23 de mayo

Seis años ya. Parece mentira.

Aquel 23 de mayo había ido al Centro de Salud a que el médico me hiciera recetas para mi madre. Ya con la manilla de la puerta en la mano para irme, dije sin volverme "tengo un bulto en el pecho". Me di la vuelta y miré a mi doctora. Ya se había puesto de pie y también me miraba; muy seria me dijo que me quitara la blusa y que me tumbara en la mesa. Yo no sabía dónde colocar la mirada; ella rehuía la mía.

Empezó a palpar mis senos sin que yo le hubiera dicho ni siquiera cuál, dónde... algo. No creo en casi nada pero recuerdo que rezaba a algún dios para que no lo encontrara . De pronto se paró y me dijo "¿es ésto?". Casi no le pude contestar, asentí con la cabeza a punto de romperme. Me mandó al especialista por urgencias: me vio dos días después.

Hoy hace seis años de aquel "tengo un bulto..." Seis años ya. ¡Cuántas cosas han pasado desde entonces!. ¡Cuánto dolor y cuánto llanto!. ¡Cómo cambiamos cuando algo así ocurre!.

Seis años. Soy una niña todavía... Es raro saber que eres una superviviente. Es más raro aún recordar lo que pasó a partir de aquel día y cómo muchos, muy "sinceros", se quitaron la careta.

Felicidades a mí porque pude (tuve suerte) con algo con lo que muchos no pueden. Y aquí estoy, seis años después, para contarlo. Me voy a comer mi tarta de cumpleaños.
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El olivo más viejo y Ulldecona

Ulldecona es un pequeño pueblo de la provincia de Tarragona (España), y en estos días es noticia por una noticia que ya pululaba en las redes hace muchos años, pero que como siempre pasa, algunos se enteran ahora: que tiene -dicen- el olivo más antiguo de España. Pero como pasa últimamente quienes reseñan la "noticia" lo hacen refiriéndose al enclave como "Península", "Estado" y similares, evitando a toda costa referirse a España como tal. Tonterías que tienen algunos catalanes. Pero vamos a lo que vamos.

Este olivo tiene la friolera de 1700 años, con lo que si la medición es buena, se plantó en la Hispania romana. Creo que no hace falta decir que por aquel entonces Cataluña no era ni siquiera un pensamiento. Y es que a veces se riza el rizo del absurdo hasta límites insospechados que hacen hasta reir. Yo una vez tuve una pareja de esa zona, y concretamente de Ulldecona que cuando venía a Alicante decía que iba al extranjero. ¡¡¡Manda huevos!!!.

El caso, y dejando de lado lo del olivo (que también en el pueblo de mi amiga Virtu, zona del Montsiá) dicen que el más viejo es el suyo... y en Millana (Alicante) hay otro que tiene 2000 añazos), tuve hace años el infortunio de visitar Ulldecona, pueblo al que no pienso volver nunca. El infierno que pasé allí no hace que tenga precisamente un buen recuerdo del lugar, eso sin contar con que al menos en aquella época el lugar era justito justito por no decir escaso hasta la locura: dos calles, sin autobuses, sin taxis, sin teléfonos públicos (que entonces aún existían), y con una estación de tren en el pueblo de al lado con lo que si no tenías coche propio no había forma de salir de allí, y encima con un único banco que no admitía más tarjetas de crédito que las suyas. Lo dicho: para no volver. Todavía tengo escalofríos al recordar todo aquello. Y hablamos de hace poco más de diez años.

Posiblemente si algún día volviera a pasar por allí y en otras circunstancias, cambiaría mi perspectiva actual de Ulldecona, pero hoy por hoy y como no pienso pasar ni cerca siquiera... como alguien me pregunte le diré que rodee el sitio y ni entre, porque como siga igual de atrasado y se le rompa el coche, sabrá lo que es estar en una jaula de donde no sabes la forma de salir. Tremendo, fue tremendo.

Y lo dicho: en Millena hay un olivo con 2000 años... y que sí está en España... sin miedo a decirlo. Que hay mucho ignorante de la Historia.

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Qué hacer?

