Decepción

Cuando ya tienes unos años, crees haber pasado por casi todo, pero no es así. Amoríos que quedan en nada, amores que parecen eternos, amistades para toda la vida... pero luego la vida te enseña que hace lo que le da la gana contigo. 

Desde niña y no recuerdo bien por qué, siempre he tenido la convicción de que todo el mundo tiene una caducidad: la familia porque va falleciendo... y los amigos/amigas porque un buen día dejan de serlo. 

Lo que no esperas, sobre todo cuando pasas a ser mayor por edad, es que llegado el momento, no te des cuenta que la única persona que no te abandonará jamás eres tú misma. Y vuelves a confiar en personas ajenas a ti.

La decepción es unos de los sentimientos más poderosos que hay, porque te hunde en un pozo sin fondo que no te esperabas encontrar. No tiene nada que ver con la depresión; es otra cosa. Es una sensación de vacío que no aciertas a comprender y del que no sabes cómo salir. Te preguntas cómo empezó, qué pasó... para que una persona que era tu amiga, y casi tu amiga del alma, de pronto se convierta en una extraña a la que le importas nada.

Un buen día, un día cualquiera, notas que pasa algo pero no sabes el qué. El tono de voz es distinto, hay prisas que antes no había, excusas sin sentido... Pasan los días y más de lo mismo y de pronto cualquier cosa que digas o no digas, hagas o no hagas, hace que todo explota mientras tú intentas comprender qué ha pasado. Tu amiga ha cambiado con relación a tí, y algo frío lo envuelve todo. Da igual que sin saber qué camino pisas, todo se va a pique hasta que esa amistad que creías tener, se esfuma. 

Y ya el colmo es cuando por necesidad urgente de un imprevisto le sugieres la posibilidad de que pueda ayudarte, y es como si apretaras el botón rojo de la destrucción. Si antes había alejamiento, ahora hay ausencia.

Con la experiencia que da la vida, puedo decir sin demasiado temor a equivocarme, que la decepción es uno de los sentimientos más terribles que existen, porque lo que queda es desolador. Te han mentido, estafado, engañado porque el de enfrente no era como tú creías que era. Y no sabes con qué llenar tanto vacío.

Quizás otro día o nunca cuente lo que es la decepción cuando alguien a quien también crees tu amiga, resulta que sólo acudía por tu dinero, ese dinero que le hacía falta, y que tú sin tenerlo y quitándolo de otras cosas importantes, le dabas para ayudarla. Y que cuando le dices que no puedes darle más, simplemente  y te olvida como si nunca hubieras existido. 

Sea cual fuere la historia, el sentimiento es el mismo: una inmensa y desoladora decepción... que se suavizará con el tiempo, pero que jamás se olvidará y mucho menos perdonará. Y no por rencor, si no porque esa decepción se ha llevado parte de tí.


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