Durante años siempre creí que los tomates eran una verdura. Luego supe que no, que eran considerados una fruta. Por lo tanto y por si alguien desconoce este hecho (como me pasó a mí), lo coloco en dos categorías (frutas y verduras) para que sea más sencillo de encontrar.
Hacemos un corte en forma de cruz con un cuchillo, pero sin profundizar en la piel a cada tomate.
Los introducimos después en una cazuela con agua hirviendo, pero meter-sacar. Los sacamos. Si no queremos que se nos ablanden, nada más sacarlos los ponemos bajo el agua fría del grifo.
Donde hemos hecho antes la cruz, se habrá levantado la piel; tirando de ella saldrá toda con suma facilidad.
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