Mi Tara

Ya sé que este tipo de cosas no importan a nadie, salvo que le afecten a uno. Al menos a la inmensa mayoría. Pero me da igual. Este es un blog personal.

Tara, mi perrita shih-tzu, de diez años y medio lleva desde ayer malucha, y como esta mañana la cosa no había mejorado, he llamado al veterinario para pedirle cita... urgente. Después en un momento dado la he cogido en brazos... y he notado un bulto donde no debía estar. Ni qué decir el susto que me he llevado, pero como ya había llamado al veterinario y me había dado cita para esta misma tarde, no podía hacer nada más que esperar.

Acabamos de volver las dos. Tiene un quiste, y para saber qué es, hay que operarla y quitárselo. El veterinario quería que la llevara mañana viernes, pero he decidido esperar al lunes por aquello de tener la semana por delante y no encontrarme con que le pase algo y sea en fin de semana. Por si acaso.

Tengo reunión de la comunidad de vecinos en apenas una hora... y no tengo más que ganas de llorar. Y a todo eso mi gato lleva enfermo meses... pero ese estoy casi segura de lo que tiene... y no es bueno.

Y yo me las prometía felices estas navidades.

Y sí, lo estoy contando aquí... porque no tengo a quién contárselo.

Maldita sea la vida.
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Leer o no leer

Que a uno a quien presupongo periodista le de por poner en un medio de comunicación una encuesta no es algo tan raro, pero que dicha encuesta consista en preguntarle al personal cuál es el libro histórico que más le ha gustado en el 2017 ya es otro cantar.

Porque claro: no ha respondido ni el tato, y eso que el hombre había, supongo que por aquello de ayudar, puesto una lista de treinta libros, incluso con última línea incluida de "Otros", por si el tuyo no estaba listado.

Pues ni con esas. Y todo tiene una razón más que lógica: para votar algo así lo primero que hay que hacer es haber leído varios libros históricos, y no solamente uno. Pero es que ni eso, porque el personal, sobre todo el joven e incluso el de mediana edad, sabe lo que es un libro porque lo ve en las películas. Y no me refiero a la vagancia de coger uno de papel, no; ni siquiera los de formato digital.

Los sujetos que componen "el personal" no lee, pero no lee nada de nada de nada, salvo los titulares de la prensa digital por aquello de "estar informados", porque luego cuando lees la mayoría de sus comentarios te encuentran porque la letra mediana, que es la de los semi-titulares, ya es mucho trabajo y pasan de saber lo que dice. Los titulares y a veces ni los terminan. Eso sí: saben de todo, como Dios.

Así es que la votación sigue sin resultados... y lo que le queda, aunque siempre habrá el listo de turno que marcará alguno por aquello de sacar pecho, porque no nos engañemos, este país es culto hasta decir basta: todo dios se ha leído el Quijote y no digamos a Pérez Reverte. ¡¡¡Faltaría más!!!.


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Más humanos que los humanos




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Las peores Navidades de mi vida

He tenido algunas realmente malas, como el resto de los mortales. Entre ellas... la última de mi padre, cuando todos, incluido él, sabíamos que se moría; la primera que pasé con mi madre ya encamada por el alzheimer y en mi casa.

Pero quizás la peor de todas sobre todo a título personal fue la de hace seis años, la del 2011, con mi pareja huyendo de mi cáncer como si le fuera la vida, con mi madre en una residencia pública contra mi voluntad, y con una quimio que me estaba matando sin ninguna exageración. Esperé, y no tengo por qué mentir, hasta el último minuto de aquella Nochebuena que alguien, dándose cuenta de que estaba más sola que nunca, me llamara y dijera (ven... o voy). Nadie lo hizo. Llamaron, eso sí para desear "feliz navidad" unos, y otros simplemente siguieron desaparecidos.Esos días, esa noche, supe con toda crudeza lo que era la soledad más tremenda. Me he sentido sola otras veces, porque nunca como aquella Nochebuena. Luego te encalleces.

Es curioso, pero nunca he pasado una Nochebuena con alguien aparte de mis padres. Nocheviejas sí... pero las Nochebuenas se terminaron en cierto modo cuando mi padre murió, y nunca, incluso teniendo pareja o "mejores amigas" han sido acompañada salvo con mi madre cuando aún estaba bien... pero es fácil imaginar lo que era aquello entonces.

Y lo estoy contando con la distancia de los años y sobre todo el endurecimiento de muchas cosas, por lo que ya no duele. Pero tampoco se olvida, sobre todo cuando muchos se empeñan en que "nadie esté solo"... los otros claro, no los tuyos.