Lo he dicho siempre: cuando una persona deje de emocionarse con algunas cosas, cuando alguien pierda el interés por todo, cuando tengas la sensación de que todo da igual... cuando seas consciente de que el mundo se ha olvidado de tí... será señal de que has muerto y aún no lo sabes.

Y ese precisamente es el dilema: ¿qué hacer?... si es que realmente se puede hacer algo.

Abres la prensa, como siempre, y cualquier noticia, todas las noticias te dan igual incluso aquellas que hace poco te conmovían. Te das cuenta que no le importas a nadie; que si de pronto te desplomaras, nadie te echaría de menos. Que los pensamientos, los tuyos, son los únicos que caminan contigo mientras el resto del mundo se desvanece ante tu mirada. Que lo único que te impide dormir y no despertar son esos cuatro ojos que todos los días te miran como te miran. Que nada de lo vivido, de lo querido y amado ha valido la pena, y que la única compañía que nunca te abandonará eres tú... y hasta eso ha dejado de importarte.

Cuando los días son completamente planos por lo iguales, cuando tus plantas se mueren porque ni siquiera las riegas, cuando lo único que quieres es que el mundo, ese que vive sin tí, deje de doler... ¿qué hacer?.

Posiblemente nada salvo seguir vegetando porque eres tan cobarde que ni siquiera eres capaz de cerrar el libro.

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Marcando casillas en el IRPF

Son varias las ocasiones en que he leído lo de las casillas del IRPF (Impuesto de la Renta); esas casillas -creo que son dos- donde si marcas la de la iglesia católica les estás dando un 0,7% del montante total recaudado por Hacienda, y si marcas la de "fines sociales" se supone que ese mismo 0,7% es para ayudar a obras para el más necesitado, nuestro o de fuera. Hasta ahí lo que todos hemos entendido siempre.

Pues parece que no es así, y repito que lo he ido leyendo en distintos tiempos y sitios.

Últimamente y es algo que sí me ha llamado la atención, cuando se acerca el periodo de hacer la "declaración de la renta", todos hemos visto cómo, en este último año, la iglesia católica en sus televisivos anuncios, había ampliado la "oferta", invitando a los españoles a marcar no sólo su casilla si no también la de fines sociales. Y precisamente por ese llamar mi atención, busqué para ver en qué estaba basado ese cambio de planteamiento, porque no tiene mucho sentido que empujaran al españolito de a pie a marcar las dos casillas cuando lo lógico es que quieran que sea la suya y ninguna más.

Y resulta que explicación a ese hecho hay... como siempre que se busca.

Como ya he dicho, si marcas la casilla de la iglesia católica, ésta recibirá, cuando Hacienda haga el recuento de lo cobrado, ese 0,7% del total. Tú no pagas más; simplemente Hacienda da a dicha iglesia 250 millones de euros anuales por esa casilla marcada. No es broma: 250 millones de euros... más 9.000 millones vía Presupuestos Generales del Estado. Lo diré más resumido por si alguien se ha liado: la iglesia católica recibe anualmente casi doce mil millones de euros vía Estado, entre lo que se le da a fondo perdido y lo de la Renta. Eso sin olvidar que no paga ningún tipo de impuesto: ni por sociedades, ni por patrimonio, ni por IBI... ni hace mantenimiento de sus edificios e iglesias...

Pero es que además, y repito que la información viene desde puntos distintos, si se marca la casilla de "fines benéficos"... también recibe ese 0,7% porque se considera que la iglesia católica "hace un bien social". Resumamos de nuevo: cobra un 0,7% por marcar su casilla y otro 0,7% por marcar la de "fines sociales". ¿A que ahora sí se entiende por qué insisten en sus anuncios que se marquen las dos?. No es que quieran repartir, es que quieren duplicar.

Dicen que actualmente España es un país laico, que no tiene una religión predeterminada por el Estado. ¿De verdad?.

No comparto lo que dicen algunos de que también deberían estar en ese reparto del dinero público, otras iglesias. Creo que la solución es sencillamente que no haya ninguna casilla y que se suprima ese "a fondo perdido" de los Presupuestos Generales del Estado. Así de simple.

