ahora lo tienen de otra forma: las pastas se compran en el super o en una de las escasas panaderías que aún quedan, el árbol viene ya montado con las luces y todos, el belén parece más una serie de muñecos con trazos muy modernos, y la cena, esa que reunía y aún reúne a muchos... si no está ya la abuela... se encarga.

Que no estoy contra el progreso y la modernidad, que no es eso. Pero me gusta recordar el olor de mi casa en aquellos días, los gritos de mi madre que se pegaba unas palizas tremendas guisando, y el cansancio de mi padre reventado a trabajar y que todavía se ilusionaba poniendo luces a un maltrecho pino. Y si a esa coctelera le añades el pensamiento de que estábamos todos, que no faltaba nadie y que yo era una niña que creía en todo... pues eso.

Una vez más y desde hace tantos años que he olvidado cuál fue el primero, estaré sola, pero tampoco es algo que me importe demasiado; ya no. A todo terminas por acostumbrarte. Ni siquiera tengo el recurso, que posiblemente fuera incluso mal recurso, de agarrarme el recuerdo de alguna navidad feliz con alguien "especial"... porque -es ridículo, pero es así- nunca compartí ninguna navidad con alguna de mis parejas. Y es que ni siquiera con algo así te das cuenta en esos momentos que nunca eres lo más importante de alguien.

Pero dejemos atrás, aunque sólo sea mientras escribo, ese tipo de nieblas. Llega la navidad y aunque no todos tengamos zambomba y pandereta para celebrarla y ni siquiera recordemos villancicos... es tiempo de hacer las paces y de recuperar sonrisas. Y si como me pasa a mí no tienes a nadie, no te preocupes: para el paso, detiene el mundo... y mírate. Eres alguien que nunca te abandonará, y solamente por eso... ¡¡¡ Feliz Navidad !!!.



Seguir leyendo...

Gran Hermano 17 anoche

Anoche y a falta de otra cosa, vi la gala de Gran Hermano 17 la de la expulsión de alguien llamada Adara. Soy de la opinión de que las cadenas televisivas deben ofrecer de casi todo, incluído aquello que a mí personalmente no me gusta. Caso aparte es, por ejemplo, la pornografía que debe ir en un contexto distinto y en circuito más restringido y no abierto. Pero vamos a lo que vamos.

Dicen los del programa que anoche era ya la semifinal.

Salió expulsada una chica de 23 años llamada Adara que ya he visto en alguna que otra ocasión, y de la que tengo opinión formada. No voy a entrar en juicios de valor, así que sólo dire por aquello de situarla un poco que con esa edad ya ha viajado creo que a China para posar en unas fotos, que se ha echado -dentro del concurso- un novio de 20 que se considera el más guapo del mundo, y que todo su curriculum "en la casa de GH" ha sido la de llamar sinvergüenza a todo lo que se moviera sin que nadie de la jefatura del programa haya considerado que eso era un insulto; que haya llorado por todo como si se le hubiera muerto una piedra muy querida, y que se creía la reina del mambo y por tanto ganadora. Una chica que aplaude lo que le gusta como si fuera una niña de cinco años y que grita desaborlada cuando no está de acuerdo. Y tiene 23 añitos. Del "novio" ni hablo porque con lo verse uno guapo ya está todo dicho.

Yo no sé cómo se hace el casting de este tipo de programas, pero lo que está claro es que buscan lo mejorcito de cada casa, porque tanto entre los expulsados como los que aún quedan dentro... vaya panorama!.

Uno que cuando encuentra ligue, luego la deja tirada en cualquier descampado y se va. Otro que atropella a un perro y baja sólo a mirar si el coche se ha abollado. Otro que su fin en la vida es mirarse al espejo y ver lo bueno que está. Otro que dice haberse realizado quemando la peluca que llevaba. Uno más que lo único que sabe hacer es estar tirado todo el día: del sofá a la cama y a la inversa. Una que presume de choni y ahí se acaba todo. Añadimos una más que todo es santiguarse como si le fuera la vida, con todo y por todo. La de más allá que presume de lo muy que es como persona y a continuación te cuenta que tiene no sé cuántos hijos de padres distintos. Pero si sólo falta en este elenco la mujer barbuda y el fantasma de la ópera!!!.

Y encima te cuentan que son una representación variopinta de la juventud actual. ¿Y nos llaman perroflautas a los mayores?.

Seguir leyendo...

Peluca o no por el cáncer

Cuando me dijeron que tenía cáncer una de las cosas que prácticamente vino sola a preocuparme fue qué haría cuando me quedara sin pelo por la quimio. Los que leyeran mis posts en aquellos tiempos (mensajes que fueron borrados después), quizás recuerden mis dudas que expuse aquí mismo, e incluso que finalmente decidí que no me pondría pañuelo ni peluca ni nada. Me daba coraje casi verme obligada, por una sociedad que mira todo aquello que le suene a extraño, a tener que ocultar algo que ni yo había buscado, y a lo que hay que darle normalidad de una vez por todas.