Recuerdo que los días de Navidad, creo que era el segundo (el 26) mi casa se llenaba de primos y novios de primos. Aquello se fue sucediendo hasta que mi madre, un año, se negó a seguir "llevándose la paliza" de tener que hacer de comer para tantos, con el enorme gasto que ello conllevaba, y en cierto modo enfadada porque nadie siquiera tenía "un detalle": ni traían un regalo para ella, y ni siquiera llegaban un rato antes para ayudarla. Simplemente aparecían a la hora de comer... y comían. Mi padre tuvo que darle la razón, y ese año se acabaron las comidas de navidad... y el "hola tía".

Recuerdo también que aquella primera nochebuena, tan sola y tan queriendo morirme, intenté hacerme algo para cenar; ni siquiera especial si no simplemente algo. Por aquel entonces la quimio hacía que todo supiera metálico, que dolieran las encías... que te dolieran literalmente hasta los dedos de los pies (se te caen las uñas), y las ganas eran nulas para todo. Y estaba lo que ya he dicho: cada vez que esa tarde sonaba el teléfono, la esperanza de que alguien dijera "ven--- o voy". Pero simplemente escuché "feliz nochebuena", como si no pasara nada, como si todo en mi casa fuera normal...

Hoy la cosa no ha cambiado... salvo en mí. Sigo estando sola pero como he dicho antes: te encalleces. Ya da igual. Este año y a pesar del problema que tengo para comer (no tengo dientes, jajajaja), he tirado la casa por la ventana y me he comprado un par de cosas con la que notar que es Navidad. A mi manera lo pienso celebrar. No sé cuál es el futuro y no pienso pensar en él; sólo sé que es mi primera navidad después de muchos años de tristeza, que estoy curada de mi cáncer (con las reservas propias de saber lo que es un cáncer), que a quienes no estuvieron entonces no les quiero en mi vida de ahora pero que he ganado en cuanto a que no les guardo rencor ya: simplemente hay desprecio por su nula catadura humana.

Este año habrá polvorones en mi mesa. Feliz Navidad a la buena gente.

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Pero de qué narices hablan? (La manada)

Estoy escuchando (y viendo) en televisión, en directo, al abogado de los llamados "La manada", esos cinco asquerosos que violaron a una chica en el pasado San Fermín, en Pamplona.

Vamos a ver, y no olvidando que están siendo juzgados y pendientes ahora mismo de condena... o no.

Que se dude, como se está haciendo en redes y en algunos círculos, de la joven... que se esté "cuestionando" qué vida llevaba antes e incluso después... que se desmenuce hasta límites inverosímiles lo que ha dicho en el juicio e incluso sus silencios... da la impresión, como ciudadana de a pie, que a quien se está juzgando es a esa chica y no a los cinco animales... presuntamente animales, claro.

Que en unas fiestas, sean las que fueren, y donde cualquier persona sabe que se bebe más de la cuenta (y no digamos en San Fermín, donde además la "diversión" es esa: beber), el que cinco hombres, hechos y derechos, con más de veinte años todos e incluso rozando la treintena, violen a una chica de 18, por muy liberal que se sea a esa edad, haciéndole toda clase de vejaciones aparte de la propia violación por todos ellos, parece, escuchando al abogado de los cinco, que quien tiene que justificar, demostrar y hacer valer su relato... es la mujer. Porque escuchar que esos cinco son "buenas personas", "buenos hijos", "maravillosas personas", a mí al menos me revuelve cosas...

Y para mayor "inri" enterarse que uno de los de "la manada", en un vis a vis en la cárcel tuvo relaciones sexuales con su novia, y que ésta ha tenido recientemente un hijo... con todo mi respeto... qué tragaderas tiene la novia!. Porque tú puedes creer en la inocencia de tu novio, pero también le conoces, y sobre todo cuando no es la primera violación en la que interviene... en fin, luego pasan las cosas que pasan con el maltrato.

De verdad, no conozco a la chica violada ni a esos cinco sujetos, pero visto lo visto y leído lo leído, una mujer que ha pasado por algo así (y no digamos con cinco...) no puede ser juzgada de esa forma. Es la víctima por Dios, es la víctima.

Y vuelvo a decir que creo en la presunción de inocencia, pero es que es inconcebible que todavía se ponga en duda a la mujer (si iba bebida, si dio pie, si dijo o dejó de decir... si llevaba la falda o el escote muy corto... si miró de tal o cual manera... si debía saber que ir por una calle oscura llevaba un riesgo...). Ya está bien. Que el ser mujer no es sinónimo de decir siempre la verdad, cierto, pero hay cosas sobre las que precisamente una mujer no mentiría nunca.

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Manuel Marín, un gran hombre

Si en algún momento he sentido asco y desprecio por una parte de mi país, es ahora. Y todo gracias a esos imbéciles de turno que se dedican a hacer comentarios con cualquier nick, desprestigiando a personas que ni saben quiénes son pero eso sí, hablando como loros. Y lo digo precisamente porque ante la noticia de Manuel Marín los comentarios de esa gentuza anónima han provocado en mí lo dicho en la primera línea.