La mafia, a veces, no es solamente "la cossa nostra".

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Tocado y hundido

Pues sí: tocado y hundido como cualquier Titanic que se precie está mi presupuesto mensual. Y es que este mes de mayo, mes florido, mes de María (no la vecina, si no la Vírgen) es de los de echarse a temblar.

La semana pasada y ya pagados casi todos los recibos-facturas (esos que llegan fijos a primeros de cada mes: luz, agua, etc.,) y por aquello de ver si se ha producido un milagro (recibir una herencia inesperada, tocar la lotería sin que juegues...) he hecho cuentas. Repito: la semana pasada.

Tenía la brillante y gloriosa cifra de 15 euros para pasar el mes.

Y es que como he dicho, lo de mayo es para acostarse, taparse cabeza y todo y no levantarse hasta que llegue junio. Que si el IBI, que si comprar piensos para Plasty y Tara (que es un mes sí y otro no... y tocaba ya), que si la vacuna del mosquito de Tara (que aunque muchos crean que se puede suprimir o aplazar... no es así porque te la juegas), el presupuesto se me ha ido tan al fondo que ni con rastreadores marinos lo encuentro.

No bromeo: 15 euros tenía para derrochar la semana pasada. Y lo tremendo es que en parte por los dolores de cabeza y en parte por el susodicho, ando metida en casa como si de un búnker atacado se tratara (sin salir), porque si salgo seguro que me los gasto. Esta mañana incluso me he puesto yo a tantear los botes-frascos de la lejía, el detergente de fregar platos y demás cosillas por el estilo, calculando lo que queda para que llegue hasta el próximo cobro. Y encima tienes que leer por ahí fuera que los pensionistas nadamos en la abundancia, ¿abundancia de qué, gilipichis?. Que todavía ando yo pensando en qué me he gastado el extra de 1,40 que aumentaron a primeros de año, que pensaba hacer una fiesta (individual) para celebrarlo.

Porque esa es otra: hay veces que incluso miro y levanto el teléfono por aquello de que igual se ha roto y no me he enterado. Pero no; funciona que escucho el piiiiiiiii. La cosa es que no llaman ni los de Ono para ofrecerme algo maravilloso y sin lo que no sé cómo he podido vivir. Al final aprenderé a hablar todo el rato conmigo misma y luego se quejarán de que me he convertido en una ermitaña huraña y egoista. Y es que todo, absolutamente todo tiene siempre un por qué.

El caso es que aún tengo los 15 euros, que de vez en cuando los miro y todo por ver si han aumentado por aquello de estar todo el tiempo juntitos. Y no es que ya no me estén haciendo falta cosas que se han ido terminando, si no que como no llega para todo... hago una lista, calculo precios, la tiro... hago otra más reducida, tampoco llega, la tiro también... y así de contínuo porque si me los gasto... ¿después qué hasta final de mes?. Qué dilema, Dios qué dilema!. Es un vivir sin vivir (mira que cuando me sale la vena dramática soy como la Nuria Espert en Medea).

Pues nada, que soy capaz (que me conozco) de llegar al 25 con los 15. Y es que si me empeño lo consigo. Cabezota que es una.

¿Que cómo se pueden vivir 20 días con 15 euros?. Fácil: no teniendo más.

Mi Tara estaba mirándome porque sin darme cuenta y al tiempo que escribía, lo decía en voz alta. ¿Qué pensará de su ama esta criatura?. Mejor no se lo pregunto.

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Becarios sin sueldo

Mucho se está hablando estos días sobre si los becarios de la alta cocina española deberían cobrar o no un sueldo. A tenor de ello he estado leyendo en varios sitios por aquello de formar una opinión al respecto, y no es que lo tenga muy claro pero sí hay cosas que, utilizando el sentido común y algo de información, se pueden llegar a tener claras.

Hay restaurantes, repito que de los llamados de alta cocina y con estrellas Michelín, que llegan incluso a tener la mitad del número de cocineros en formato becarios; es decir: mitad asalariados y mitad gratis. Hay quien considera que esto es explotación y que debería perseguirse. Pero claro, hay matices.