Cierto que no es normal ver por la calle a mujeres sin pelo, calvas, y cierto también que la única vez que salí así a la calle (con una gorra, por si acaso, en el bolso) me agobié muchísimo, porque una no está acostumbrada a que el mundo, todo el mundo, te mire sin recato alguno. Porque esa es otra: te miran sin pudor, aunque quizás lo peor es ver los codazos entre sí. Llega incluso a la crueldad... aunque ellos no lo sepan.

La segunda vez que salí de esas guisas fue a mi patio a tender la ropa, y el ver a algunos vecinos llamándose entre sí y ocupar las balconadas como si yo fuera el paso de un Cristo. Ninguno tocó el timbre de mi casa a ver qué me pasaba o si necesitaba algo. Son cosas con las que aprendes a vivir, a la fuerza, pero lo aprendes.

La primera vez que ví, yo ya con el cáncer arrastras y caminando con la peluca que ocultaba el sentir miradas, a una mujer completamente calva era una chica joven y de metro ochenta de altura. Un bellezón que luego pensé seguramente era una modelo y creo que no me equivoqué. Me fijé en que la gente la miraba pero enseguida la olvidaban.

La segunda mujer que me encontré por la calle, calva, era ya mayor y tenía una de las miradas más tristes que he visto en mi vida. Fue en la zona donde vivo y en más de una ocasión he querido verla de nuevo aunque no la conozco de nada, pero no ha sido así. No sé qué ha sido de ella. Y cosas que pasan, también entonces me fijé en la mirada de la gente: lo hacían con aquellos codazos que me dolían tanto, sin recato y con descaro incluso... no como a la otra chica pero sí como a mí. A lo mejor y posiblemente sea una tontería lo que voy a decir, es que los viandantes pensaron lo que yo: que la primera era una modelo... y la segunda tenía cáncer y no merecía un poco de ternura en el gesto.

En estos días mi mente se dispara a tiempos que creía pasados, posiblemente porque no me encuentro bien; está durando demasiado todo ésto y tendré que tomar una decisión que no quiero pero por mucho que controles... no controlas. Y al ver la imagen sonriente de una presentadora de la televisión murciana, de 34 años la criatura, que ha vuelto al trabajo sin pelo... imágenes olvidadas han vuelto a ser presente.

No sé qué haría ahora... pero sí sé lo que no haría. Peluca, pañuelo o nada debería ser una normalidad dentro del drama que supone. A lo mejor algún día...

Si alguien quiere leer el enlace que hay más abajo, quizás entienda algo mejor, porque el texto es, aparte de real... tremendo.

Carta de una hermana.

Seguir leyendo...

Por menos se declaraba una guerra

Para empezar y en una especie de declaración oficial diré que no soy monárquica; tampoco, visto lo visto últimamente, tampoco soy republicana por lo que, resumiendo: sé lo que no soy.

Dicho lo anterior vamos a los asuntos que diría aquel. Resulta que el rey de España Felipe VI, Jefe del Estado por más señas, ha ido de viaje oficial a Portugal, y allí nuestros hermanos íberos le han invitado a lo que en nuestro país es el Congreso de los Diputados. El rey español ha dado su correspondiente discurso y al terminar sus señorías (o como se llamen en portugués) se han puesto en pie aplaudiendo al monarca. Como se verá, nada que no sea normal en cualquier país. Pero resulta que un grupo de más o menos treinta de esas señorías de izquierdas todos ellos se han puesto en pie y no han aplaudido e incluso algunos ni siquiera se han levantado de sus asientos.

Dicen los que saben de estas cosas, que el problema es que no "reconocen" a Felipe VI como autoridad oficial... porque no ha sido elegido democráticamente, y por tanto de ahí ese gesto de negación.

Vamos a ver hermanitos portugueses. En primer lugar si ha sido elegido o no mediante urnas no es un problema vuestro. De momento es un Jefe de un Estado que va en visita oficial, y por lo tanto invitado-aprobado por vuestro gobierno... legítimado.

En segundo lugar no creo que Portugal, debido a su historia, sea quien debe darnos clases de democracia; y si se me apura... el que esté limpio que tire la primera piedra... que en todas partes, en algún momento, han cocido habas.

En tercer lugar y mientras no se demuestre otra cosa (que naturalmente tienen que decir exclusivamente los españoles), Felipe VI es el representante oficial de España y solamente por ese hecho merece respeto. Lo que haya que hacer, si se decide hacerlo, se hará aquí y no necesitamos de gestos absurdos de fuera.

Por mucho menos y no hace tanto, se declaraba la guerra a un país, y no que esté de acuerdo con empezar a tortazos con nadie, pero sí estoy un pelín harta de que, y lo hacemos nosotros mismos, todo lo de aquí es miserable y lo de fuera maravilloso. Que algunos parecen tontos, por Dios.

Por si alguien se ha saltado el primer párrafo, insistiré en él: no defiendo nada salvo a mí (en ese punto estoy ahora mismo), pero ya está bien de algunas cosas. Hemos, y digo hemos por aquello de no señalar, votado dos veces lo que se ha votado en urnas y como si estuviéramos aburridos y sin nada que hacer ¿nos metemos con el Jefe del Estado?.

Es como cuando en tiempos de Franco se ponía mucho fútbol para que el personal estuviera entretenido y no pensara. ¿O es algo que pasa ahora?.

Seguir leyendo...