Manuel Marín González fue un gran hombre en cuanto a político. No voy a entrar a reseñar su vida porque para eso existen otras páginas en Internet, algunas de ellas con nula fortuna e información. En este caso concreto voy a recurrir a mi memoria personal, algo que posiblemente sólo compartiré con los más mayores.

Recuerdo con absoluta admiración a Manuel Marín en aquella sesión de negociación con la Unión Europea, donde se convenía en cómo y de qué forma iba a entrar España en Europa. Aquella tremenda y maratoniana sesión de horas y horas, donde Marín era el jefe de la delegación española y donde en un momento dado todos los españoles de la época pudimos verle sentado en una silla, con los pies en alto y los ojos cerrados, completamente agotado (ver foto más abajo).

Y ni qué decir, algo muy gráfico también, cuando fue Presidente del Congreso de los Diputados, poniendo orden sin alterarse nunca, a una Cámara que ni sabía comportarse en sesiones. Y siempre sin perder la presencia, ni el tono ni la compostura, pero con toda la autoridad de su cargo.

Entonces, como la mayoría de nosotros, yo no sabía nada de política ni de cómo funcionaba todo ésto. Tampoco había corrupción, algo que habría que recordar, y que a pesar de los inmensos problemas que tenía este país (restos importantes del franquismo, ETA, Grapo, Fuerza Nueva...) y de la enorme ilusión de poner un nuevo país en marcha, hubo una figura, siempre en segundo lugar ante el gran público, de un hombre joven y con excelente presencia, que parecía mover hilos que no entendíamos. Un hombre que nunca apareció como "primer espada" pero al que España, como siempre, le debe una enorme gratitud a la que siempre llegamos tarde.

Hoy se le achacaba, cómo no, que era actualmente presidente de Iberdrola. ¿Y qué?. Lo dicho en mi primera línea.

Hoy ha muerto Manuel Marín, un gran político; un cáncer de pulmón se lo ha llevado. Tenía 68 años y había nacido en Ciudad Real (España). Un enorme europeísta. Un luchador por mejorar su país.

Curiosidad: 32 años entre las dos fotografías de más abajo... y salvo el cabello canoso... apenas había cambiado.


En 1985


En la actualidad


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Bajar las pensiones

Me hace gracia, pero mucha además, cuando los inteligentes de esta país llamado España se dedican a colocar comentarios en blogs, foros y demás redes sociales, dando con la solución (que nadie más que ellos ve) a cualquier problema que se precie.

Es como cuando, noticia de hoy mismo, se dice que el gobierno ha agotado el dinero que había para pagar pensiones, cogiendo ahora el resto que quedaba para pagar las correspondientes más la paga extra de diciembre 2017. Y como caracoles cuando llueve, salen los listos de turno sabiendo lo que hay que hacer ante el derroche de pagar a jubilados que no sirven para nada y encima cobran una millonada.

He llegado a leer hasta que habría que ponerlos en fila y fusilarlos (por aquello de quitar un lastre al resto del país), pero esos son exagerados; lo más normal es recurrir al consabido "quitémosles las pensiones" y que se las apañen. Olvidan, faltaría más, qué sería de esos que endosan a los niños a sus abuelos, o que van a comer todos los domingos por aquello de ahorrarse algo, o que sencillamente comen... teniendo la edad que tienen... a costa de los padres ya mayores. Es como si las obligaciones de los padres y abuelos siguieran vigentes en todo su esplendor... y ellos, los que tanto saben y abusan, estuvieran exentos de todo.

Yo entiendo que a algunos que tienen una cebolleta por cabeza y la nada por interior en ella, les toca mucho las narices (por no decir otra cosa) que algunos cobren/cobremos una pensión, olvidando que para conseguirla hemos trabajado antes 40 años. Cierto que algunos de esos pensionistas (invalideces varias) cobran sin haber cotizado ni un puñetero día de su vida (yo conocí a una), pero ese es otro tema en el que no voy a entrar. O por ejemplo que cuando mi madre cobraba su pensión (de viuda, naturalmente), cobraba y de esto hace años, más que yo ahora que he trabajado desde los 17 años. No es comprensible.

Pero la mayoría de los jubilados se han ganado a pulso lo que cobran, y además no todos los pensionistas cobran una fortuna... porque no todos somos parlamentarios.

Por cierto, y ya que han salido, a ver si en vez de tanta tontería, a alguien se le ocurre protestar porque a los diputados y senadores se les pague una desorbitada pensión (véase por aquello de estar vigente a Puigdemont) por apenas once años de cotización... y encima son altos directivos de empresas varias. Porque por ahí sí que se nos va un chorro de dinero.

A estos inútiles cuya única faena diaria suele ser la de protestar por todos lados y de todo, yo les daría 500 euros al mes, por ejemplo, para vivir. Pero para vivir de verdad, sin más ingresos, ni ayudas, ni padres, ni abuelos. Y tampoco un mes, si no un año o más, a ver qué decían entonces.

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