No estoy defendiendo el trabajar gratis, pero sí he llegado a entender que este tipo de becarios son distintos a cualquier otro de los que los mortales tengamos hecha una idea. Suelen ser (los becarios) personas que han terminado sus estudios de Cocina y requieren de unas prácticas, de una experiencia y sobre todo de un curriculum. Porque no es lo mismo mostrar que has trabajado en el bar Pepe, que decir, por ejemplo (demostrándolo) que has estado en la cocina de los hermanos Roca o de Arzak; no nos engañemos: no es lo mismo. Y estos chavales saben perfectamente a lo que van: a reunir un prestigio... y a trabajar gratis, por un mísero alojamiento y un montón de horas en la cocina. No van a ciegas y a los pobres se les tiene encadenados, no; se pueden marchar cuando quieran.

¿Que no está bien que no cobren un salario por su trabajo?. Depende, porque por esa misma regla de tres y en el supuesto de que tuvieran un sueldo, también sería justo que pagaran por el aprendizaje que van a tener... que no es cualquier cosa.

Porque tampoco hay que olvidar que esa alta cocina, y en concreto la española, tiene un status y, por qué no decirlo, una prepotencia que les hace incluso considerar sus platos por encima de los de cualquier otro mortal. Esta misma noche en un programa de televisión como es "Top Chef" de Antena 3, cualquiera que lo haya visto habrá escuchado a uno de los finalistas para la gran final, decir que su contrincante, una mujer por más señas... no sabe cocinar... y encima añadir de forma cansina y que a mí personalmente ya me tiene harta, en todos los programas, que él cocina mejor que nadie y que merece ganar... porque tiene una estrella Michelín. Como si ello fuera motivo suficiente. Es lo que decía antes: la prepotencia de considerarse por encima del resto.

Resumiendo: personalmente no apoyo en absoluto que un becario trabaje sin recibir compensación económica alguna pero en el caso que nos ocupa, creo que las cosas son de otro modo, porque lo que funciona es el "yo he trabajado para fulanito"... y eso hay que pagarlo.

Por cierto que también he estado mirando los precios más económicos de los menús degustación de estos restaurantes: alrededor de 200 euros por persona. Mejor me callo.

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Cuando todo se desproporciona

No es que ahora todo sea más, no. Es simplemente que ahora todo se ve y se sabe.

Parece que haya una especie de guerrillas de todos contra cada uno. Los adultos contra los jóvenes; los jóvenes contra los viejos; los viejos contra el mundo. No, no es así. Las diferencias generacionales han existido siempre sobre todo entre los de mediana edad (padres) y los que creen saberlo todo (jóvenes). Quizás, y digo quizás, la única diferencia o una de ellas es que antes, no hace tanto por cierto, había algo llamado "respeto" que eso sí parece se ha perdido.

¿Respeto a qué?. A todo, sencillamente a todo.

Ayer, en un programa de televisión un concursante, al reprochársele su poca eficiencia, contestó tan pancho él que sería seguramente porque tendría la regla. Se presupone que quiso hacer una gracia, pero lo cierto es que sonó a mal gusto lo mires por donde lo mires, sobre todo si antes y después habías estado escuchando al mismo sujeto despreciar las ideas/sugerencias de una compañera de 22 años... porque no sabe nada de la vida... y eso es lo más suave que dijo. Hombre, que tú tampoco te has doctorado mucho por lo que se ve. Cierto que estoy hasta aquí -pero hasta aquí- de comentarios, en otros sitios y lugares, de jovenzuelos de 19 añazos llamando viejos a otros de 29 o de 38, pero se supone que los de 46 (que son los que tiene el quiero y no puedo) ya tienen la mente formada. Y lo de la regla para colgárselo al susodicho cuando tenga días de pitopausia.

Que sí, que hay elementos de cuidado por las calles y sin atar. Que no seré yo quien lo discuta. Que no es cuestión de feminismo o no; que no va de eso la cosa (qué manía tienen algunos de poner etiquetas a todo), pero cuando un comentario, sea hombre o mujer, roza el machismo pues es lo que es. Y no por ello se es. Igual no se me entiende: yo puedo hacer un comentario puntual que radique en algo y no por ello ser lo que no soy. Lo diré más claro a riesgo de que se me entienda todavía menos: yo puedo no estar de acuerdo, por ejemplo, con que se saque a Franco de donde está (Valle de los Caídos)... y no por ello ser fascista por narices... aunque a algunos se lo parezca; pero claro si digo cosas de ese estilo continuamente... a lo mejor resulta que sí lo soy (fascista) pero yo aún no me he enterado. Resumiendo: que el de la regla y ante su posterior disculpa (que yo no me creí). puede que simplemente haya sido un comentario puntual desafortunado si fuera eso, puntual, pero como no ha sido ni el primero ni el segundo... a lo mejor es que él no se ha enterado de que es un machista...

Total que volvemos al principio: que no hay ninguna guerra, al menos oficial, entre mayores y menores. Es simplemente que ahora la cosa se ve más. Pero reitero lo dicho al principio: lo que sí existe es una pérdida total o casi de respeto hacia lo distinto, hacia lo diferente... hacia lo que no se es: si tú tienes 40 y yo 20... lo mío es lo bueno; lo tuyo una desgracia. Pero como digo siempre: eso también se pasa con el tiempo...

Pero también es verdad que a veces te dan ganas de hacer palmas, muchas palmas... con la cabeza de alguien enmedio.

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La prepotencia de la alta cocina

Hace unos días he recuperado el ver en televisión un canal de cocina que es todo recetas, canal que dejé de lado hace casi un año, harta de ver capítulos repetidos; el otro día me "tropecé" con dicho canal y viendo que han renovado... pues eso: que he vuelto como el turrón en Navidad.

Por mucho que sepas de cocina (que no es mi caso), siempre aprendes, pero hay cosas... hay cosas...

El otro día un cocinero de los considerados de élite hizo su programa contando a quienes le veíamos que iba a enseñarnos a cocinar... ahorrando. De inmediato surgió la sonrisa (la mía), en plan más cínica que otra cosa, y con la curiosidad a cuestas me dispuse a ver cómo, un cocinero de la alta cocina, nos enseña a los simples mortales a ahorrar. Lo que hay que ver a veces.

Y la cosa fue no para sonreír, si no para reír a carcajadas. El plato que cocinó era, entre otros ingredientes, con cigalas y vieiras. ¡¡¡Toma ya!!!. Eso es ahorro y lo demás tonterías. Pero es que al día siguiente otro cocinero, también prestigioso, hizo unos espaguettis... con hueva de pescado (hueva de atún); por si alguien no sabe de qué hablo, va fotito más abajo, pero vamos que barata, lo que se dice barata no es precisamente. Es como aquellos que se empeñan en hacer un arroz con cosas de primer plato, y una carne o pescado con su guarnición y todo, de segundo; yo no sé cómo cocina el resto del mundo, pero si yo hago una paella o unos macarrones... es un primero, un segundo y no el postre pero casi. Dicho de otra forma: que es plato único, vamos. Que no digo yo que no haya dos platos en una comida, pero algo más suaves ¿no?.

Pero a lo que yo me refería es que cocineros que van de lo que van (allá cada cual con su profesión), que ponen platos en la mesa que ni se ve lo que han cocinado, y que imagino tirarán productos que mejor no pensarlo, vengan a enseñar al personal cómo ahorrar en la cocina, tiene su punto. Es como alguno, que también los hay, rectifican a una señora (o señor) ya de una edad sobre cómo hacer tal o cual cosa; hombre, que esas mujeres han cocinado cuando no había nada y a familias numerosas generalmente y querer enseñarles algo me parece cuando menos de una prepotencia...

Ya lo he contado en alguna ocasión: yo aprendí a cocinar hace pocos años y porque la vida me obligó... pero he aprendido latín, sobre todo a la hora de aprovechar y en un tiempo que no es que no llegaba a fin de mes... es que no llegaba ni a primeros... Y aún así sé que me queda muchísimo por aprender, pero a lo mejor no de esos cocineros que utilizan el salmón o las ostras como nosotros la carne de guisar o los boquerones... cuando se pueden comprar, sobre todo los segundos.

Pues nada, que con el aceite virgen extra (que es por cierto el más caro del mercado), un arroz con vieiras y cigalas de primero, y una lubina con espárragos blancos naturales y algo más que no recuerdo de segundo, seguro que ahorramos una jartá.

Para terminar algo que acabo de escuchar ahora mismo a otro cocinero: comentando sobre también el arroz y la alegría de compartirlo con amigos y familia (???), ha añadido... porque no hay nadie que se haga una paellita para él solo... Sí señor, eso es vivir en el mundo real.



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Cuando decides romper la baraja

Creo que alguna vez ya ha hablado sobre ello, pero es que cada vez lo compruebo más en las gentes, allegados o no... y cada vez también me siento más harta, más cansada de comprobarlo.

En las relaciones interpersonales, aderezadas o no con ser familias, amigos o simples conocidos, siempre ocurre lo mismo. Mientras eres tú quien cede, quien baja la mirada, quien cuando se produce una discusión o simplemente una diferencia de opiniones, todo seguirá caminando hacia adelante: la familia seguirá siendo familia, los amigos amigos, y los conocidos la amabilidad personificada. Y mientras tanto sin que ello parezca importar a nadie más que a que a tí... el tarro se va llenando.

Tú = Hace ya días que no me encuentro bien

Los demás = Ay, yo llevo también tiempo que me duele aquí detrás y tengo que ir al médico.


Tú = Ufff, se me comen los nervios por los pies... en una semana tengo una revisión por lo del cáncer.

Los demás = Ay, chica, es que te obsesionas!. Piensa en otras cosas. Total no vas a poder solucionar nada. Mira, mi vecina la del cuarto tuvo lo mismo que tú y está tan ricamente.


Y cosas mucho más graves y dolorosas personalmente, que no me apetece ahora mismo contar aquí.

Y te vas callando, no contestas por aquello de no fastidiar al prójimo. E incluso perdonas lo que no sabes ni cómo has podido hacerlo... o porque siempre te puede el cariño. O casi siempre, porque muchos dan las cosas por hecho y por sabidas.

Pero llega un día que estallas. Has ido llenando el tarro con paciencia, con mucho tragar, con demasiado callar... con más disculpar... pero como el único recato es el tuyo... hay un momento en que todo se desborda y ese día, sin grandes aspavientos pero sabiendo que no consentirás que nadie te baje del burro... dices con una claridad espartana lo que te está molestando. No montas el chiringuito con el "¿te acuerdas cuando me dijiste...", porque eso no viene a cuento ahora, si no que te limitas al hecho de este minuto, de este segundo, que te ha hecho saltar.

Primera reacción del contrario: hacerte sentir tonta, primero porque no "entiende" por qué te estás poniendo como te pones. (Claro, no te sueles poner nunca así).

Segunda reacción del contrario: enfadarse. Sin más. Se indigna, se solivianta, y se da la vuelta alejándose en plan diva de la escena. Una ridiculez más.

Es decir, en vez de sentir empatía hacia tí, de hablar tratando de ver qué te pasa y sobre todo poniendo la voluntad de solucionarlo... deja de hablarte como la gran ofendida del mundo mundial. ¡¡¡Pero si eras tú la que no has podido más, jajajajaja!!!.

Y de esos colores hace años que tengo muchos trajes. Y lo peor es que según esos trajes, la culpa siempre es de los demás.

El otro día me encontré con una conocida de esas que ves de vez en cuando pero que conoces de toda la vida. Y estuvimos hablando. Ella es mucho más joven que yo, pero es sorprendente lo que coincidimos cuando hablamos. Y me contaba que se ha habituado tanto a vivir sola (ha tenido algunas parejas que no han salido bien), que ahora no sabría vivir con alguien; es más: no le apetece compartir su vida con nadie. Eso mismo me está pasando a mí: no me apetece en absoluto tener a nadie en mi casa; incluso cuando me cruzo con alguien a quien conozco, procuro ser breve y "tener prisa". Dicen que cuando más observar a la gente... más quieres a tus animales... creo que yo estoy en ese punto. Hasta la televisión empieza a aburrirme. Hasta los blogs...hasta internet...


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